Victoria Ocampo, en una novela pulcra y original

Por Horacio Semeraro

16 Mayo 2004
Hace alrededor de tres años, María Rosa Lojo cerraba un reportaje que le realicé, anunciando que estaba terminando de escribir, corrigiendo y perfeccionando un libro sobre Victoria Ocampo que vería la luz a la brevedad. El tiempo transcurrido hasta su publicación habla de su profesionalismo y su seriedad a la hora de escribir. Valió la pena esperar. Resultó un libro que cumple ampliamente con las premisas propuestas. Una obra que abarca desde 1924 hasta 1931 -incluyendo los comienzos de la revista Sur, testimonial e imaginativa, con profundas implicancias psicológicas y descriptivas de sus personajes reales o imaginarios.
Escribir sobre Victoria Ocampo es todo un desafío para la originalidad por lo mucho que se trató y se sigue tratando el tema. Tampoco es fácil captar con fidelidad el espíritu de época, ni el lenguaje, ni los modismos, por bien informado que se esté. Para sortear esa dificultad, M. R. Lojo inventó un personaje extranjero, supuestamente contratado por Victoria Ocampo para oficiar de traductor de Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura (y el primer visitante ilustre de una serie de notables que siguieron luego), huésped de Victoria para entonces. Se trata de Carmen Brey, una española recientemente graduada en Letras, que cuenta, desde su mirada extranjera, detalles que difícilmente hubiese podido captar -y conceptuar- Victoria. O visitar lugares impensados seguramente para la escritora; por ejemplo, el pueblo donde nació Eva Perón. Así, recibe opiniones de terceros y elabora las propias, manteniéndose como atenta pero cautelosa observadora y narradora. El interés primordial de Carmen estriba en el deseo de conocer detalles de su padre muerto y buscar a un hermano que la precedió en su viaje a Argentina. El mundo al que la integra Victoria la deslumbra y conmueve, y desde allí teje su historia.
La primera de las cuatro partes que conforman el libro, "Y las palabras no venían bien", está esencialmente dedicada a la relación de Victoria y Tagore, y a la inserción de Carmen en el contexto. Impresiona por la lograda verosimilitud de sus diálogos y descripciones, aptos para un guión cinematográfico.
La segunda parte, "He sido un argentino imaginario" (palabras de José Ortega y Gasset, Impresiones sobre la Argentina, 1916), remite a la relación del profesor de metafísica en Madrid con Victoria, en su viaje a Argentina. Es un fiel retrato de época, personas y circunstancias -principalmente porteñas-, pero afortunadamente no olvida mencionar los viajes de Ortega y Gasset a provincias, entre ellas Tucumán. También menciona la participación de María Rosa Oliver, impulsora de las actividades literarias en las que participaba Victoria, y la persona que años después se convertiría en "alma mater" de Sur. La poesía asoma sus narices en varias partes del libro en momentos precisos: "Buenos Aires danzaba en un frío alegre, soleado, transparente, que despertaba los rincones abandonados y encendía los ángulos opacos" (pág. 81).
La tercera parte, La mujer más fantástica, los sueños de la llanura, describe un supuesto y desopilante viaje de Carmen Brey (acompañada por Borges y por Marechal) a la provincia de Buenos Aires en búsqueda de noticias sobre sus familiares. Llegan así al pueblo de Los Toldos. Este viaje permite a M. R. Lojo hilvanar la historia para llegar a otra mujer importante en el siglo: Eva Perón, a la que Carmen Brey conocerá de niña. Si la primera parte se caracteriza por el acierto en el lenguaje, el estilo y los diálogos, las dos siguientes brillan por la creatividad desde la imaginación y la soltura: la narración fluye sin tengencialismos. Por ejemplo, los supuestos diálogos entre Borges y Marechal, memorables.
La cuarta parte del libro -cuyo nombre lleva la novela- se centra en el viaje de Victoria Ocampo a Europa, sus conocidos amores con el conde de Keyserling y con Drieu La Rochelle; su relación con Waldo Frank y Walter Gropius; la fundación de Sur y su permanente reivindicación del papel de la mujer en la sociedad, en búsqueda de oportunidades. Este viaje enriquecería culturalmente a Victoria, quien, con su relación de celebridades -y luego Sur, en 1931-, incorporó a Argentina al circuito cultural del mundo.
Se advierten en el libro dos vertientes importantes: una, exterior, desde la sensibilidad y apreciación de Carmen Brey -el personaje- desde su propio mundo e historia personal ligada a la de Victoria Ocampo y simultáneamente una inserción interior de María Rosa Lojo que se acerca al mundo y época, proyectándose desde su ascendencia española, logrando ensamblar y perfilar dos universos tan particulares y fuertes.
En suma, Las libres del Sur conforma una novela felizmente lograda en el empleo de los recursos narrativos y ficcionales. Muestra con originalidad y pulcritud de lenguaje, la seductora mixtura de aristocracia y rebeldía que animó a Victoria Ocampo a emprender su invalorable tarea creativa literaria y su aporte a la defensa de derechos adquiridos, desde el reconocido oficio literario de M. R. Lojo. (c) LA GACETA

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