
Esta zona del Medio Oriente, convertida en un enclave sangriento, en un verdadero barril de pólvora, en escenario de uno de los más feroces cruces de atentados terroristas, incursiones, muertes de víctimas civiles, no hallará la paz a través de la liquidación de los jefes de las organizaciones de resistencia palestina, o mediante el plan de retirada parcial de la Franja de Gaza y de una mínima zona de Judea y de Samaria, en tanto deje en pie las colonias levantadas en territorio palestino y pretenda quedarse con la parte del león. Sin la voluntad subjetiva de encontrar la fórmula que, mediante concesiones "dolorosas" de ambas partes, lleve a un acuerdo de cese de las hostilidades y, a partir de allí, a la mesa de negociaciones, todas las proclamas y los mejores deseos -si es que existen-, sólo quedarán en aguas de borrajas, en declamaciones vacías, en una copia de los intentos anteriores... Y sus resultados.El ajusticiamiento del jeque Ahmed Yassin (cuyo papel en la dirección suprema del movimiento de resistencia islámico no se pone en duda) es otro paso en la táctica de liquidación sistemática de los jefes de las organizaciones de resistencia palestina, quienes han tomado el camino del terrorismo individual como sistema de lucha contra la ocupación de los territorios palestinos desde 1967. Ahora, las amenazas de Sharon se han extendido a los nombres de Arafat y Nashrala, quienes figuran en los primeros lugares de las listas de ajusticiamiento de "los enemigos de Israel".
Todo el plan elucubrado por Sharon es una estrategia que disimula y disfraza la perpetuación del dominio israelí en las zonas que no le pertenecen. No se trata hoy de dirimir conflictos cuyos orígenes e historia se remontan al pasado, sino de realpolitik contemporánea. Que el gobierno de Israel decida retirarse unilateralmente de parte de esos territorios sin un plan coherente, sin un acuerdo de partes patrocinado por las Naciones Unidas y sin una fuerza militar de separación está destinado al fracaso. No implica el cese del conflicto sino una variante sin futuro, tal vez más riesgosa que el actual enfrentamiento de partes.
El odio acumulado, la situación de pobreza y falta de perspectivas de los territorios bajo el control de la ANP, el Hamas y la Jihad Islámica, zonas ocupadas que viven envueltas en una peligrosa anarquía, no aseguran (el pomposo plan de Sharon mediante) ni garantizan el fin de este largo y doloroso conflicto.
II) De acuerdo con estadísticas de las últimas semanas, alrededor del 80% de la población de Israel apoya el retiro de la Franja de Gaza sin especificar, naturalmente, la manera concreta de cómo debiera materializarse esta decisión. Sin embargo, Sharon, obligado por los miembros halcones de la asamblea del Likud, ha aceptado realizar un referéndum entre los doscientos mil afiliados al partido. En el caso nada hipotético de que la mayoría de los miembros del Likud, reclutados entre las capas más primitivas y reaccionarias de la población, y un número nada desdeñable de los pobladores de los asentamientos ilegales decidan oponerse, esto puede llevar al fracaso la iniciativa de Sharon. Las consecuencias más inmediatas serían, pues, que el 3% decidiría, y enterraría -contra la voluntad del 80% de la población- una posibilidad que podría transformarse, a través de las presiones europeas y de la intervención de Washington, en una iniciativa algo más comprensible y aceptable que el plan original y esotérico de Sharon, cuyos detalles permanecen aún difusos... Como un premeditado galimatías político.
Las incidencias en torno de esta propuesta del primer ministro demuestran la inestabilidad de la sociedad israelí, castigada por la Intifada iniciada en el año 2000 luego de que Sharon, en un paso calificado como burda provocación, hizo pie en la explanada de la Mezquita de Jerusalén.
En cierto modo, la sociedad israelí, que consagró a Ariel Sharon como el candidato que traería paz y seguridad, paga las consecuencias de la tendencia chovinista y xenófoba del gobierno que en estos días se manifiesta abiertamente, sin subterfugios. El resultado oneroso de esa política se resume en la cantidad de víctimas del conflicto: 3.750 víctimas en los últimos tres años. Los últimos incidentes en Medio Oriente elevan a 3.754 el número de víctimas mortales desde el inicio de la última Intifada, en setiembre de 2000, de los que 2.810 son palestinos y 875, israelíes.
III) El fantasma del antisemitismo, esgrimido de manera permanente como contrapeso a las denuncias contra la política agresiva del gobierno de Sharon, no tiene suficiente capacidad de disuasión en el amplio espectro de la opinión pública internacional. En definitiva, sólo tres países se alinean sin condiciones previas tras la política del Estado de Israel: Estados Unidos, Micronesia y las Islas Marshall... Un logro más bien paupérrimo, diríamos con algo de sorna elemental.
Por otra parte, y como factor agravante de la crisis, la actividad del primer ministro Sharon se lleva a cabo bajo la espada de Damocles que pende sobre su cabeza, toda vez que cuatro altos procuradores de la Fiscalía del Estado han presentado al fiscal general de Israel sus conclusiones, con la unánime recomendación de que Ariel Sharon debe ser llevado a juicio por las pruebas en su contra de delitos económicos, violación y aprovechamiento de su cargo oficial para influir en decisiones que constituyen cohecho, soborno y recibo de prebendas por parte de particulares para favorecer sus intereses personales.
IV) La historia parece regirse por períodos cíclicos establecidos por determinados acontecimientos que, debido a la vaporosidad de las fronteras, influyen de modo tangencial, y otras veces de modo directo en la vida de las naciones. La invasión a Irak decidida por el eje Bush-Blair-Aznar, marginando las decisiones y las advertencias de las Naciones Unidas, y las de los líderes de otros países europeos, están dando los frutos sangrientos y previsibles como consecuencia de la aventura belicista cuyos objetivos verdaderos son hoy de una claridad inapelable.
Uno de los protagonistas destacados del engaño a sus pueblos, José Aznar, y su partido, han recibido el repudio del pueblo español no por los atentados del 11 de marzo, sino por el prevaricato de sus gobernantes, por haber arrastrado a España a la guerra santa proclamada por Bush, Rumsfield y Cheeney... Según las profecías de la historia, Bush y Blair son los próximos candidatos a pagar el precio del desprecio y la desconfianza de sus pueblos. Sólo Sharon -si logra eludir su procesamiento- y el partido derechista Likud, que tiene el apoyo de lo más primitivo de la población israelí y de una gran parte de los habitantes de los asentamientos ilegales, pueden soñar con un nuevo período en el gobierno de Israel, con lo cual el objetivo de la paz seguirá emulando la condena de Sísifo en el Tártaro de la mitología griega: palabras y promesas de paz, y una nueva ronda de atentados en los dos lados de la frontera basada en un muro que contraviene elementales leyes internacionales.







