La siempre dudosa muerte de Mariano Moreno

Por Federico Peltzer

16 Mayo 2004
El auge de la novela histórica es, entre nosotros, una realidad reconocida. Se han dado muchas explicaciones, entre otras, el afán de bajar de las estatuas a los próceres, instalados en ellas por una Historia demasiado uniforme. Así lo insinúa la solapa de este libro de Inés Malinow, poeta y narradora con larga trayectoria en el oficio.
También se ha acrecentado el interés teórico por dichas novelas. Con él se han formulado ciertas exigencias, por la interrelación que inevitablemente se da entre Historia y novela. La más frecuente es la verosimilitud de la versión que el novelista brinde; no ya la coincidencia absoluta con la historia consagrada, sino su credibilidad. La muerte de Mariano Moreno, durante el viaje a Londres en compañía de su hermano y en misión oficial, siempre fue sospechosa, por el mal misterioso que lo aquejó y cuya autoría algunos atribuyeron a sus enemigos. Por otra parte, su figura ha inspirado más de una novela histórica: así Lupe, de Silvia Miguens, centrada sobre todo en su mujer (María Guadalupe Cuenca) y Las campanas de la Revolución, de Jorge Castelli, donde se privilegia la rivalidad entre Liniers y Moreno.Quien espere encontrar en la presente una recreación de la vida de Moreno, sobre todo en lo que hace a su actuación pública, se sentirá defraudado. Ejemplo: la autora saltea desde 1808 (con los primeros conciliábulos revolucionarios) hasta el viaje por mar y el tiempo de la muerte. Con mayor detalle está mostrada la vida del prócer en el seno de su familia, sus primeros lecturas (en los libros de Fray Cayetano Rodríguez), sobre todo sus fogosos amoríos con una india esclava, Eulogia Segunda. Ya en el Alto Perú, la relación con el padre Terrazas, cuya amplia biblioteca lo pone al día; su conocimiento de María Guadalupe y la audacia con que ambos se entregan a una pasión brotada como una chispa y culminada con el matrimonio y el viaje a Buenos Aires.
En la numerosa familia Moreno, Manuel, el hermano segundo, es tan sensual como Mariano, pero lo frenan menos prejuicios. Coincide en la predilección por Eulogia Segunda y es correspondido por esta y por Raymunda, una prima con idénticas virtudes. Los dibujos de inequívoco sentido que traza de la primera lo acompañan en el navío. Mariano los descubre, revive la antigua pasión, ciegan los celos y, en un intrincado pugilato, se genera la muerte que para tantos fue un enigma.
Queda a cargo del lector aceptar o no aquella posibilidad. Sin duda perdurará cierta apetencia por saber más de Mariano Moreno ideólogo y funcionario; también la de eclipsar algo a Manuel (quien también vivió lo suyo más adelante), cuya figura ocupa buen espacio en estas páginas, por otra parte ricas en descripciones sobre la vida doméstica de aquel tiempo. (c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios