09 Mayo 2004 Seguir en 

En 1957, Pablo Neruda fue invitado al congreso por la Paz que se realizó en Colombo, Ceilán. Durante el viaje -que realizó acompañado por su mujer, Matilde Urrutia- visitó también Rangún (Birmania), India y China, entre otros países, durante varios meses. En ese lapso escribió una serie de poemas que a su regreso a Chile clasificaría en dos grupos. Uno de los criterios de selección fue probablemente la métrica de los versos: en su mayoría, los eneasílabos fueron agrupados en su libro Estravagario, publicado en 1958. Los restantes escritos, compuestos mayoritariamente por odas -a los que agregó otros poemas escritos en Chile, a su regreso-, fueron recopilados bajo el título de Navegaciones y regresos, y fueron dados a conocer en 1959. Aunque su origen y su inspiración obedecen a motivos similares y presentan elementos en común, poseen también características propias.
Como elemento afín a ambos libros se puede señalar un cambio de actitud respecto de la postura política combativa que había asumido Neruda desde Canto general, en la que se expresaba como portavoz de los reclamos populares, reemplazando el "Yo soy" de aquella etapa por el "Muchos Somos" (perteneciente a Estravagario). Menos convencido quizás del triunfo inminente de las ideas igualitarias, llama a sosiego ya desde los poemas primero y cuarto, "Pido silencio" y "A callarse", respectivamente. Dentro de la nada lineal obra de Neruda -a la que no fueron ajenos los vientos que la política, el tiempo y su propia vida soplaron a su inspiración poética-, Estravagario se presenta como un libro festivo y ocurrente, a veces superficial, y otras, profundo y reflexivo, pero distendido, como puede haber estado su ánimo en un viaje prolongado por diferentes países con su reciente esposa, y en el que asoma de a ratos su encendido lirismo. Sin embargo, cierto revisionismo posmodernista sobre la existencia -el "ser o ser", resultado de la indagación poética que trasunta su obra hasta entonces- comienza a ser sopesado de allí en más. El sujeto nerudiano se reconoce ahora pluriforme. Dice evocando en "Regreso a una ciudad": "Ahora me doy cuenta que he sido / no sólo un hombre sino varios. / y que cuantas veces he muerto / sin saber cómo he revivido, / como si cambiara de traje / me puse a vivir otra vida".
Las notas aclaratorias al final del libro realizadas por Hernán Loyola con claridad conceptual e interpretativa, al igual que el prólogo de Federico Schopf, dan cuenta del desengaño del mundo que sintió Neruda al escribir Estravagario y que contrastaba con la etapa en apariencia feliz durante su prolongado viaje. Ello condicionó no sólo la autorrepresentación del Sujeto nerudiano sino también la impostación lingüística y retórica entonces de moda y que el poeta pareció querer compensar con el uso de la exacerbación del absurdo, de la paradoja y del lenguaje informal de matiz lúdico. Dice en "El miedo": "Todos me piden... / que tonifique y que futbole", y en "Muchos somos": "Porque si yo me necesito / no debo desaparecerme". O en otro poema: "Y no sólo cuento contigo / sino que no cuento sintigo". Lo mismo ocurre con la mixtura -humorística- de elementos heterogéneos. Dice en su poema "La desdichada": "Pasó un perro, pasó una monja, / pasó una semana y un año".
Existen distintas hipótesis sobre el origen del término "estravagario", título del libro. A mi entender, queda clara su génesis. Es citado por el autor en su poema "Testamento de Otoño" cuando dice: "aquí dejo mi testimonio, / mi navegante estravagario", aludiendo a un "inventario" de hechos, vivencias y pensamientos de naturaleza extravagante y original, surgidos durante su extenso viaje en barco sobre las experiencias pasadas, pero con vistas a la posteridad. Fue una especie de bitácora literaria indudablemente, pero también un balance sobre las etapas de su vida: romanticismo, soledad, amor, desesperación, idealismo, lucha, nihilismo, esperanzado amor... "De tantas veces que he nacido / tengo una experiencia salobre / como cratura del mar", dice en la misma estrofa. Afortunadamente, en los ochenta y tres poemas que integran el volumen, manifiesta en muchos el prístino lirismo de Odas elementales (1954) y aquel de Veinte poemas de amor... Dice en "Testamento de Otoño": "Y ahora detrás de esta hoja / me voy y no desaparezco: / daré un salto en la transparencia / como un nadador del cielo, / y luego volveré a crecer / hasta ser tan pequeño un día / que el viento me llevará / y no sabré cómo me llamo / y no seré cuando despierte: / ...Entonces cantaré en silencio". (c) LA GACETA
Como elemento afín a ambos libros se puede señalar un cambio de actitud respecto de la postura política combativa que había asumido Neruda desde Canto general, en la que se expresaba como portavoz de los reclamos populares, reemplazando el "Yo soy" de aquella etapa por el "Muchos Somos" (perteneciente a Estravagario). Menos convencido quizás del triunfo inminente de las ideas igualitarias, llama a sosiego ya desde los poemas primero y cuarto, "Pido silencio" y "A callarse", respectivamente. Dentro de la nada lineal obra de Neruda -a la que no fueron ajenos los vientos que la política, el tiempo y su propia vida soplaron a su inspiración poética-, Estravagario se presenta como un libro festivo y ocurrente, a veces superficial, y otras, profundo y reflexivo, pero distendido, como puede haber estado su ánimo en un viaje prolongado por diferentes países con su reciente esposa, y en el que asoma de a ratos su encendido lirismo. Sin embargo, cierto revisionismo posmodernista sobre la existencia -el "ser o ser", resultado de la indagación poética que trasunta su obra hasta entonces- comienza a ser sopesado de allí en más. El sujeto nerudiano se reconoce ahora pluriforme. Dice evocando en "Regreso a una ciudad": "Ahora me doy cuenta que he sido / no sólo un hombre sino varios. / y que cuantas veces he muerto / sin saber cómo he revivido, / como si cambiara de traje / me puse a vivir otra vida".
Las notas aclaratorias al final del libro realizadas por Hernán Loyola con claridad conceptual e interpretativa, al igual que el prólogo de Federico Schopf, dan cuenta del desengaño del mundo que sintió Neruda al escribir Estravagario y que contrastaba con la etapa en apariencia feliz durante su prolongado viaje. Ello condicionó no sólo la autorrepresentación del Sujeto nerudiano sino también la impostación lingüística y retórica entonces de moda y que el poeta pareció querer compensar con el uso de la exacerbación del absurdo, de la paradoja y del lenguaje informal de matiz lúdico. Dice en "El miedo": "Todos me piden... / que tonifique y que futbole", y en "Muchos somos": "Porque si yo me necesito / no debo desaparecerme". O en otro poema: "Y no sólo cuento contigo / sino que no cuento sintigo". Lo mismo ocurre con la mixtura -humorística- de elementos heterogéneos. Dice en su poema "La desdichada": "Pasó un perro, pasó una monja, / pasó una semana y un año".
Existen distintas hipótesis sobre el origen del término "estravagario", título del libro. A mi entender, queda clara su génesis. Es citado por el autor en su poema "Testamento de Otoño" cuando dice: "aquí dejo mi testimonio, / mi navegante estravagario", aludiendo a un "inventario" de hechos, vivencias y pensamientos de naturaleza extravagante y original, surgidos durante su extenso viaje en barco sobre las experiencias pasadas, pero con vistas a la posteridad. Fue una especie de bitácora literaria indudablemente, pero también un balance sobre las etapas de su vida: romanticismo, soledad, amor, desesperación, idealismo, lucha, nihilismo, esperanzado amor... "De tantas veces que he nacido / tengo una experiencia salobre / como cratura del mar", dice en la misma estrofa. Afortunadamente, en los ochenta y tres poemas que integran el volumen, manifiesta en muchos el prístino lirismo de Odas elementales (1954) y aquel de Veinte poemas de amor... Dice en "Testamento de Otoño": "Y ahora detrás de esta hoja / me voy y no desaparezco: / daré un salto en la transparencia / como un nadador del cielo, / y luego volveré a crecer / hasta ser tan pequeño un día / que el viento me llevará / y no sabré cómo me llamo / y no seré cuando despierte: / ...Entonces cantaré en silencio". (c) LA GACETA







