Leer a Derrida

Para LA GACETA - Tucumán

14 Noviembre 2004
Aunque le importaba que la deconstrucción no se transformara en una metodología sujeta a fórmulas eficaces, tuvo que admitir finalmente que debía ser enseñada; es que, a su pesar, había creado un sistema de pensamiento que, denominado dispositivo o estrategia, podía utilizarse como un conjunto de técnicas y procedimientos para abordar los interrogantes de la humanidad; ofrecer una mirada distinta, que atienda a lo que hasta el momento había pasado inadvertido.
Jacques Derrida estudió a los grandes pensadores de la humanidad para advertir en ellos la ocurrencia de la deconstrucción; porque, para mostrar de qué modo estaban hechas las cosas y los saberes y establecer posibles sentidos ocultos, tuvo que subvertirlos y transgredirlos, pero -esto sí- desde las fuerzas contradictorias y heterogéneas que existían en los propios textos.
El filósofo argelino -que falleció hace pocos días- tuvo que vérselas con Platón, Rousseau y Kant, pero también con Marx y Nietzsche; con Heidegger, Husserl, Levinas, Levi-Strauss y con el propio Lacan. Sin dudas, fue uno de los pensadores más influyentes de nuestra época: con él, y desde él, muchos aprendimos a leer en los márgenes y a observar los bordes; a sospechar de los sentidos claros y dados previamente; gozamos con una escritura exquisita plena de imágenes y de desafíos intelectuales, pero principalmente de términos de alta productividad; de significancia.
Nada de este mundo le resultó indiferente: desde su teoría incursionó en la estética, en el arte, la música, el teatro y la literatura; en los medios de comunicación, en la televisión y en el cine; en la política y en la arquitectura; en los grandes conflictos de las nacionalidades y de la identidad; en el feminismo y en el falocentrismo; y, por supuesto, en el psicoanálisis.
Derrida escribió numerosos textos sobre artistas como el italiano Valerio Adami, y trabajó juntamente con el arquitecto Peter Eisemann (creador de la arquitectura deconstructivista, a la que tanto deben el Guggenheim de Bilbao y los edificios japoneses construidos en los últimos quince años); actuó en la obra "Disturbance" del videasta Gary Hill, y más recientemente hizo un filme sobre su biografía (se estrenó el año pasado en Buenos Aires en un festival internacional).

El dispositivo en acción
La deconstrucción es un sistema de pensamiento, y no puede entenderse sino como un dispositivo que comprende una larga cadena de términos: la differance, los indecidibles, la diseminación, el suplemento y la archiescritura, entre otros.
Desde sus tempranos escritos (su obra comprende alrededor de 80 textos y centenares de artículos y ponencias) se propuso impugnar la metafísica tradicional, el logocentrismo; advirtió que aquella había organizado el mundo en un sistema de pares opuestos, en los que el primer término siempre estaba en una relación jerárquica superior respecto del segundo: presencia/ ausencia; naturaleza/ cultura; consciente/ inconsciente; inteligible/ sensible; interior/ exterior; centro/ margen son nada más, algunos de los más importantes.
Derrida deconstruyó esos pares, en dos fases, de inversión y desplazamiento, que no implicaba únicamente invertir la ubicación de los términos, sino su desplazamiento permanente y, por tanto, desequilibrar la aspiración de un orden. En particular, cuestionó la autoridad del presente, que es al mismo tiempo presente ya pasado y presente aún por llegar; el presente -así lo pensó- está constituido por lo ausente, que se observa en la huella que él denominó archiescritura.
Con el neologismo "differance" (que en francés sólo puede leerse) halló un sentido doble: "difference", como diferente y como acción de diferir. La "difference" hace que nada esté nunca del todo ausente o hace que el presente mismo nunca sea del todo. Por eso afirma que el presente difiere de sí mismo (no es idéntico) y que el presente siempre es un presente diferido (para más adelante).
En sus profundas lecturas de los pensadores clásicos encontró los "indecidibles", palabras que no tienen un valor (sentido) único: en Platón, trabajó con pharmacón (remedio y veneno, a la vez); en Rousseau estableció la "lógica del suplemento" (un complemento, un añadido, que a la vez puede suplir -es decir reemplazar-), y con Kant investigó sobre el parergón (algo que está fuera de la obra de arte pero, a la vez, dentro; de cuando lo accesorio -el ornato- puede ser principal).

Los espectros
Con el libro "Los espectros de Marx: el estado de la deuda y del trabajo" (1993), el filósofo deconstruyó el par visible/no visible, y encarnó en el espectro al ser que se ubica entre la vida y la muerte. Los espectros precisamente ofrecerán para Derrida un lugar desde donde analizar los medios de comunicación en general, y la televisión en particular (ver "Ecografías de la televisión", EUDEBA, 1988). Pueden leerse allí definiciones interesantísimas: "los medios construyen una artefactualidad; una hechura ficcional"; y, sobre la fotografía: "lo que ha sido, pero a la vez (lo que pudo no haber sido)".
Derrida creía ser de diferentes tiempos: "soy un poco posmoderno, pero también moderno y arcaico, uno no es de un solo tiempo", respondió en "No escribo sin luz artificial" (Madrid, Cuatro Ediciones. 1999); indicaba que la deconstrucción era "un gesto estructuralista y postestructuralista, a la vez". Cuando algunos periodistas presurosos exigían definiciones sencillas, tomándose su tiempo, contestaba: "es un idioma, o más que idioma".
Su influencia también ha sido estudiada en la informática. En un ensayo de George Landow se sostiene: "...la descripción que hace Derrida de la diseminación es una descripción del hipertexto".
Ciertamente la lectura de Derrida es complicada; hay textos que conservan -como de tantos otros autores- un resto sustancial de ilegibilidad, y no se dejan atrapar. Sí, finalmente, no está dicho que la actividad intelectual o las proposiciones científicas deban ser sencillas.
Algunos pensadores intentaron descalificarlo señalando que su pensamiento era una "maraña" de enunciados que no conducían a nada, sino al placer de haberlos efectuado. Otros, como Umberto Eco, opusieron la semiótica ilimitada de Charle Pierce, a la deriva hermética en un debate que aún no ha concluido.
El pensamiento de la deconstrucción no es sino una manera distinta de abordar los conflictos; se puede o no estar de acuerdo con las consideraciones del filósofo sobre el arte o la política, pero no puede discutirse que la deconstrucción fue y es una de las herramientas fundamentales para cuestionar la metafísica tradicional, que, convertida en metodología, plantea una riqueza de análisis que no proporcionan otros saberes.
Por sobre todo, leer a Derrida. (c) LA GACETA

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