14 Noviembre 2004 Seguir en 

"Como pequeñas enfermedades de mi yo, necesito curar el microbio que las produce. Esto habla de mi imposibilidad de producir tangos por encargo para ganarme la vida; no significa que me crea superior a quienes producen un tango por mes. No, sólo digo que soy diferente; advierto en mí un gran respeto por este arte de componer canciones populares que, en cierto modo, son el reflejo del vivir porteño. Y ese respeto se traduce en esa espera de que llegue hasta mí la enfermedad, la inspiración o como quiera llamársela. Yo no busco el asunto; este tiene que venir a mí... sacudirme, arrojarme sobre el piano y obligarme a que le tire a mi pueblo un nuevo engendro que yo adivino salido de su misma entraña", decía Enrique Santos Discépolo.
Tenía apenas cinco años cuando murió Santos Discépolo, su padre contrabajista, y ocho cuando Luisa Delucchi, su madre, se fue de la vida. "De mi infancia conservo pocos recuerdos. Mejor dicho, procuro no conservarlos. Tuve una infancia triste... vivía aislado y taciturno. Por desgracia no era sin motivo", contaba. Después de la muerte de sus padres, "mi timidez se volvió miedo y mi tristeza desventura", agregaba.
Discépolo (1901-1951) es uno de los creadores más importantes del tango. "Otra variante capital de su revolucionaria concepción tanguística será la inclusión en sus letras de tipos y panoramas jamás tocados por los autores de nuestra canción popular, lo que venía a ensanchar así, sorpresivamente, las fronteras espirituales y el alcance temperamental del tango. De la misma manera en que Roberto Arlt se convierte en cronista del hombre de Corrientes y Esmeralda y Raúl Scalabrini Ortiz es su meditador, se erige en su poeta Enrique Santos Discépolo", escriben Luis Sierra y Horacio Ferrer, los autores de "Discepolín, poeta del hombre que está solo y espera". Una intensa amargura campea en las reflexiones de "Mordisquito"; con frecuencia existe una suerte de fatalidad inexorable en sus tangos: "Verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa. Yira... yira..."
El bandoneonista y ensayista Luis Sierra y el uruguayo Horacio Ferrer, uno de los poetas clave del tango, recrean la vida de Discépolo, músico, poeta, dramaturgo, actor. En esta reedición, Ferrer añade un capítulo en el que se refiere a la vinculación del poeta con el peronismo. Luego de más de cinco décadas, muchas de sus letras siguen vigentes, como si los argentinos no hubiésemos crecido: "hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador... es lo mismo un burro que un gran profesor". "Pero no ves gilito embanderado que la razón la tiene el de más guita, que la honradez la venden al contado y a la moral la dan por moneditas..." Es un libro escrito en forma amena y por momentos con vuelo poético, que permite bucear en el corazón y en el alma de un artista profundo y visionario. (c) LA GACETA
Tenía apenas cinco años cuando murió Santos Discépolo, su padre contrabajista, y ocho cuando Luisa Delucchi, su madre, se fue de la vida. "De mi infancia conservo pocos recuerdos. Mejor dicho, procuro no conservarlos. Tuve una infancia triste... vivía aislado y taciturno. Por desgracia no era sin motivo", contaba. Después de la muerte de sus padres, "mi timidez se volvió miedo y mi tristeza desventura", agregaba.
Discépolo (1901-1951) es uno de los creadores más importantes del tango. "Otra variante capital de su revolucionaria concepción tanguística será la inclusión en sus letras de tipos y panoramas jamás tocados por los autores de nuestra canción popular, lo que venía a ensanchar así, sorpresivamente, las fronteras espirituales y el alcance temperamental del tango. De la misma manera en que Roberto Arlt se convierte en cronista del hombre de Corrientes y Esmeralda y Raúl Scalabrini Ortiz es su meditador, se erige en su poeta Enrique Santos Discépolo", escriben Luis Sierra y Horacio Ferrer, los autores de "Discepolín, poeta del hombre que está solo y espera". Una intensa amargura campea en las reflexiones de "Mordisquito"; con frecuencia existe una suerte de fatalidad inexorable en sus tangos: "Verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa. Yira... yira..."
El bandoneonista y ensayista Luis Sierra y el uruguayo Horacio Ferrer, uno de los poetas clave del tango, recrean la vida de Discépolo, músico, poeta, dramaturgo, actor. En esta reedición, Ferrer añade un capítulo en el que se refiere a la vinculación del poeta con el peronismo. Luego de más de cinco décadas, muchas de sus letras siguen vigentes, como si los argentinos no hubiésemos crecido: "hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador... es lo mismo un burro que un gran profesor". "Pero no ves gilito embanderado que la razón la tiene el de más guita, que la honradez la venden al contado y a la moral la dan por moneditas..." Es un libro escrito en forma amena y por momentos con vuelo poético, que permite bucear en el corazón y en el alma de un artista profundo y visionario. (c) LA GACETA
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