30 Mayo 2004 Seguir en 

Hacer una antología que comprenda un siglo de poesía puede significar para el antólogo una de las doce hazañas de Hércules. Se corren demasiados riesgos y a veces pueden pesar más las omisiones que las presencias. El escritor salteño Santiago Sylvester aceptó el desafío y abordó la poesía del Noroeste Argentino durante el siglo XX. En su interesante estudio preliminar, señala que mientras las vanguardias europeas influyeron notablemente en el grupo Martín Fierro, hasta la década de 1940 el norte pareció inmune a los cambios de lenguaje y de estéticas que ellas proponían, excepto el catamarqueño Luis Franco y el santiagueño Bernardo Canal Feijóo.
El antólogo ubica como precursores a los tucumanos Mario Bravo y Ricardo Rojas, y al salteño Juan Carlos Dávalos, poeta este que propició la llegada de la llamada literatura de la tierra. A Bravo le atribuye haber iniciado los caminos de la poesía paisajística, rural y luego urbana. Mientras que la poesía de Rojas estuvo impregnada de romanticismo y de modernismo. Recién en la década de 1940, los nuevos aires irradiados por Pablo Neruda y César Vallejo parecen sacudir las formas tradicionales de la poesía norteña. Con una vocación de parricidio y bajo la inspiración del poeta jujeño Raúl Galán, nace en 1944, en Tucumán, el grupo La Carpa. "La poesía tiene tres dimensiones: belleza, afirmación y vaticinio", dicen en el manifiesto y agregan: "Tenemos conciencia de que en esta parte del país la poesía comienza con nosotros". En las décadas de 1950 y de 1960 se va produciendo paulatinamente el abandono del tono celebratorio, propio del norte. Pero según Sylvester, esta actitud no obedece a un parricidio literario, sino a una renovación de la mirada sobre el arte, a las lecturas y a un cambio de sensibilidad.Pese a la vorágine globalizadora de los últimos lustros, yace aún en la poesía del norte un sustrato folclórico. Sylvester explica que la región existe no como una cláusula reducidora. "Hay particularidades, asuntos, valores, virtudes y defectos que no son idénticos en otras partes, o que si lo son, se diferencian por la mezcla, por la proporción de sus combinaciones", afirma.
Recorrer esta copiosa antología implica sumergirse en diversos mundos y honduras poéticas que van desde el tono confesional, hasta lo paisajístico, místico, filosófico y cósmico. Tucumán está representado por Mario Bravo, Sixto Pondal Ríos, María Elvira Juárez, Guillermo Orce Remis, Julio Ardiles Gray, Hugo Foguet, Juan José Hernández, Juan E. González, Dora Fornaciari, Arturo Alvarez Sosa, Francisco Galíndez, Mario Romero, Inés Aráoz, Rogelio Ramos Signes, Manuel Martínez Novillo, Maisi Colombo, Ricardo Gandolfo y Leonor García Hernando. Creemos que las voces de Manuel Aldonate, Carola Briones, José Augusto Moreno, Manuel Serrano Pérez, Lucho Díaz y Ariadna Chaves merecen ocupar un lugar en una antología de la poesía del Noroeste Argentino. Más allá de las omisiones, este valioso trabajo permite echar una mirada vasta a lo largo de cien años sobre la producción de nuestros creadores. (c) LA GACETA
El antólogo ubica como precursores a los tucumanos Mario Bravo y Ricardo Rojas, y al salteño Juan Carlos Dávalos, poeta este que propició la llegada de la llamada literatura de la tierra. A Bravo le atribuye haber iniciado los caminos de la poesía paisajística, rural y luego urbana. Mientras que la poesía de Rojas estuvo impregnada de romanticismo y de modernismo. Recién en la década de 1940, los nuevos aires irradiados por Pablo Neruda y César Vallejo parecen sacudir las formas tradicionales de la poesía norteña. Con una vocación de parricidio y bajo la inspiración del poeta jujeño Raúl Galán, nace en 1944, en Tucumán, el grupo La Carpa. "La poesía tiene tres dimensiones: belleza, afirmación y vaticinio", dicen en el manifiesto y agregan: "Tenemos conciencia de que en esta parte del país la poesía comienza con nosotros". En las décadas de 1950 y de 1960 se va produciendo paulatinamente el abandono del tono celebratorio, propio del norte. Pero según Sylvester, esta actitud no obedece a un parricidio literario, sino a una renovación de la mirada sobre el arte, a las lecturas y a un cambio de sensibilidad.Pese a la vorágine globalizadora de los últimos lustros, yace aún en la poesía del norte un sustrato folclórico. Sylvester explica que la región existe no como una cláusula reducidora. "Hay particularidades, asuntos, valores, virtudes y defectos que no son idénticos en otras partes, o que si lo son, se diferencian por la mezcla, por la proporción de sus combinaciones", afirma.
Recorrer esta copiosa antología implica sumergirse en diversos mundos y honduras poéticas que van desde el tono confesional, hasta lo paisajístico, místico, filosófico y cósmico. Tucumán está representado por Mario Bravo, Sixto Pondal Ríos, María Elvira Juárez, Guillermo Orce Remis, Julio Ardiles Gray, Hugo Foguet, Juan José Hernández, Juan E. González, Dora Fornaciari, Arturo Alvarez Sosa, Francisco Galíndez, Mario Romero, Inés Aráoz, Rogelio Ramos Signes, Manuel Martínez Novillo, Maisi Colombo, Ricardo Gandolfo y Leonor García Hernando. Creemos que las voces de Manuel Aldonate, Carola Briones, José Augusto Moreno, Manuel Serrano Pérez, Lucho Díaz y Ariadna Chaves merecen ocupar un lugar en una antología de la poesía del Noroeste Argentino. Más allá de las omisiones, este valioso trabajo permite echar una mirada vasta a lo largo de cien años sobre la producción de nuestros creadores. (c) LA GACETA
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