Un largo camino

Homenaje a los 90 años de la Universidad Nacional de Tucumán.

23 Mayo 2004
La más rápida mirada a la historia de Tucumán muestra lo antiguo de la inquietud por una educación superior. En 1782, los frailes de San Francisco recordaban al Cabildo que desde más de dos siglos atrás atendían la educación de los niños en las primeras letras "y la de los jóvenes en la Latinidad". Por las "Tablas capitulares" del convento, se sabe que se designaron profesores para cátedras de Derecho, de Filosofía y de Teología.
Por otro lado, los frailes de Santo Domingo abrieron en 1802 su cátedra de Filosofía, que funcionó regularmente por lo menos hasta 1805 y luego con intermitencias. En 1840, los franciscanos empezaron de nuevo a dictar cursos de Filosofía, de Teología y de Derecho, que se extendieron, con interrupciones, por varias décadas. Después, si las guerras y conflictos ponen largos paréntesis en la instrucción primaria, ni qué decir lo que ocurre con el estadio superior. Es sabido que la tradición escolar arranca recién en 1858, cuando Amadeo Jacques se pone al frente del Colegio San Miguel, y en 1864 se funda el Colegio Nacional.
Un antecedente interesante se abrió con los "Cursos libres de Derecho", que empiezan en 1872. Al inaugurarlos, el doctor Arsenio Granillo decía a los jóvenes que "en vosotros se ensaya la futura Universidad del Norte, que responde a una necesidad sentida de esta parte de la República". Parecía tener razón. En 1875 -el mismo año en que se inaugura la Escuela Normal- la Sala de Representantes, entusiasmada por los cursos, instituye "una Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Políticas, que servirá de plantel a la Universidad Provincial que se fundará después en esta capital".
Atendían esa Facultad -en la que llegaron a graduarse dos doctores en Jurisprudencia- profesores pagados por el Colegio Nacional, en cuyo local se dictaban las clases. Cuando la Nación dispuso terminar ese sistema, la casa languideció, y en 1882 simplemente se derogó la ley de creación. Antes de eso, en 1880, el Gobierno Provincial pedía al Ministerio del Interior -sin éxito- la creación de una Facultad de Mecánica en Tucumán.
En 1882, se funda la Sociedad Sarmiento. Es el centro que nuclea a la gente con intereses intelectuales. Cuando se inicia el siglo XX, actúa allí un grupo de personas inquietas y talentosas. Los más jóvenes son Juan B. Terán, Alberto Rougés, Julio López Mañán, Juan Heller, José Lucas Penna. Algo mayores son Ernesto Padilla y José Ignacio Aráoz, entre otros. Apoyan a Ricardo Jaimes Freyre en la fundación de la Revista de Letras y Ciencias Sociales, que lleva como redactores a Terán y López Mañán. Se acerca al grupo, venciendo su natural hosquedad, el sabio Miguel Lillo, hombre a quien todos tributan gran respeto.
En 1905, hay un recambio generacional en la Sarmiento. Asume la presidencia Julio López Mañán, de 27 años, como sucesor de Pedro Alurralde, de 60. Plantea López Mañán la iniciativa de los "Cursos libres", que recién se plasmarán al año siguiente, cuando se inicia la presidencia de Juan B.Terán.
Terán inaugura el ciclo el 11 de setiembre de 1906. En su discurso, lanzará la idea de la Universidad. Los cursos obedecen a "un estado de espíritu social", y atienden a un llamado del porvenir. Tucumán ya tuvo su instituto universitario en 1875. Pero esto tiene otro espíritu. Se vincula con la idea de Joaquín V. González, el fundador de la Universidad de la Plata, quien proponía formar "muchos locales de ciencia y educación" en las ciudades argentinas. Los cursos tienen caracter de "extensión universitaria". No llevaban a ningún título ni preparaban para ninguna profesión, pero "su tendencia es de enseñanza superior".
Si a los cursos, dice Terán, se los enlaza con la biblioteca de la Sarmiento, el Instituto de Bacteriología y los proyectados Museo de Historia Natural y Escuela de Bellas Artes, quedan enumerados "los elementos que han de federarse en la futura Universidad de Tucumán". La idea es clara. No se trata de crear instituciones nuevas, sino de unir las existentes con un espíritu universitario. Tal es lo práctico, lo posible.
Aparecen más instituciones, creadas por ley: la Estación Experimental Agrícola (1907), el anunciado Museo (1908) y la Academia de Bellas Artes (1909). Terán es reelegido presidente de la Sarmiento en 1907 y en la "memoria" de ese período machaca sobre su idea. "Poco a poco, la Sociedad Sarmiento prepara el ambiente necesario para radicar luego una institución de enseñanza superior", dice. Habla concretamente de "la posibilidad y la necesidad de la Universidad de Tucumán". En abril de 1909, en su último mensaje a la Legislatura, el gobernador Luis F. Nougués afirma que "no es justo que el norte de la república carezca de institutos de enseñanza superior".
Meses después, el 9 de octubre de 1909, Terán -quien es diputado a la Legislatura- considera llegado el momento. Presenta el proyecto de creación de la Universidad de Tucumán. Serán cuatro departamentos principales: Facultad de Letras y Ciencias Sociales, Sección Pedagógica, Sección de Química, Sección de Bellas Artes. Le agrega una Escuela de estudios comerciales y otra de notarios y procuradores. Incorpora como institutos anexos el Museo de Productos Naturales y Artificiales, el Laboratorio de Bacteriología, la Oficina Química y la Estación Experimental, así como el Archivo Histórico, que se formará con los documentos antiguos del Archivo General. En los fundamentos, advierte que "esta Universidad de Tucumán que se proyecta es una institución modesta", y "es fuerza que así sea". Como es preciso que "viva espontáneamente, sin galvanismo pasajero", será por ahora "la federación de instituciones actuales, coordinadas para fines educativos".
El diario La Nación impugna la idea, en un editorial. La Universidad tucumana no servirá sino para aumentar el prestigio de las Universidades "históricas", y será en última instancia, vaticina, "un organismo inútil, que a pura pérdida distraerá recursos importantes". Terán replica. Es evidente que La Nación no ha captado el espíritu novedoso del proyecto, que pasa a detallar. Diputados aprueba la iniciativa -tras una nueva y extensa fundamentación de Terán- y la pasa al Senado. Allí quedará encarpetada durante tres años.
La prensa tucumana publica, de tanto en tanto, notas editoriales de apoyo y de reclamo por la demora. En su conferencia en la Sarmiento (julio de 1910) Rodolfo Rivarola afirma que en Tucumán están dadas las condiciones para que exista una Universidad, aunque piensa que debe ser nacional. Lo mismo ha opinado el senador nacional Alberto de Soldati, al fundamentar en el Congreso su ley de creación de la Escuela de Comercio de Tucumán (1909).
Terán sigue esperando que los senadores traten su proyecto. Entretanto, no tiene más remedio que intervenir en las turbulencias que desata la ecisión del partido oficial en "constitucionales" y "conservadores". En una ocasión, aclara: "no he rehuído mi colaboración escasa a los partidos políticos -lo tengo por honor- y dentro de ellos he buscado afirmar el prestigio y el desarrollo de la cultura, por cuya culpa padece mil veces más el país que por los fraudes electorales: toda mi carrera política es un proyecto de Universidad" (febrero de 1912).
Recién en junio de 1912, el Senado de la Provincia trata el proyecto de Terán. Con algunas modificaciones de detalle se lo aprueba. La votación es laboriosa: hay empate en dos intentos, y termina desempatando por la afirmativa el presidente de la Cámara, doctor Manuel I. Esteves.
Vuelve a Diputados, donde se considera sobre tablas y se aceptan los cambios del Senado. Así, la ley queda sancionada, a dos años y seis meses de su presentación. El 2 de julio, la promulga el gobernador, doctor José Frías Silva.
En diciembre, las elecciones de gobernador dan el triunfo al doctor Ernesto E. Padilla, quien asume el 2 de abril de 1913. Padilla designa, en octubre, al "Consejo Superior, fundador de la Universidad de Tucumán". Este se constituye y sanciona la "Ordenanza preliminar" de la casa, a comienzos de diciembre. El 24, por unanimidad, nombra rector a Juan B. Terán. El 11 de mayo de 1914 se inician las clases de la Universidad.
Cuatro días antes, la casa ha adoptado el lema Pedes in terra ad sidera vultus (al año siguiente, vultus se cambiaría por visus).
El lunes 25 de mayo de 1914, hace noventa años, es la inauguración oficial. Entre los invitados de otras provincias, se destaca el doctor Joaquín V. González. El acto se desarrolla después del Te Deum y del desfile de la fecha patria, en la Escuela Sarmiento. Es el sitio apropiado, por su significado en la tradición educativa de Tucumán: fue la sede del Colegio San Miguel de Amadeo Jacques, del Colegio Nacional y de la efímera Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Políticas.
Los discursos están a cargo del gobernador Padilla, del rector Terán y del doctor González. La pieza de Terán es un clásico, colmada de ideas para el presente y de propósitos para el futuro. La Universidad no es una improvisación, sino una precipitación de elementos vivos y de necesidades ciertas de Tucumán. Es "hija de su siglo" y viene a "servir la misión de su siglo". Esto es, "estudiar las verdades concretas de un suelo ignorado" y "cooperar a la realización del destino económico de una vasta región argentina". No repetirá las tradiciones doctorales de Córdoba o de Buenos Aires, ya que se considera una continuadora de la Universidad de la Plata: abre las ventanas sobre la naturaleza, pero no deja de conservar lo mejor de las viejas universidades: "la sugestión de la solidaridad de todas las ciencias y la unidad esencial de sus verdades". Es además "una fundación moral", porque no se estudia para saber sino para aprender. Y tiene una finalidad política: "ser un instrumento de equilibrio" en la región, "señalando rumbos económicos, avivando fuentes de riqueza, reteniendo su juventud, que es un tesoro que pierde todos los dísas, centuplicando por la irradiación del aula el sentimiento de sus necesidades prácticas y su fe en el porvenir".
El discurso de Padilla revela la fe con que se ponía en marcha la casa -"bajo la protección de Dios y de la patria" - y el destino grande que le auguraba. "¡Que parezca siempre digna de los votos plenos que formulamos; que los hombres directivos sepan en todo tiempo guardarlos con honor y cumplir la misión que se les confía; que el pueblo la rodee con su adhesión y respeto y la reciba con el significado trascendental del beneficio que la inspira en su favor; y que, por las proyecciones que alcance, permita que la posteridad señale esta fecha para honor y gloria de nuestra generación ! ". (c) LA GACETA

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