La lógica platónica confrontada con el mundo que quiso describir

Por Jorge Estrella

16 Mayo 2004
Un riesgo notorio que trae consigo la enseñanza universitaria de las humanidades consiste en que sus profesores se convierten fácilmente en repetidores de los autores clásicos. A tal punto se practica esa beatería de los textos consagrados que se echa en olvido el propósito de esos libros: interpretar la realidad. Y en lugar de pensar el mundo con la ayuda de los clásicos, con frecuencia el profesor universitario se desliza fácilmente en la tentación de tomar esos textos por el mundo mismo. De ayudas para pensar, los clásicos se convierten así en verdaderos obstáculos para ello, a tal punto el hábito de repetir reverencialmente reemplaza a la reflexión. (Escuché en cierta ocasión a un discípulo de Heidegger -francés él- sostener en un seminario que dirigía y ante una observación mía sobre cierto disparate del Maestro que él comentaba con sagrado fervor: "Escúcheme bien, yo pido a mis alumnos que no traten de pensar por sí mismos, que se atengan al texto de Heidegger, pues ahí está la verdad"). Digo esto para destacar los méritos del libro de Castoriadis. Porque su erudito conocimiento de la obra de Platón, su vasta información histórica del entorno en que vivió el filósofo griego, son empleados para atender no sólo la lógica interna de la reflexión platónica sino también su confrontación con el mundo que ella pretende describir. Crítico inteligente, Castoriadis pone bajo la lupa las opciones sociales de Platón, muestra sus inconsistencias, sus sofismas y releva el acierto de sus planteos que tempranamente pusieron la atención en el corazón de la teoría política.
El volumen recoge el contenido de un curso de siete clases que Castoriadis dio en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (París, 1986). No se trata de un comentario servil del texto platónico sino de la ocasión para cumplir con la verdadera tarea del filósofo: pensar un asunto. La democracia, en este caso. (c) LA GACETA

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