23 Mayo 2004 Seguir en 

La fundación de la Universidad Nacional de Tucumán ocurrió en un momento muy favorable para la Provincia. Ya numerosos viajeros habían alabado la fertilidad de sus tierras, la belleza y la diversidad de sus paisajes, la existencia de una sociedad culta y abierta. Tucumán era el "Jardín de la República". Además era la primera provincia argentina que poseía una industria: la instalación de los ingenios azucareros constituía una gran esperanza para la economía de Tucumán. La ciudad esperaba la presencia de ilustres visitantes que llegarían dos años después para celebrar la fecha que marcaba el centenario del acontecimiento más importante del país: la declaración de su independencia.
Además la ciudad tenía ya un ambiente propicio para las empresas culturales.
Existían círculos literarios, publicaciones -entre ellas LA GACETA, fundada en 1912-, centros de estudios, etcétera. En la Sociedad Sarmiento, una élite intelectual ya hablaba y proyectaba esa Universidad que fue primero provincial y, casi inmediatamente después, nacional.
La Universidad de Tucumán fue la primera en el norte del país y su influencia se extendió a las provincias vecinas con la creación de centros de investigación y enseñanza. Nació con el lema Pedes in Terra ad sidera visus -Los pies en la tierra y la mirada hacia las estrellas-, expresión del sentido que los fundadores querían darle a la institución: un arraigo en la Tierra que permitiera mirar más allá, hacia lo alto. Como un árbol que, cuando más hondas son sus raíces más arriba puede llegar y recibir los vientos que vienen de todos los ámbitos. Como la serpiente emplumada de los mexicanos que, arrastrándose por la tierra tenía plumas para volar como los pájaros. Estos símbolos que aluden a una totalidad se relacionan con la idea misma de Universidad, la originaria Universitas, que aspiraba a abarcar todo conocimiento, toda la ciencia que abarcara la conciencia del hombre.
Desde sus comienzos la Universidad tuvo una gran influencia sobre el medio. Por ejemplo: cambió la situación de las mujeres. Anteriormente los padres enviaban a sus hijos a estudiar a Buenos Aires o a Córdoba, pero sus hijas sólo podían recibirse de maestras. Se consideraba impropio que las señoritas viajaran y vivieran solas en otro lugar que no fuera la casa de sus padres. Podían seguir practicando el piano, el francés o la pintura, pero más bien como un adorno femenino que como una profesión.
Actualmente no hay carrera universitaria en la que las mujeres estén excluidas.
Naturalmente que también favoreció la posibilidad de ingresar, a la Universidad, a muchos jóvenes cuya familia, por diversas causas, no podía mandarlos a estudiar afuera. Así se formó una amplia clase profesional de importante actuación en la provincia. Acudieron estudiantes de provincias y de naciones vecinas. Y la Universidad siguió creciendo.
Los descubrimientos científicos; la aparición de nuevas tecnologías; la irrupción de nuevas corrientes en las disciplinas humanísticas; la constante renovación en el campo del conocimiento obligaron a abrir nuevas carreras, nuevas especialidades, de tal manera que la Universidad creció y se diversificó siguiendo el ritmo de un tiempo cada vez más acelerado. Inserta en una provincia y en un país determinado, también sufrió sus crisis y sus problemas. Sufrió el choque de las revoluciones, los golpes de Estado, los horrores del Proceso -con las intervenciones, cesantías y desapariciones- las huelgas, las crisis económicas, hasta la nostalgia de algún gran proyecto fracasado. Pero lo cierto es que siempre pudo superar las crisis y seguir creciendo. Por sus aulas y sus institutos pasaron personalidades de gran nivel intelectual, tanto argentinos como extranjeros. Nombrar a algunos en este breve espacio implicaría siempre una injusticia en cuanto a los nombres no citados; pero Tucumán los conoce y reconoce su obra.
Otro rasgo que siempre estuvo presente en los noventa años de vida de la Universidad es el constante interés por su tierra. En los programas de investigación, los temas relacionados con Tucumán, tanto como los de norte argentino, estuvieron siempre presentes. Se estudiaron y se estudian los temas regionales relacionados con la historia, la literatura, la geografía, la arqueología, etcétera, de la región. Su relación con la Fundación Miguel Lillo, resultado de la donación del sabio y de la obra de los fundadores, permitió el estudio de la flora y de la fauna de Tucumán y dio como uno de sus resultados la edición de una obra monumental de prestigio universal. También desde la época de los fundadores e impulsada por Alberto Rougés, Alfonso Carrizo recogió los cantares tradicionales del norte argentino. Actualmente continúan los estudios regionales, la historia del pensamiento argentino, de la religiosidad popular, de los yacimientos arqueológicos, del arte y la literatura en Tucumán... etcétera.
Si los problemas y los logros de Tucumán estuvieron siempre presentes en las aulas y en los institutos, en la docencia y en la investigación, también la extensión universitaria tiene una importante presencia en nuestra provincia. Los dos grandes centros culturales de la ciudad, el "Flavio Eugenio Virla" y el "Alberto Rougés", estrechamente ligados a la Universidad, tienen una constante actividad en cuanto a exposiciones, conciertos, cursos, conferencias y representaciones teatrales. Todos los años la Universidad publica una gran cantidad de libros, tanto de las Ediciones del Rectorado como de las que realizan las distintas facultades. Además, la Universidad presta ayuda a su provincia de distintas maneras. Por ejemplo, los cursos dedicados a la tercera edad; la presencia de los estudiantes de Medicina en Centros de Atención Primaria de la Salud; las iniciativas de las Facultades de Agronomía o de Ingeniería en ayuda a la comunidad, entre muchísimos otros.
Como toda organización humana, la Universidad tiene actualmente problemas, pero creemos que las autoridades tienen la capacidad necesaria para resolverlos. Y también, que los tucumanos debemos estar orgullosos de nuestra Universidad. Aunque en estos momentos el Jardín donde está situada se encuentre más bien marchito. (c) LA GACETA
Además la ciudad tenía ya un ambiente propicio para las empresas culturales.
Existían círculos literarios, publicaciones -entre ellas LA GACETA, fundada en 1912-, centros de estudios, etcétera. En la Sociedad Sarmiento, una élite intelectual ya hablaba y proyectaba esa Universidad que fue primero provincial y, casi inmediatamente después, nacional.
La Universidad de Tucumán fue la primera en el norte del país y su influencia se extendió a las provincias vecinas con la creación de centros de investigación y enseñanza. Nació con el lema Pedes in Terra ad sidera visus -Los pies en la tierra y la mirada hacia las estrellas-, expresión del sentido que los fundadores querían darle a la institución: un arraigo en la Tierra que permitiera mirar más allá, hacia lo alto. Como un árbol que, cuando más hondas son sus raíces más arriba puede llegar y recibir los vientos que vienen de todos los ámbitos. Como la serpiente emplumada de los mexicanos que, arrastrándose por la tierra tenía plumas para volar como los pájaros. Estos símbolos que aluden a una totalidad se relacionan con la idea misma de Universidad, la originaria Universitas, que aspiraba a abarcar todo conocimiento, toda la ciencia que abarcara la conciencia del hombre.
Desde sus comienzos la Universidad tuvo una gran influencia sobre el medio. Por ejemplo: cambió la situación de las mujeres. Anteriormente los padres enviaban a sus hijos a estudiar a Buenos Aires o a Córdoba, pero sus hijas sólo podían recibirse de maestras. Se consideraba impropio que las señoritas viajaran y vivieran solas en otro lugar que no fuera la casa de sus padres. Podían seguir practicando el piano, el francés o la pintura, pero más bien como un adorno femenino que como una profesión.
Actualmente no hay carrera universitaria en la que las mujeres estén excluidas.
Naturalmente que también favoreció la posibilidad de ingresar, a la Universidad, a muchos jóvenes cuya familia, por diversas causas, no podía mandarlos a estudiar afuera. Así se formó una amplia clase profesional de importante actuación en la provincia. Acudieron estudiantes de provincias y de naciones vecinas. Y la Universidad siguió creciendo.
Los descubrimientos científicos; la aparición de nuevas tecnologías; la irrupción de nuevas corrientes en las disciplinas humanísticas; la constante renovación en el campo del conocimiento obligaron a abrir nuevas carreras, nuevas especialidades, de tal manera que la Universidad creció y se diversificó siguiendo el ritmo de un tiempo cada vez más acelerado. Inserta en una provincia y en un país determinado, también sufrió sus crisis y sus problemas. Sufrió el choque de las revoluciones, los golpes de Estado, los horrores del Proceso -con las intervenciones, cesantías y desapariciones- las huelgas, las crisis económicas, hasta la nostalgia de algún gran proyecto fracasado. Pero lo cierto es que siempre pudo superar las crisis y seguir creciendo. Por sus aulas y sus institutos pasaron personalidades de gran nivel intelectual, tanto argentinos como extranjeros. Nombrar a algunos en este breve espacio implicaría siempre una injusticia en cuanto a los nombres no citados; pero Tucumán los conoce y reconoce su obra.
Otro rasgo que siempre estuvo presente en los noventa años de vida de la Universidad es el constante interés por su tierra. En los programas de investigación, los temas relacionados con Tucumán, tanto como los de norte argentino, estuvieron siempre presentes. Se estudiaron y se estudian los temas regionales relacionados con la historia, la literatura, la geografía, la arqueología, etcétera, de la región. Su relación con la Fundación Miguel Lillo, resultado de la donación del sabio y de la obra de los fundadores, permitió el estudio de la flora y de la fauna de Tucumán y dio como uno de sus resultados la edición de una obra monumental de prestigio universal. También desde la época de los fundadores e impulsada por Alberto Rougés, Alfonso Carrizo recogió los cantares tradicionales del norte argentino. Actualmente continúan los estudios regionales, la historia del pensamiento argentino, de la religiosidad popular, de los yacimientos arqueológicos, del arte y la literatura en Tucumán... etcétera.
Si los problemas y los logros de Tucumán estuvieron siempre presentes en las aulas y en los institutos, en la docencia y en la investigación, también la extensión universitaria tiene una importante presencia en nuestra provincia. Los dos grandes centros culturales de la ciudad, el "Flavio Eugenio Virla" y el "Alberto Rougés", estrechamente ligados a la Universidad, tienen una constante actividad en cuanto a exposiciones, conciertos, cursos, conferencias y representaciones teatrales. Todos los años la Universidad publica una gran cantidad de libros, tanto de las Ediciones del Rectorado como de las que realizan las distintas facultades. Además, la Universidad presta ayuda a su provincia de distintas maneras. Por ejemplo, los cursos dedicados a la tercera edad; la presencia de los estudiantes de Medicina en Centros de Atención Primaria de la Salud; las iniciativas de las Facultades de Agronomía o de Ingeniería en ayuda a la comunidad, entre muchísimos otros.
Como toda organización humana, la Universidad tiene actualmente problemas, pero creemos que las autoridades tienen la capacidad necesaria para resolverlos. Y también, que los tucumanos debemos estar orgullosos de nuestra Universidad. Aunque en estos momentos el Jardín donde está situada se encuentre más bien marchito. (c) LA GACETA
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