30 Mayo 2004 Seguir en 

"No hay fe ni verdad en América, ni entre los hombres ni entre las naciones. Los tratados son pedazos de papel, las constituciones son libros, las elecciones batallas, la libertad anarquía y la vida tormento". Con este pensamiento de Simón Bolívar, que bien podría corresponder a la descripción actual de algunos de los países de Latinoamérica y entre ellos la Argentina, José Ignacio García Hamilton introduce la biografía "Simón. Vida de Bolívar", de reciente aparición.
Y este sea, tal vez, uno de los mayores valores de esta obra: sacar a la luz la génesis de las dificultades que hoy continúan vigentes en el continente.
La lucha por la independencia de las colonias españolas estuvo surcada por internas políticas difíciles de entender. Resulta tedioso interpretar las disputas entre los comandantes de las fuerzas y las autoridades políticas, diversificadas, además, en pequeños territorios.
Si la comprensión se dificulta en la propia geografía, se complica mucho más cuando el entramado se desarrolla en espacios desconocidos, con el marco de selvas, montañas y pueblos de nombres ignotos. Tal vez, por esta razón, la lucha por la independencia de las actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Bolivia se simplifique para los argentinos en la anécdota escolar del encuentro de Guayaquil, en el que la generosidad de José de San Martín se vio doblegada por el egocentrismo de Simón Bolívar.
A esta deficiencia apunta José Ignacio García Hamilton en "Simón. Vida de Bolívar", traduciendo de una manera amena, pero a la vez minuciosa, cada uno de los intríngulis producidos en la guerra por la emancipación en el extremo norte del continente.
Y lo hace al estilo de sus conocidas biografías, "Vida de un ausente", "Cuyano alborotador", y "Don José", entrecruzando la historia con la recreación de escenas en las que los personajes adquieren vida más allá de lo que los documentos pueden corroborar.Y como en sus obras anteriores, enmarca la historia de las batallas y de los Congresos con el relato de la vida personal de un Bolívar signado desde pequeño por la muerte y por el abandono de sus seres queridos, herida que arrastrará durante toda su existencia y que se hará presente en los momentos cruciales de su destino político.
En este nuevo libro, García Hamilton insiste en adscribir al pensamiento de otro de sus biografiados, Juan Bautista Alberdi, en cuanto a que "no es posible conocer la vida pública sin conocer la vida privada de un hombre público". Y en esta línea logra completar la biografía tradicional de Bolívar con aquellos aspectos privados, algunos conocidos como anécdotas, aunque no ensamblados en el relato de su gesta por la independencia.
Desde su complejo de abandono en la infancia, el autor explica varias de las contradicciones del general, incluida su traición a Francisco Miranda, y sobre todo sus ansias de grandeza que alientan el proyecto de transformarse en el libertador de la totalidad de las colonias del Imperio Español, incluidas las Filipinas, y hasta la expulsión de los portugueses del Brasil. "César en las Galias amenazaba a Roma, mientras que yo en Bolivia amenazo a todos los conspiradores de América y salvo, por consiguiente, a todas las repúblicas", escribe Bolívar, al tiempo que exige a los pueblos reconquistados que le rindan honores de emperador romano.
El Bolívar de García Hamilton está alejado de la estampa tradicional, esa que muestra a los soldados de la independencia siempre aclamados por ciudadanos agradecidos por la ofrenda de sus vidas en pos de la libertad. Tanto el general como sus subalternos deben lidiar con dos frentes simultáneos: por un lado, la guerra contra los españoles y, por el otro, el enfrentamiento con la población local que insistía en conservar el yugo colonial. "Partió hacia allí poseído de furia y dispuesto a aplastar a sangre y fuego el levantamiento de estos malditos criollos, que se empecinaban en seguir siendo españoles y se dejaban manejar por un salvaje", relata García Hamilton en alusión al levantamiento de Pasto, en el actual territorio de Colombia, liderado por el indio Agualongo, uno de los tantos movimientos que debió sofocar el Libertador durante sus campañas.
Otro rasgo que aparece con nitidez en esta biografía es el tironeo permanente de un Bolívar que se debate entre sus ideas republicanas aprendidas en Europa y la realidad de su tierra natal en donde debe aplicarlas. Ante la preocupación de que los indios, negros y mulatos pudieran cometer atentados contra la gente de bien en uno de los territorios liberados, el autor le hace decir a Bolívar: "No tema usted por las castas. Las adulo porque las necesito, pero la democracia está en mis labios, mientras que a la aristocracia -se señaló el corazón- se la lleva acá". En otro pasaje, durante una conversación con un agente de Inglaterra, bajo cuya protección planeó poner los territorios reconquistados, el general afirma: "Nuestra población está integrada por indios y negros todavía más ignorantes que la vil raza de los españoles". Y en este pensamiento basa su proyecto político de instaurar en América una presidencia vitalicia, con un senado hereditario, para evitar la anarquía de las elecciones.
Para este desprecio por la población criolla, García Hamilton también encuentra una explicación en los orígenes de los Bolívar, sospechados de antepasados bastardos. Simón había crecido con el mote de "longanizo", que era como entonces se nombraba a las familias tradicionales mezcladas con indios y mulatos.
Y en la combinación del abandono con la discriminación de la infancia también el autor fundamenta la permanente competencia que Bolívar entablaba con los generales de su Estado Mayor, y con cualquiera que pudiera proyectar una mínima sombra sobre su figura. "...Sería muy oportuno que se haga un preámbulo en La Gaceta de nuestras glorias respectivas. Sucre tenía mayor número de tropas que yo y menor número de enemigos; el país le era muy favorable y nosotros estábamos lidiando con los demonios", escribe a uno de sus oficiales en alusión al triunfo de aquel general en Pichincha.
En medio de tanta tribulación, el "Simón" de García Hamilton se da tiempo para la galantería, también referida como herencia de su padre, Juan Vicente de Bolívar y Ponte, denunciado ante el obispo por sus abusos a mujeres solteras y casadas en su estancia de San Mateo. Tras un matrimonio de apenas siete meses interrumpido por la muerte de su esposa, Bolívar no volvió a casarse pero sedujo a cuanta mujer se le cruzó en el camino. La figura de Manuela Sáenz, su amante más conocida, aparece con un perfil masculinizado, con tendencias homosexuales y debilidad por la bebida, características que divierten al general que, entre batalla y batalla, brinda por sus triunfos triturando copas y platos mientras camina sobre las mesas.
El libro cuenta con el respaldo de una abundante bibliografía y, según expresa el autor en sus agradecimientos, con el recorrido de cada uno de los lugares en los que estuvo Simón Bolívar, lo que explica las descripciones casi fotográficas que acompañan esta biografía de una personalidad que, desde ahora, será más comprensible para los argentinos. (c) LA GACETA
Y este sea, tal vez, uno de los mayores valores de esta obra: sacar a la luz la génesis de las dificultades que hoy continúan vigentes en el continente.
La lucha por la independencia de las colonias españolas estuvo surcada por internas políticas difíciles de entender. Resulta tedioso interpretar las disputas entre los comandantes de las fuerzas y las autoridades políticas, diversificadas, además, en pequeños territorios.
Si la comprensión se dificulta en la propia geografía, se complica mucho más cuando el entramado se desarrolla en espacios desconocidos, con el marco de selvas, montañas y pueblos de nombres ignotos. Tal vez, por esta razón, la lucha por la independencia de las actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Bolivia se simplifique para los argentinos en la anécdota escolar del encuentro de Guayaquil, en el que la generosidad de José de San Martín se vio doblegada por el egocentrismo de Simón Bolívar.
A esta deficiencia apunta José Ignacio García Hamilton en "Simón. Vida de Bolívar", traduciendo de una manera amena, pero a la vez minuciosa, cada uno de los intríngulis producidos en la guerra por la emancipación en el extremo norte del continente.
Y lo hace al estilo de sus conocidas biografías, "Vida de un ausente", "Cuyano alborotador", y "Don José", entrecruzando la historia con la recreación de escenas en las que los personajes adquieren vida más allá de lo que los documentos pueden corroborar.Y como en sus obras anteriores, enmarca la historia de las batallas y de los Congresos con el relato de la vida personal de un Bolívar signado desde pequeño por la muerte y por el abandono de sus seres queridos, herida que arrastrará durante toda su existencia y que se hará presente en los momentos cruciales de su destino político.
En este nuevo libro, García Hamilton insiste en adscribir al pensamiento de otro de sus biografiados, Juan Bautista Alberdi, en cuanto a que "no es posible conocer la vida pública sin conocer la vida privada de un hombre público". Y en esta línea logra completar la biografía tradicional de Bolívar con aquellos aspectos privados, algunos conocidos como anécdotas, aunque no ensamblados en el relato de su gesta por la independencia.
Desde su complejo de abandono en la infancia, el autor explica varias de las contradicciones del general, incluida su traición a Francisco Miranda, y sobre todo sus ansias de grandeza que alientan el proyecto de transformarse en el libertador de la totalidad de las colonias del Imperio Español, incluidas las Filipinas, y hasta la expulsión de los portugueses del Brasil. "César en las Galias amenazaba a Roma, mientras que yo en Bolivia amenazo a todos los conspiradores de América y salvo, por consiguiente, a todas las repúblicas", escribe Bolívar, al tiempo que exige a los pueblos reconquistados que le rindan honores de emperador romano.
El Bolívar de García Hamilton está alejado de la estampa tradicional, esa que muestra a los soldados de la independencia siempre aclamados por ciudadanos agradecidos por la ofrenda de sus vidas en pos de la libertad. Tanto el general como sus subalternos deben lidiar con dos frentes simultáneos: por un lado, la guerra contra los españoles y, por el otro, el enfrentamiento con la población local que insistía en conservar el yugo colonial. "Partió hacia allí poseído de furia y dispuesto a aplastar a sangre y fuego el levantamiento de estos malditos criollos, que se empecinaban en seguir siendo españoles y se dejaban manejar por un salvaje", relata García Hamilton en alusión al levantamiento de Pasto, en el actual territorio de Colombia, liderado por el indio Agualongo, uno de los tantos movimientos que debió sofocar el Libertador durante sus campañas.
Otro rasgo que aparece con nitidez en esta biografía es el tironeo permanente de un Bolívar que se debate entre sus ideas republicanas aprendidas en Europa y la realidad de su tierra natal en donde debe aplicarlas. Ante la preocupación de que los indios, negros y mulatos pudieran cometer atentados contra la gente de bien en uno de los territorios liberados, el autor le hace decir a Bolívar: "No tema usted por las castas. Las adulo porque las necesito, pero la democracia está en mis labios, mientras que a la aristocracia -se señaló el corazón- se la lleva acá". En otro pasaje, durante una conversación con un agente de Inglaterra, bajo cuya protección planeó poner los territorios reconquistados, el general afirma: "Nuestra población está integrada por indios y negros todavía más ignorantes que la vil raza de los españoles". Y en este pensamiento basa su proyecto político de instaurar en América una presidencia vitalicia, con un senado hereditario, para evitar la anarquía de las elecciones.
Para este desprecio por la población criolla, García Hamilton también encuentra una explicación en los orígenes de los Bolívar, sospechados de antepasados bastardos. Simón había crecido con el mote de "longanizo", que era como entonces se nombraba a las familias tradicionales mezcladas con indios y mulatos.
Y en la combinación del abandono con la discriminación de la infancia también el autor fundamenta la permanente competencia que Bolívar entablaba con los generales de su Estado Mayor, y con cualquiera que pudiera proyectar una mínima sombra sobre su figura. "...Sería muy oportuno que se haga un preámbulo en La Gaceta de nuestras glorias respectivas. Sucre tenía mayor número de tropas que yo y menor número de enemigos; el país le era muy favorable y nosotros estábamos lidiando con los demonios", escribe a uno de sus oficiales en alusión al triunfo de aquel general en Pichincha.
En medio de tanta tribulación, el "Simón" de García Hamilton se da tiempo para la galantería, también referida como herencia de su padre, Juan Vicente de Bolívar y Ponte, denunciado ante el obispo por sus abusos a mujeres solteras y casadas en su estancia de San Mateo. Tras un matrimonio de apenas siete meses interrumpido por la muerte de su esposa, Bolívar no volvió a casarse pero sedujo a cuanta mujer se le cruzó en el camino. La figura de Manuela Sáenz, su amante más conocida, aparece con un perfil masculinizado, con tendencias homosexuales y debilidad por la bebida, características que divierten al general que, entre batalla y batalla, brinda por sus triunfos triturando copas y platos mientras camina sobre las mesas.
El libro cuenta con el respaldo de una abundante bibliografía y, según expresa el autor en sus agradecimientos, con el recorrido de cada uno de los lugares en los que estuvo Simón Bolívar, lo que explica las descripciones casi fotográficas que acompañan esta biografía de una personalidad que, desde ahora, será más comprensible para los argentinos. (c) LA GACETA
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