25 Enero 2004 Seguir en 

La "V" del título alude a la señal de victoria enarbolada profusamente por la revolución contracultural de los 60. En ella caben confusamente los hippies, el poder negro, la antipsiquiatría, el Mayo Francés, los sacerdotes del Tercer Mundo, la antiuniversidad libre, el ecologismo y, claro, la llamada "nueva izquierda".
Verdadero manual de lugares comunes del progresismo, el libro aporrea al lector con 300 páginas donde hay más palabras que ideas, más sofismas que descripciones acertadas y un pretendido profetismo lírico aplanador.
Ejemplos: "Harry Truman quien, con un simple discurso, sumergió en el desván de la historia a 2.000 millones de habitantes del Tercer Mundo, mientras un generoso plan Marshall derivaba sumas cuantiosas para reconstruir Europa occidental, mercado entonces crucial para EE.UU." (p. 18). El detalle que el autor olvida es que en esos años la población total del planeta alcanzaba los 2.000 millones. Tampoco está claro cómo un discurso tendrá tales efectos en ese volumen imaginario de población tercermundista; ni cómo el capitalismo perverso se metió a salvar Europa de los nazis y a rescatar luego de la guerra a sus adversarios (Alemania y Japón) con una lluvia de dólares. Un discurso de Truman basta, pues, para someter al Tercer Mundo. Sin embargo, el autor protesta contra ese vicio lugareño que él tan prolijamente practica: "Ante cualquier situación nefasta, los argentinos tienen por costumbre salir a buscar vehementemente a quién echarle la culpa" (p. 14). Le molesta que la gente "alegremente pagaba U$S 1,80 por un cucurucho de papas fritas de 60 gramos" en un país donde por 0,40 centavos se pueden comprar dos o tres kilos de papas en cualquier feria o mercado" (p. 19). ¿Alguien obliga a consumir en los odiados McDonald?s o Burger King? Sensor de las libertades ajenas, el autor describe -sin la menor molestia por sus contradicciones- a la revolución de los 60 como anhelosa de libre determinación.
Todo esto unido a un entusiasmo mesiánico demoledor: "Vamos rumbo a una eco-realidad, paso previo a la emergencia de una geo-humanidad. Todo lo que hemos conocido desembocará en otra escala de valores y de prioridades". Predominarán el desarrollo espiritual, el crecimiento personal y la invención comunitaria. "La creación de armonía en todos los planos (físicos y metafísicos) será una experiencia cotidiana de cada cual desde el instante de nacer", etc., etc (p. 247).
Este mundo "apesta", Argentina es una "maquinaria filicida", "jamás la vida estuvo tan degradada como en la actualidad", son ejemplos de este rosario, largo de quejas, escaso de ideas.
¿Que las ideologías están muertas? ¿Que el delirio no sigue inspirando respuestas, en este mundo cruel? No seamos pesimistas, hay humanidad para rato. (c) LA GACETA
Verdadero manual de lugares comunes del progresismo, el libro aporrea al lector con 300 páginas donde hay más palabras que ideas, más sofismas que descripciones acertadas y un pretendido profetismo lírico aplanador.
Ejemplos: "Harry Truman quien, con un simple discurso, sumergió en el desván de la historia a 2.000 millones de habitantes del Tercer Mundo, mientras un generoso plan Marshall derivaba sumas cuantiosas para reconstruir Europa occidental, mercado entonces crucial para EE.UU." (p. 18). El detalle que el autor olvida es que en esos años la población total del planeta alcanzaba los 2.000 millones. Tampoco está claro cómo un discurso tendrá tales efectos en ese volumen imaginario de población tercermundista; ni cómo el capitalismo perverso se metió a salvar Europa de los nazis y a rescatar luego de la guerra a sus adversarios (Alemania y Japón) con una lluvia de dólares. Un discurso de Truman basta, pues, para someter al Tercer Mundo. Sin embargo, el autor protesta contra ese vicio lugareño que él tan prolijamente practica: "Ante cualquier situación nefasta, los argentinos tienen por costumbre salir a buscar vehementemente a quién echarle la culpa" (p. 14). Le molesta que la gente "alegremente pagaba U$S 1,80 por un cucurucho de papas fritas de 60 gramos" en un país donde por 0,40 centavos se pueden comprar dos o tres kilos de papas en cualquier feria o mercado" (p. 19). ¿Alguien obliga a consumir en los odiados McDonald?s o Burger King? Sensor de las libertades ajenas, el autor describe -sin la menor molestia por sus contradicciones- a la revolución de los 60 como anhelosa de libre determinación.
Todo esto unido a un entusiasmo mesiánico demoledor: "Vamos rumbo a una eco-realidad, paso previo a la emergencia de una geo-humanidad. Todo lo que hemos conocido desembocará en otra escala de valores y de prioridades". Predominarán el desarrollo espiritual, el crecimiento personal y la invención comunitaria. "La creación de armonía en todos los planos (físicos y metafísicos) será una experiencia cotidiana de cada cual desde el instante de nacer", etc., etc (p. 247).
Este mundo "apesta", Argentina es una "maquinaria filicida", "jamás la vida estuvo tan degradada como en la actualidad", son ejemplos de este rosario, largo de quejas, escaso de ideas.
¿Que las ideologías están muertas? ¿Que el delirio no sigue inspirando respuestas, en este mundo cruel? No seamos pesimistas, hay humanidad para rato. (c) LA GACETA
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