
Erasmo se esmera en mostrar que la locura -o la necedad, o la estulticia- no es necesariamente algo negativo, peligroso, rechazable... Pues hay "dos clases de locura", dice Erasmo, citando además una frase de Horacio que habla de "una amable locura"; y agrega que esta otra locura "manifiéstase ordinariamente por cierto alegre extravío de la razón" (1).¿No sucede algo así también con la palabra corazón? No es que nos limitemos exclusivamente a la primera acepción del diccionario: "órgano de naturaleza muscular, impulsor de la circulación de la sangre..." etc. etc.; no es que ignoremos las otra acepciones más o menos metafóricas que también figuran: ánimo, valor, espíritu, amor, voluntad, benevolencia, centro de una cosa... La que sí parece haber sido soslayada es la noción del corazón como una muy particular fuente de conocimiento, distinto -por supuesto- del conocimiento racional, pero importante y necesario como aquel.
Así lo vio en su momento el matemático, físico y filósofo Blas Pascal. Su vida transcurre enmarcada en el racionalista siglo XVII; y como testimonio de su inserción en ese mundo están sus investigaciones y descubrimientos tanto en matemáticas como en física: el más temprano testimonio de su genio es el ensayo sobre Las secciones cónicas, publicado cuando tenía 17 años. Esa vocación teórica estuvo unida a su interés por cuestiones que lo llevaron a trabajar durante una década en el perfeccionamiento de su "máquina aritmética" -algo así como la primera calculadora de la historia- y a poner en marcha las "carrozas de cinco sueldos" -algo así como "la primera línea de ómnibus parisienses"-... (2).
Pero este científico racional y brillante dejó escrito lo siguiente: "dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón -3-" (3). Ni el racionalismo absolutizante ni el antirracionalismo ciego; porque si es cierto que el pensar "hace la grandeza del hombre -257-" ese pensar, a veces, "qué necio es..." -263-.
¿En qué consiste, para Pascal, esa necedad o sea -por su etimología- esa ignorancia? El lo aclara (?) así: "el corazón tiene sus razones que la razón no conoce; se sabe esto en mil cosas" -477-. Algo para remarcar: a este corazón pascaliano le corresponden no precisamente los afectos, los sentimientos, los impulsos... le corresponden "razones", pues "conocemos la verdad no sólo por la razón sino también por el corazón" -479-. Hay que aceptar que, a veces, "es preciso, de golpe, ver la cosa de una sola mirada, y no por continuación del razonamiento, a lo menos hasta cierto grado" -21-.
E inevitablemente salta a la memoria aquel texto de otro francés, Henri Bergson, quien casi trescientos años después de las secciones cónicas describiría la intuición (oponiéndola al análisis) como esa "?simpatía? por la cual nos trasladamos a lo interior de un objeto para coincidir con lo que tiene de único y por consiguiente de inexpresable" (4). Inexpresable porque, para H.B., la expresión -verbal o escrita- está inevitablemente vehiculizada por conceptos; y los conceptos son, también inevitablemente, formulaciones generales. Ya unos treinta años antes había escrito: "de esta manera... la individualidad se nos escapa. Nos movemos entre generalidades..." (5).
Estas afirmaciones de Bergson tienen que ver, sin duda, con el espíritu de esa época que se iba configurando como un distanciamiento de ciertos rasgos de la modernidad, en este caso, el pensar racionalista abstractizante. Pero tal vez hay algo más, algo que no tiene que ver ya con su momento histórico sino con una antigua tradición que enmarcaba su vida: Bergson era judío; y así, la pesquisa por el sentido de la palabra "corazón" abre una puerta que lleva mucho más lejos...
Sucede que la peculiaridad del pensamiento hebreo propone una "gnoseología" peculiar; para ella, el conocimiento no es una tarea exclusivamente racional (6) y eso puede verse claramente en el Antiguo Testamento. En el Libro de Sirácides, también llamado "Eclesiástico" -el versículo 6 del capítulo 7 dice de Dios: "les formó (a los hombres) un corazón para pensar"; y la nota a pie de página de la Biblia de Jerusalén aclara: "en la psicología israelita el corazón es la sede de la inteligencia". Por eso, "las resonancias que suscita la palabra ?corazón? no son idénticas en hebreo y en nuestra lengua... El hebreo... concibe el corazón... en un sentido mucho más amplio... contiene también los recuerdos y los pensamientos, los proyectos y las decisiones" (7). Y hubiera agregado Bergson: y la intuición y la simpatía y todo lo que es refractario al concepto.
Acaso la razón moderna, furiosamente racionalista, puesta en tela de juicio hace ya más de un siglo, sea también el resultado de un notable olvido; pues allá lejos y hace tiempo, parece que la palabra griega "nous", que suele traducirse por "mente" -o sea, "potencia intelectual del alma", dice el Diccionario de la Lengua- fue usada a veces, en los poemas homéricos y hasta en Herodoto, con el significado de "corazón" (8). Y después nos olvidamos... ¿No valdrá la pena re-cordar?, con el corazón, claro. Sobre todo, a la hora de educar... (c) LA GACETA.
NOTAS(1) Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, Ed. Orbis-Hyspamérica, Bs. As. 1984 p.101.
(2) A. Beguin, Pascal, Ed. Fondo de Cultura Económica, México 1989, pp 251 y 254.
(3) Blas Pascal, Pensamientos, Ed. Orbis-Hyspamérica, Bs. As. 1984. En cada cita el número entre guiones corresponde a la numeración de los Pensamientos, según las ediciones de J. Chevalier, publicadas entre 1945 y 1949.
(4) H. Bergson, La pensée et le mouvent, transcripto en A. Vasallo, Bergson, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1992, p. 71.
(5) H. Bergson, Le rire..., transcripto en A. Vasallo, ob. cit, p. 87.
(6) C. Tresmontant, Ensayos sobre el pensamiento hebreo, Ed. Taurus, Barcelona 1978, p. 176.
(7) X. León Dufour, Vocabulario de teología bíblica, Ed. Herder, Barcelona 1978, p. 189.
(8) Liddell & Scott, Greek-English Lexikon, Clarendon Press, Oxford MDCCCXCVI p. 535







