14 Noviembre 2004 Seguir en 

A los 22 años don Miguel de Cervantes Saavedra tenía ya definida su vocación de escritor. Su maestro López de Hoyo lo había hecho publicar algunos de sus poemas. Pero en 1569 su vida cambió radicalmente. Viajó a Italia, cuyas bellezas y literatura lo deslumbraron y cuyas alabanzas pondrá luego en boca del Licenciado Vidriera, insólito personaje de una de sus novelas ejemplares y preanuncio de don Quijote. Durante dos años sirvió como escribiente bajo las órdenes del cardenal Acquaviva, y luego se enroló como soldado en la armada de don Juan de Austria, el "Rayo de la Guerra", como lo apoda en su admiración.En la batalla naval de Lepanto, contra los turcos musulmanes, un tiro de arcabuz le inutiliza la mano izquierda, lo cual no le impide, una vez repuesto, acompañar al hermano bastardo de Felipe II en las acciones de Navarino, Corfú y Túnez.
Cuando regresaba a España a bordo de la galera "El Sol", llevando consigo cartas de recomendación para las autoridades de su país, su barco fue capturado por los piratas argelinos. Pasó como cautivo a las cárceles norafricanas, y este fue su primer contacto con el mundo musulmán. Si bien intentó fugarse cinco veces, fue recapturado y sometido a duras penas, hasta que finalmente los padres trinitarios lo liberaron, dejando a uno de sus frailes como rehén hasta que Cervantes consiguiera el dinero del rescate.
Si bien en su obra de teatro "Los baños de Argel", el ex cautivo describe los sufrimientos de los prisioneros en manos de los piratas argelinos, es en el "Quijote" donde se ve más nítidamente su posición frente al islam.
El "Quijote", se sabe, es a la vez una novela de camino pero también una inmensa suerte de cajas chinas. A lo largo del río central de la narración, el autor introduce una serie de "nouvelles", o pequeñas novelas de la más variada índole: las hay bizantinas o de aventuras, picarescas, pastoriles, etcétera. En la primera parte, en las ventas o en los fogones de los arrieros a don Quijote le cuentan las historias, como es el caso de "La historia del cautivo" (y a la cual me voy a referir más adelante); mientras que, en la segunda parte, don Quijote y Sancho asisten a los hechos (verbigracia "Las bodas del rico Camacho y la bella Quiteria").
A la venta, donde se alojan don Quijote y Sancho, llegan un joven capitán y una mujer velada. El militar vuelve de un largo cautiverio en Argel y ella, Zoraida, es una belleza mora, enamorada del ex cautivo. Ambos van al pueblo del capitán en las montañas de León: Zoraida quiere convertirse y casarse luego.
Prisionero, luego de que su barco fue apresado por los piratas bereberes, él es reducido a la esclavitud en los baños de Argel o cárceles, a la espera del rescate que habrá de liberarlo. Esclavo de Agi Morato, un rico señor musulmán, pasa sus días de cautiverio en compañía de otros prisioneros. Su "baño" da a un patio que, a su vez, da a las altas ventanas del palacio del señor feudal. Un día, mientras pasea con sus compañeros por la terraza, una mano misteriosa hace bajar una caña desde una ventana guardada por una espesa celosía. En la punta, un atado contiene cuarenta monedas de oro. Durante varios días, la misteriosa caña desciende con cada vez más monedas de oro. Finalmente, baja un envoltorio con una carta escrita en caracteres árabes. Gracias a la traducción de un renegado amigo de los prisioneros, se revela el misterio: la autora es Zoraida, hija de Agi Morato. Ella conoce la religión cristiana gracias a una esclava católica que la adoctrinó en la fe de "Leila Marien" (la Virgen María). En la misiva, confiesa al cautivo que está enamorada de él, que quiere huir a España, bautizarse y casarse. Los cautivos -que ya tienen una fortuna gracias a los envíos de la morisca- hacen que el renegado compre una barca y raptan a la muchacha, a pesar de la desesperación y de los esfuerzos del padre. Ambos, libres y en España, le cuentan a don Quijote que van camino de cumplir sus promesas.Es sabido que las guerras de reconquista en España duraron más de siete siglos. En realidad, no fue obra de un Estado unificado y sólido, sino de reyes y señores feudales que muchas veces combatieron a los invasores con ayuda de sus vasallos mahometanos. Liberado un territorio, quedaron bolsones de moriscos, los "mudéjares", cuya convivencia con los cristianos fue oscilante y desigual. Alfonso X, el Sabio, los tomó bajo su protección y con los sabios judíos fundó la Escuela de Traductores de Toledo. Vinieron después años de intolerancia, hasta el reinado de Enrique IV, en que volvieron a ser considerados. A la caída de Granada, capital de la última "taifa" y expulsado su rey Boabdil, los Reyes Católicos en un principio continuaron con la tradición de tolerancia, obligándolos a convertirse al cristianismo. La situación se hizo intolerable para los moriscos, primero bajo el reinado de Isabel y Fernando, y luego bajo Carlos V. Durante el reinado de Felipe II, estalló la rebelión en las montañas de las Alpujarras, conducida por Ben Humeya y cuya conspiración es tema de la novela de Enrique Rodríguez Larreta, "La gloria de don Ramiro". La guerra duró desde 1568 hasta 1571. Los moriscos fueron vencidos por el ejército cristiano, comandado por don Juan de Austria, pero hubo otras rebeliones hasta el reinado de Felipe III. El rey Felipe II decretó la expulsión de todos los moriscos, fueran conversos o no. Es en este momento que se sitúa la historia del moro Ricote, según narra Side Hamete Benenjeli, filósofo mahometano a quien Cervantes atribuye la autoría de "Don Quijote". En el capítulo LIII, luego de su renuncia a la gobernación de la ínsula de Barataria, Sancho encuentra, en el camino de regreso a su aldea, al moro Ricote, disfrazado de peregrino alemán.
Exilado por orden del rey, a pesar de ser cristiano nuevo (converso), a su partida lo acompañan todos los del pueblo, llorando. Tendero de profesión, antes de partir, esconde sus ahorros. Su mujer Francisca y su hija Ana Felix, son llevadas por su cuñado Juan a "Berbería" (Argel). Ricote, en cambio, pasa a Francia primero y luego a Alemania. Allí, a pesar de la libertad de la cual goza, llevado por la nostalgia de España, su patria, por el amor a su aldea y a los amigos, regresa convertido en peregrino alemán. La historia se desata en el capítulo LXIII, donde Ana Felix, la hija de Ricote disfrazada de varón, trata de regresar a España en una galera turca: "anagnorisis" y travestismo, muy del gusto de la época. A bordo descubre a su padre, y ambos irán en busca de don Gaspar Gregorio, enamorado de la conversa, a pesar de ser cristiano viejo, que se ha quedado en Argel, hasta donde lo ha seguido su amada.
A pesar de haber combatido contra los musulmanes y de haber padecido como rehén todas las penurias de los "baños" argelinos, todas las páginas del "Quijote" que hablan de los musulmanes, trasudan, en forma críptica, una nostalgia por aquella edad "que los antiguos llamaron dorada", y en donde cristianos y mudéjares convivían en paz y en tolerancia. Cervantes, además, había aprendido de los neoplatónicos y en especial de León Abrabanel (León Hebreo) que el amor es una fuerza de la naturaleza que rompe con los prejuicios de raza, religión o clase social, como ocurre en los dos cuentos citados.
Pero todo ha sido un sueño, como los sueños de don Quijote. A cuatro siglos, la guerra ha estallado de nuevo entre la cristiandad y el islam, aunque las armas ya no sean las bombardas, las culebrinas, ni los mosquetes, sino los misiles, los tanques y los aviones supersónicos. La quimera cervantina se ha transformado en "humo, en polvo, en sombra, en nada". (c) LA GACETA
Cuando regresaba a España a bordo de la galera "El Sol", llevando consigo cartas de recomendación para las autoridades de su país, su barco fue capturado por los piratas argelinos. Pasó como cautivo a las cárceles norafricanas, y este fue su primer contacto con el mundo musulmán. Si bien intentó fugarse cinco veces, fue recapturado y sometido a duras penas, hasta que finalmente los padres trinitarios lo liberaron, dejando a uno de sus frailes como rehén hasta que Cervantes consiguiera el dinero del rescate.
Si bien en su obra de teatro "Los baños de Argel", el ex cautivo describe los sufrimientos de los prisioneros en manos de los piratas argelinos, es en el "Quijote" donde se ve más nítidamente su posición frente al islam.
El "Quijote", se sabe, es a la vez una novela de camino pero también una inmensa suerte de cajas chinas. A lo largo del río central de la narración, el autor introduce una serie de "nouvelles", o pequeñas novelas de la más variada índole: las hay bizantinas o de aventuras, picarescas, pastoriles, etcétera. En la primera parte, en las ventas o en los fogones de los arrieros a don Quijote le cuentan las historias, como es el caso de "La historia del cautivo" (y a la cual me voy a referir más adelante); mientras que, en la segunda parte, don Quijote y Sancho asisten a los hechos (verbigracia "Las bodas del rico Camacho y la bella Quiteria").
A la venta, donde se alojan don Quijote y Sancho, llegan un joven capitán y una mujer velada. El militar vuelve de un largo cautiverio en Argel y ella, Zoraida, es una belleza mora, enamorada del ex cautivo. Ambos van al pueblo del capitán en las montañas de León: Zoraida quiere convertirse y casarse luego.
Prisionero, luego de que su barco fue apresado por los piratas bereberes, él es reducido a la esclavitud en los baños de Argel o cárceles, a la espera del rescate que habrá de liberarlo. Esclavo de Agi Morato, un rico señor musulmán, pasa sus días de cautiverio en compañía de otros prisioneros. Su "baño" da a un patio que, a su vez, da a las altas ventanas del palacio del señor feudal. Un día, mientras pasea con sus compañeros por la terraza, una mano misteriosa hace bajar una caña desde una ventana guardada por una espesa celosía. En la punta, un atado contiene cuarenta monedas de oro. Durante varios días, la misteriosa caña desciende con cada vez más monedas de oro. Finalmente, baja un envoltorio con una carta escrita en caracteres árabes. Gracias a la traducción de un renegado amigo de los prisioneros, se revela el misterio: la autora es Zoraida, hija de Agi Morato. Ella conoce la religión cristiana gracias a una esclava católica que la adoctrinó en la fe de "Leila Marien" (la Virgen María). En la misiva, confiesa al cautivo que está enamorada de él, que quiere huir a España, bautizarse y casarse. Los cautivos -que ya tienen una fortuna gracias a los envíos de la morisca- hacen que el renegado compre una barca y raptan a la muchacha, a pesar de la desesperación y de los esfuerzos del padre. Ambos, libres y en España, le cuentan a don Quijote que van camino de cumplir sus promesas.Es sabido que las guerras de reconquista en España duraron más de siete siglos. En realidad, no fue obra de un Estado unificado y sólido, sino de reyes y señores feudales que muchas veces combatieron a los invasores con ayuda de sus vasallos mahometanos. Liberado un territorio, quedaron bolsones de moriscos, los "mudéjares", cuya convivencia con los cristianos fue oscilante y desigual. Alfonso X, el Sabio, los tomó bajo su protección y con los sabios judíos fundó la Escuela de Traductores de Toledo. Vinieron después años de intolerancia, hasta el reinado de Enrique IV, en que volvieron a ser considerados. A la caída de Granada, capital de la última "taifa" y expulsado su rey Boabdil, los Reyes Católicos en un principio continuaron con la tradición de tolerancia, obligándolos a convertirse al cristianismo. La situación se hizo intolerable para los moriscos, primero bajo el reinado de Isabel y Fernando, y luego bajo Carlos V. Durante el reinado de Felipe II, estalló la rebelión en las montañas de las Alpujarras, conducida por Ben Humeya y cuya conspiración es tema de la novela de Enrique Rodríguez Larreta, "La gloria de don Ramiro". La guerra duró desde 1568 hasta 1571. Los moriscos fueron vencidos por el ejército cristiano, comandado por don Juan de Austria, pero hubo otras rebeliones hasta el reinado de Felipe III. El rey Felipe II decretó la expulsión de todos los moriscos, fueran conversos o no. Es en este momento que se sitúa la historia del moro Ricote, según narra Side Hamete Benenjeli, filósofo mahometano a quien Cervantes atribuye la autoría de "Don Quijote". En el capítulo LIII, luego de su renuncia a la gobernación de la ínsula de Barataria, Sancho encuentra, en el camino de regreso a su aldea, al moro Ricote, disfrazado de peregrino alemán.
Exilado por orden del rey, a pesar de ser cristiano nuevo (converso), a su partida lo acompañan todos los del pueblo, llorando. Tendero de profesión, antes de partir, esconde sus ahorros. Su mujer Francisca y su hija Ana Felix, son llevadas por su cuñado Juan a "Berbería" (Argel). Ricote, en cambio, pasa a Francia primero y luego a Alemania. Allí, a pesar de la libertad de la cual goza, llevado por la nostalgia de España, su patria, por el amor a su aldea y a los amigos, regresa convertido en peregrino alemán. La historia se desata en el capítulo LXIII, donde Ana Felix, la hija de Ricote disfrazada de varón, trata de regresar a España en una galera turca: "anagnorisis" y travestismo, muy del gusto de la época. A bordo descubre a su padre, y ambos irán en busca de don Gaspar Gregorio, enamorado de la conversa, a pesar de ser cristiano viejo, que se ha quedado en Argel, hasta donde lo ha seguido su amada.
A pesar de haber combatido contra los musulmanes y de haber padecido como rehén todas las penurias de los "baños" argelinos, todas las páginas del "Quijote" que hablan de los musulmanes, trasudan, en forma críptica, una nostalgia por aquella edad "que los antiguos llamaron dorada", y en donde cristianos y mudéjares convivían en paz y en tolerancia. Cervantes, además, había aprendido de los neoplatónicos y en especial de León Abrabanel (León Hebreo) que el amor es una fuerza de la naturaleza que rompe con los prejuicios de raza, religión o clase social, como ocurre en los dos cuentos citados.
Pero todo ha sido un sueño, como los sueños de don Quijote. A cuatro siglos, la guerra ha estallado de nuevo entre la cristiandad y el islam, aunque las armas ya no sean las bombardas, las culebrinas, ni los mosquetes, sino los misiles, los tanques y los aviones supersónicos. La quimera cervantina se ha transformado en "humo, en polvo, en sombra, en nada". (c) LA GACETA
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