Oliverio Girondo quería decir algo nuevo y diferente en cada línea

Por Carlos Gazzera

23 Mayo 2004
Este libro de Oliverio Girondo viene a recuperar un conjunto de páginas del autor de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de los cuales el público contemporáneo no tenía más que vagas referencias. Entre esos textos, se encuentra una obra de teatro que se daba por perdida: nos referimos a La madrastra, escrita por el gran Oliverio en colaboración con René Zapata Quesada.
Al parecer, Oliverio Girondo escribió con Zapata Quesada, su gran amigo de infancia y juventud, más de una obra de teatro. Sin embargo, La madrastra fue la única que una vez terminada fue estrenada. Su puesta en escena se remonta al 30 de noviembre de 1915 y se cree que su permanencia en las tablas del Teatro Apolo no se prolongó más allá de un par de semanas. Hasta el presente, se conocía de su existencia por unas pocas referencias publicadas en la prensa de la época. Su primer crítico, con todo, fue Ramón Gómez de la Serna, quien la calificó de obra "maeterlinckiana" (en clara referencia a los influjos que sobre Oliverio podría haber ejercido Maurice Maeterlinck (Premio Nobel 1911).
Como señala Gonzalo Aguilar en el Estudio Preliminar de este libro, decir que la lectura de La madrastra decepciona es colocar la atención en un lugar incorrecto. Son muy pocos los textos conocidos de Oliverio Girondo publicados en la década del diez. Eso ha ayudado a consolidar la idea de que Oliverio Girondo apareció a la gran literatura de la nada y que su primer libro, Veinte poemas... (de 1922) no tiene, no reconoce, un derrotero previo, lleno de trabajos, de idas y venidas.
Como nos recuerda aquí Aguilar, Girondo admiraba por aquellos años a Rubén Darío y su ideal de escritor se identificaba más con el modelo decadentista que con el modelo vanguardista. Hoy, sin embargo, ninguno de estos textos modificará la importancia que tiene la literatura de Girondo para las letras argentinas del siglo XX. Por eso, aunque la mayoría de estos textos sean pobres en cuanto a su calidad literaria, ellos configuran una prehistoria del Girondo que conocemos, significan una ventana ineludible a esa cocina, a ese suelo en el que se cimentó una de las obras más radicalmente vanguardistas y provocadoras de la literatura de habla hispana.
La diligencia y otras páginas compila un total de nueve textos. Los más importantes son, sin duda, La madrastra y el breve relato que le da nombre al libro, La diligencia. Entre los más interesantes, literariamente hablando, podemos rescatar Puesto de verduras, Expedición a Quilmes y Diario de Roma. En todos ellos podemos apreciar el laboratorio de escritura, los escarceos, los intentos de escribir de Oliverio Girondo como si en cada línea fuera necesario decir algo diferente, algo sustancialmente nuevo.
Como todos los títulos de la colección "Cuadernos de Antaño", de Ediciones Simurg, cada libro es introducido por un especialista que les otorga grosor a los textos que se recuperan. En esta oportunidad el encargado, Gonzalo Aguilar, lo hace con mucha solvencia, dándole a cada uno de estos textos la justa importancia que tiene en la obra del autor. Complementa este Estudio Preliminar un exhaustivo informe del editor de los textos, Gastón Gallo, donde se da cuenta del estado, anotación e intervenciones que cada uno de estos nueve textos de Girondo requirieron. La edición recupera algunos de los dibujos que acompañan los originales y releva todas las anotaciones que el propio Oliverio dejó al margen de sus papeles. Excelente trabajo que dignifica el esfuerzo de un sector de la edición argentina, el de los editores independientes que, con gestos como estos, nos demuestran que publicar libros es algo más que un mero negocio. Publicar libros es, sobre todo, editar cultura. Ese es el gesto, nos parece, que debemos respaldar los lectores argentinos. (c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios