Un memorioso y un gran observador

Por Roberto Espinosa

23 Mayo 2004
Se suele decir que todo pueblo que no conserva la memoria pierde su identidad y carece de futuro. Sin pasado, sin historia, no somos nada. Miguel de Unamuno separaba la historia oficial de la intrahistoria. Esta última es la que registra los episodios y los personajes de la vida cotidiana que construyen la identidad y la idiosincrasia de una comunidad y forman parte de su memoria colectiva.
El progreso, la modernidad, la globalización dejaron en el baúl del tiempo costumbres, modas, lugares, que alimentaron la vida cotidiana de San Miguel de Tucumán hasta hace pocas décadas. Esos duendes y ecos del ayer reviven en las crónicas de "Tucumán y sus barrios", que fueron publicadas como una saga en el suplemento de Espectáculos de LA GACETA en 1995. El memorioso Héctor Costilla Pallares, periodista, hombre de radio, pasea sus recuerdos por aquel Tucumán de los años 40, 50 y 60. De su pluma brotan, por ejemplo, los mendigos que habían hecho de la plaza Independencia, su casa. "Eran personajes que se inscribieron en la ciudad sin dar sus datos personales", dice Costilla Pallares. Y evoca a "Panchito" que recorría el centro cantando, anunciándoles a los comerciantes que ya era hora de cerrar; el inofensivo "Catita" o "Cola i'chancho", que arrojaba una artillería de insultos cuando alguien lo llamaba por ese apelativo. Pero quien ocupa un capítulo especial es el legendario "Loco Vera", que deambulaba por las calles con un tarrito vacío en una mano, un palo en la otra y los pantalones a media canilla.
Hieleros, cocheros, carros lecheros, "brujas que le cambiaban el rostro a la inocencia", bohemios, fondines, músicos, peluqueros, bares, cafés, cines, películas, personajes de Villa Luján, Villa Alem, la plazoleta Mitre, El Bajo, La Ciudadela, el parque 9 de Julio con sus grandes espectáculos, la plazoleta Dorrego, la Esquina Norte, Floresta, la plaza Alberdi ("tímida de día, audaz de noche") reviven en este paisaje del ayer. El autor evoca episodios que circularon durante muchos años por las charlas de café y de entrecasa, como, por ejemplo, aquel de la elefanta Ernestina que un circo dejó abandonada porque era vieja, donde hoy es la escuela Patricias Argentinas.
Costilla Pallares es, por cierto, no sólo memorioso, sino también un gran observador. Al leer estas crónicas periodísticas, se tiene la sensación de estar en una mesa de café, escuchando a un amigo que habla en voz alta con un entrañable amor por ese pasado del cual él ha sido testigo. "Tucumán y sus barrios", que está ilustrado por Héctor Palacios, Ricardo Heredia y Russo (Miguel Nieto), trae a la vida ese pasado urbano que forma parte de la identidad de la ciudad. (c) LA GACETA

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