El país vive un clima preelectoral. La provincia se contagió también de eso. Eduardo Duhalde, en cambio, despliega sus piezas para alargar la carrera electoral y transferir el mando en diciembre de 2003 y no en mayo próximo.
La maniobra duhaldista choca con la resistencia del menemismo, que ve en la Casa Rosada la causa de todos los males. En el universo peronista es donde se localiza la pelea, cuyo final está muy lejos de ser inminente. No extraña que eso sea así porque el partido gobernante tiene muchas probabilidades de retener el poder.
Sin embargo, la prórroga del proceso electoral -que cada vez está más cerca de ser una realidad- favorece la organización de algunas corrientes políticas y les permite a otras empezar el camino de su reordenamiento interno.
A partidos como el ARI, de Elisa Carrió, y Recrear Argentina (RA), de Ricardo López Murphy, la extensión del calendario electoral les viene como anillo al dedo. También a los radicales los favorece esa circunstancia. Ahora bien, de la teoría a los hechos hay diferencias.
Los peronistas gobiernan la Argentina y Tucumán. Esa combinación de situaciones es fuente de conflictos porque el partido está fragmentado. La contraposición de intereses resulta muy dura. Y lo que ocurrió el jueves pasado con el acto del Día de la Lealtad es una muestra de la complejidad del cuadro político.
Cuando manda la caja
Julio Miranda se vio en aprietos ante la aceleración de las definiciones. Había sido llevado el martes por el salteño Juan Carlos Romero, en su avión, a la sesión del consejo nacional del PJ en Buenos Aires.
Los menemistas impusieron la elección interna de candidatos presidenciales para el 15 de diciembre próximo.
Ese hecho complicó a Miranda. Se vio en la obligación de optar, algo que, aparentemente, no le cae bien. Si iba el jueves a La Rioja complacía a Carlos Menem y a Romero, quien oficializaba su precandidatura a vicepresidente. Pero se enfrentaba con Duhalde, con duras consecuencias para su estabilidad.
Frente a la disyuntiva, Miranda privilegió la gobernabilidad. Le hizo entender a Sisto Terán que era inconveniente incorporarse al séquito menemista que partió para La Rioja. Otro a quien frenó en la línea de partida es al ministro de Gobierno, Fernando Juri.
El gobernador no quiere irritar a la Casa Rosada para que la ansiada ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI) llegue también a estas latitudes y disipe el clima de hostilidad que asfixia al mirandismo.
Cuentan que en La Rioja el gobernador local, Angel Mazza, quiso excusar la ausencia de Miranda invocando el temor al ahogo político. "Cuando hay uno que aprieta, hay otro que se deja apretar". Así le habría respondido Menem ante ese ensayo de disculpa.
Miranda fue a Catamarca para mostrarse junto con Duhalde y con Luis Barrionuevo y su esposa, la ministra Graciela Camaño. La muestra de fidelidad se retribuyó al día siguiente con la firma de un convenio enderezado a mitigar el desempleo del período interzafras.
La lealtad de Miranda con Duhalde dejó heridos en el frente local y en el nacional. Romero se quedó sin su dilecto amigo tucumano en la fiesta riojana. A la nutrida embajada de legisladores, concejales e intendentes tampoco le pareció aceptable la posición de Miranda.
En realidad, en el corazón del mirandismo se barrunta que la elección presidencial puede trasladarse hacia la segunda mitad de 2003. Si esa hipótesis resultara exacta, los comicios para renovar cargos provinciales y legislativos nacionales (diputados y senadores) se realizarían antes -en junio del mismo año-.
De no mediar cambios bruscos de escenarios políticos, Miranda seguiría bajo la dependencia de Duhalde. Y una pelea anticipada con este sería fatal para sus ambiciones de volver al Senado.
Proyectos controvertidos
La profusión de precandidatos a gobernador en el peronismo local delata la poca fe de los cuadros partidarios en la reelección de Miranda. Uno de los que no cree en ella es Antonio Guerrero, que divulga su propuesta por el este.
El senador José Alperovich recorre la geografía, aunque debió recostarse en el este en Juan Vildoza, un legislador radical que está acusado de desobedecer al partido en la votación de la reforma constitucional. El diputado Alberto Herrera le bloqueó el acceso de Alperovich a esa zona.
Cuando viene a Tucumán, el ex diputado Alfredo Neme Scheij visita a Vildoza. La cercanía de Neme Scheij a Adolfo Rodríguez Saá hizo que junto con Vildoza fueran demandados ante la convención radical. La controversia existe.
El revuelo en el PJ se agiganta con la aparición del Movimiento Peronista (MP) que orientan los legisladores Osvaldo Cirnigliaro y Julio Díaz Lozano, con planes de expansión por la capital y por el interior. Julio César Aráoz busca erigirse en un candidato a gobernador alternativo a la oferta mirandista. Esas dos estructuras competirán por la franja de los descontentos con el pacto Miranda-Rivas.
Las idas y vueltas de los nombres no tapan otro costado de la realidad. En esta semana se puede reactivar la propuesta reformista de la Constitución. Los legisladores oficialistas quieren impulsar la sanción de una ley que establezca las calidades para convencionales constituyentes. Se discute si se necesitarán 27 o 21 votos para aprobar ese proyecto. El mirandismo dice que bastan 21 voluntades, pero la oposición se inclina hacia la tesis de los 27. La discusión se reaviva.El oficialismo legislativo quiere buscar su reelección, porque la de Miranda es cada vez más dudosa. Esa parcela del PJ apuesta a que la elección de convencionales constituyentes sea simultánea con la presidencial el 30 de marzo -fecha sujeta a los designios del duhaldismo-.
La reforma constitucional será total, según la ley sancionada por la Legislatura. El texto habilita la puesta en comisión de los jueces. Pues bien, en Tribunales se asegura que los jueces y fiscales sensibles a los deseos del Gobierno conservarían sus cargos. Esteban Jerez no estará en esa lista si se tiene en cuenta que Fernando Juri Debo -ladero de Miranda -abogó por una sanción mayor para el fiscal anticorrupción. Es el sueño de la Justicia amiga del poder político.





