Juego sucio

La interna justicialista tiene más interrogantes que definiciones.

20 Octubre 2002
Por Edgardo Alfano

BUENOS AIRES.- La convulsionada interna del Partido Justicialista domina la escena política nacional y deja un mar de interrogantes sobre la manera como se desarrollará el proceso electoral de la Argentina.
La falta de un candidato peronista que pueda alinear al partido detrás de un sólido liderazgo, como ocurrió en otros tiempos, llevó al PJ y al propio gobierno de Eduardo Duhalde a una descarnada lucha con final abierto.
En el justicialismo todo se ha roto, hasta la alianza de gobernadores que se hizo fuerte durante el gobierno de Fernando de la Rúa y marcó los primeros pasos de la administración duhaldista.
Hoy, son todas piezas desparramadas de un complejo rompecabezas y el panorama se complica aún más, ya que son concretas las posibilidades de que el PJ gane las próximas elecciones y continúe al frente de la Rosada.
¿Cómo podría gobernar un presidente con su partido fragmentado? Para Duhalde hubiese sido todo más fácil si el santafesino Carlos Reutemann hubiera aceptado pelear por la candidatura presidencial justicialista.
Eso significaba la pelea abierta y directa con Carlos Menem. Pero Reutemann decidió abandonar la carrera antes de empezar.
Para mal del Presidente, el otro candidato, José Manuel de la Sota, no prendió en las encuestas como habían imaginado quienes veían en el cordobés el candidato natural para reemplazar a Reutemann. De todas formas, ningún candidato puede superar el 15% de adhesión. Ni Adolfo Rodríguez Saá ni Menem, lo que abrió definitivamente la pelea, sin importar el costo final.

La pelea interna
Menem, con algo de alivio judicial y con el control del consejo nacional partidario y de la Junta Electoral, puso proa a los comicios internos del 15 de diciembre, luego de que la jueza María Servini de Cubría anuló las internas abiertas y simultáneas para esa misma fecha. Menem no pudo resistir la tentación de controlar al PJ, como ocurrió en el pasado, e imaginó una interna amoldada a su conveniencia.Pero con el congreso partidario en manos de Duhalde y el malestar de los otros candidatos, inclusive el de Néstor Kirchner, Menem debió ofrecer la integración de una junta multisectorial.
Ocurre que como los otros candidatos desconfían de Menem, de Duhalde, y entre ellos mismos abunda el temor, terminaron por desatar una guerra mientras amenazan con participar en las elecciones por afuera de la estructura partidaria. La excepción corrió por cuenta del riojano, que conformó su fórmula con el gobernador de Salta, Juan Carlos Romero, dando la espalda a los grandes distritos del peronismo.
Duhalde está convencido de que la única salida es suspender las internas e ir directamente a las presidenciales del 30 de marzo próximo. Para ello necesita del respaldo legislativo, donde el PJ muestra la misma división, y el radicalismo y el ARI, de Elisa Carrió, no están dispuestos a hacer el juego que impulsa el oficialismo.
El Presidente, que pone como excusa eventuales fallos judiciales, no sólo quiere frenar la interna sino poner la mayor cantidad de obstáculos posibles en el camino de Menem, con quien lucha por el control del justicialismo.

Por única vez
Por eso pedirá al Congreso que, por única vez, quede sin efecto la legislación que puso en vigencia el sistema de elecciones abiertas, con lo que pondrá a diputados y a senadores en la obligación de establecer un nuevo mecanismo para los comicios.
Mientras tanto, algunos operadores duhaldistas han contactado a Kirchner para evaluar la posibilidad de que el gobernador de Santa Cruz reciba el apoyo del PJ bonaerense para enfrentar a Menem en una eventual interna o directamente en las generales, ante la falta de crecimiento del cordobés De la Sota.En esta disputa interna del PJ hay una carrera contra el reloj. El jueves próximo vence el plazo para que se registren los candidatos ante la Junta Electoral. Duhalde tomó algo de oxígeno para meter mano en la interna, ante la posibilidad concreta de lograr un acuerdo con el FMI en las primeras semanas de noviembre. El peronismo se prepara para una peligrosa batalla en un país que reclama renovación y seriedad en su dirigencia política. (DyN)

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