14 Noviembre 2004 Seguir en 

En las celebraciones culturales que mueven tanto academias como editoriales, la verdadera fiesta para los lectores está en las reediciones de obra y bibliografía del autor. El libro de conversaciones entre Julio Cortázar y el crítico y escritor uruguayo Omar Prego Gadea apareció, por primera vez, en 1985 en España y en Francia, y salió en nuestro país en 1987. Su elaboración se origina en una relación de diez años que se truncó con la muerte del escritor argentino. Fue pensado como un texto "a cuatro manos" y realizado en un café frente a la casa de Cortázar. Con la frescura del diálogo atraviesa toda la vida del escritor. La edición incluye bellísimas fotografías y una cronología.
Cortázar nos entrega los mitos familiares, lugar de inicio de las obsesiones de quien recuerda más palabras que cosas. Nos enfrenta con el abandono y la tristeza así como con el exilio voluntario y el compromiso político. El libro ilumina su narrativa y su lírica, nos entrega los mundos de humor característicos de un jugador insistente. Como dice Julio Cortázar, "los cronopios viven en diversos países, rodeados de una gran cantidad de famas y de esperanzas, pero desde hace un tiempo hay un país donde los cronopios han sacado las tizas de colores que siempre llevan consigo y han dibujado un enorme SE ACABO en las paredes de los famas, y con letra más pequeña y compasiva la palabra DECIDETE en las paredes de las esperanzas, y como consecuencia de la conmoción que han provocado estas inscripciones, no cabe la menor duda de que cualquier cronopio tiene que hacer todo lo posible para ir inmediatamente a conocer ese país". Ese país está hecho de palabras e imaginación. La fascinacion de las palabras permite repensar los territorios de la palabra abiertos por ese cronopio que también fue un hombre triste, un enamorado perdido, un amante de la música, un soñador empedernido, pero sobre todo un apasionado por la literatura, a la que consideró como parte de la vida. (c) LA GACETA
Cortázar nos entrega los mitos familiares, lugar de inicio de las obsesiones de quien recuerda más palabras que cosas. Nos enfrenta con el abandono y la tristeza así como con el exilio voluntario y el compromiso político. El libro ilumina su narrativa y su lírica, nos entrega los mundos de humor característicos de un jugador insistente. Como dice Julio Cortázar, "los cronopios viven en diversos países, rodeados de una gran cantidad de famas y de esperanzas, pero desde hace un tiempo hay un país donde los cronopios han sacado las tizas de colores que siempre llevan consigo y han dibujado un enorme SE ACABO en las paredes de los famas, y con letra más pequeña y compasiva la palabra DECIDETE en las paredes de las esperanzas, y como consecuencia de la conmoción que han provocado estas inscripciones, no cabe la menor duda de que cualquier cronopio tiene que hacer todo lo posible para ir inmediatamente a conocer ese país". Ese país está hecho de palabras e imaginación. La fascinacion de las palabras permite repensar los territorios de la palabra abiertos por ese cronopio que también fue un hombre triste, un enamorado perdido, un amante de la música, un soñador empedernido, pero sobre todo un apasionado por la literatura, a la que consideró como parte de la vida. (c) LA GACETA
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