14 Noviembre 2004 Seguir en 

En la historia política de los Estados Unidos no hubo una campaña presidencial con tan alto grado de agresión como la que acaba de enfrentar George W. Bush, cuyas densas relaciones con las poderosas familias petroleras de Medio Oriente han constituido la base argumental. Debe suponerse que si no se tratara de un proceso tan altamente político como una competencia por el más poderoso sitial del mundo, es muy probable que las denuncias de Unger -en las que se basó Michael Moore para su film "Fahrenheit 9/11" hubieran terminado rápidamente en la Justicia y con alguien removido o preso. El autor es uno de los periodistas con mayor prestigio de la Unión, y su condición como tal puede advertirse sin dificultad en el manejo de los recursos informativos, cuyas meras referencias de autenticidad ocupan 45 de las 417 páginas de la obra. Para comenzar, el investigador se pregunta cómo pudieron hacer los numerosísimos familiares y concomitantes en alta dignidad de las estirpes reales de Arabia Saudita y Osama Bin Laden, para salir en vuelos de EE.UU. mientras estaban rigurosamente prohibidas todas las operaciones civiles de esa naturaleza por causa de la voladura de las Torres Gemelas en Manhattan. Unger incursiona endiabladamente para explicarlo, detalle por detalle y hora por hora, hasta terminar su probanza argumental en el histórico Balcón Truman, de la Casa Blanca, con una reunión exclusiva entre el presidente Bush y el embajador de Arabia, príncipe Bandar Bin Sultan, "donde encendieron cigarros y analizaron qué podían hacer con los miembros de Al Qaeda detenidos" (Sic).
La cautivante historia sigue con una multitud de negocios comunes del rubro petrolero, entre la familia Bush y la nobleza musulmana, hoy enfrentada consigo misma en el Medio Oriente, así como las cambiantes políticas del presidente norteamericano y su padre con unos y otros, merced al negocio de los inflamables. Aparecen así la primera y la segunda guerra de Irak, donde el autor trata de salir del difícil trance de explicar cómo pueden marchar por separado los misiles y el negocio. En ese punto, esta historia política tiene una articulación frágil, pues resulta muy difícil comprender cómo ese juego miliunanochesco puede escapar impunemente de unos servicios de seguridad e inteligencia como los de EE.UU. y de una oposición tan poderosa como la del Congreso. Conocer algo de la política de Washington permite advertir que el control parlamentario no sólo se ejerce desde la oposición formal, sino igualmente por el partido oficialista -más aun el republicano- entre el que Bush debe navegar no pocas veces con mucha cautela, inclusive cuando se trata del Golfo Pérsico. En ese juego se basa precisamente una de las dos historias parlamentarias, británica y norteamericana, más estables y prolongadas de la democracia pluralista universal. Sin embargo, lo que no dejará de llamar más la atención después de las urnas, es que este formidable esfuerzo político e intelectual del autor pueda quedar olvidado en las estanterías de las bibliotecas y por el interés de fiscales públicos, tan severos como Craig Unger, a la hora de combatir los males del más poderoso imperio surgido de la Guerra Fría. (c) LA GACETA
La cautivante historia sigue con una multitud de negocios comunes del rubro petrolero, entre la familia Bush y la nobleza musulmana, hoy enfrentada consigo misma en el Medio Oriente, así como las cambiantes políticas del presidente norteamericano y su padre con unos y otros, merced al negocio de los inflamables. Aparecen así la primera y la segunda guerra de Irak, donde el autor trata de salir del difícil trance de explicar cómo pueden marchar por separado los misiles y el negocio. En ese punto, esta historia política tiene una articulación frágil, pues resulta muy difícil comprender cómo ese juego miliunanochesco puede escapar impunemente de unos servicios de seguridad e inteligencia como los de EE.UU. y de una oposición tan poderosa como la del Congreso. Conocer algo de la política de Washington permite advertir que el control parlamentario no sólo se ejerce desde la oposición formal, sino igualmente por el partido oficialista -más aun el republicano- entre el que Bush debe navegar no pocas veces con mucha cautela, inclusive cuando se trata del Golfo Pérsico. En ese juego se basa precisamente una de las dos historias parlamentarias, británica y norteamericana, más estables y prolongadas de la democracia pluralista universal. Sin embargo, lo que no dejará de llamar más la atención después de las urnas, es que este formidable esfuerzo político e intelectual del autor pueda quedar olvidado en las estanterías de las bibliotecas y por el interés de fiscales públicos, tan severos como Craig Unger, a la hora de combatir los males del más poderoso imperio surgido de la Guerra Fría. (c) LA GACETA
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