09 Mayo 2004 Seguir en 

Desde algunos años atrás se nota mayor interés por indagar en la historia privada y cotidiana. Quizá los desafueros de la Historia pública se atenúan ante los hechos menudos y los que sólo atañen a la vida privada. En lo que hace a nuestro país y a Buenos Aires, tuve ocasión de comentar en LA GACETA la Historia de la vida privada en la Argentina, editada por Fernando Devoto y Marta Madero (Taurus, Bs.As., 1999/2000, 2 tomos) y Vida cotidiana en Buenos Aires, obra de Andrés Carretero (Planeta, Bs. As., 2000/2001, 3 tomos). Se suma ahora la reedición de un valioso libro, obra del historiador José Torre Revello.
La nueva edición incorpora las correcciones que, de su puño y letra, introdujo el autor en la edición de 1943, sobre uno de los ejemplares de aquella. La precede un estudio del profesor José Luis Moreno, en el cual se refiere a la vida y a la obra de aquel (1893-1964). Nacido en Buenos Aires, en el seno de una familia humilde, mostró desde joven interés por la investigación histórica, tarea en que lo apoyó el Dr. Emilio Ravignani. A pesar de no tener título universitario, Torre Revello fue enviado a España con el encargo de investigar, en el Archivo de Indias de Sevilla, los documentos relacionados con el pasado de estos dominios españoles. Permaneció varios años en dicha ciudad, formó una familia y consultó numerosísimos legajos, cuyos datos volcó en las crónicas luego reunidas en libros. En 1938 fue incorporado a la Academia Nacional de la Historia, como reconocimiento a su labor.
En una larga Introducción el autor detalla el desenvolvimiento de la comunidad, desde su fundación por don Juan de Garay hasta las vísperas de la Revolución de Mayo. Señala las dificultades para el aprovisionamiento, en buena parte suplidas por el contrabando, la corrupción de los funcionarios reales, casi todos de origen español (por la desconfianza que los hijos del país inspiraba a la Corona) y los adelantos en educación, periodismo, etcétera. Tras este repaso entra en materia. Reserva para el final la mención de una larga bibliografía, aunque, en el transcurso de las crónicas, no faltan sabrosas transcripciones de algunos documentos oficiales de la época, con su curioso vocabulario y su espantable ortografía.Las dieciocho crónicas se leen con interés. Quizá en algunos casos la abundancia de datos y estadísticas ocupa demasiado lugar para el gusto del lector común, pero ilustra al historiador.
Las más entretenidas son las dedicadas a las festividades, con su complicado ceremonial y las querellas a que daba lugar aquel; los lugares de diversión, como los toros y los teatros; la afición por el juego y sus consecuencias; las devociones; la belleza, desenvoltura y cortesía de las mujeres (ponderada por todos los viajeros); el baile, no siempre admitido por el clero, pero de imposible destierro por parte de las autoridades. Descuellan, a través de los documentos, las iniciativas del virrey Vértiz, como también surge la morosidad en resolver asuntos urgentes, por la distancia y el aparato previo a las decisiones reales.Este libro, precursor de otros, aporta datos muy bien sustentados y en prosa amena permite conocer la forma de vida, las dificultades y también los regocijos de los porteños, entre finales del siglo XVI y albores del XIX. (c) LA GACETA
La nueva edición incorpora las correcciones que, de su puño y letra, introdujo el autor en la edición de 1943, sobre uno de los ejemplares de aquella. La precede un estudio del profesor José Luis Moreno, en el cual se refiere a la vida y a la obra de aquel (1893-1964). Nacido en Buenos Aires, en el seno de una familia humilde, mostró desde joven interés por la investigación histórica, tarea en que lo apoyó el Dr. Emilio Ravignani. A pesar de no tener título universitario, Torre Revello fue enviado a España con el encargo de investigar, en el Archivo de Indias de Sevilla, los documentos relacionados con el pasado de estos dominios españoles. Permaneció varios años en dicha ciudad, formó una familia y consultó numerosísimos legajos, cuyos datos volcó en las crónicas luego reunidas en libros. En 1938 fue incorporado a la Academia Nacional de la Historia, como reconocimiento a su labor.
En una larga Introducción el autor detalla el desenvolvimiento de la comunidad, desde su fundación por don Juan de Garay hasta las vísperas de la Revolución de Mayo. Señala las dificultades para el aprovisionamiento, en buena parte suplidas por el contrabando, la corrupción de los funcionarios reales, casi todos de origen español (por la desconfianza que los hijos del país inspiraba a la Corona) y los adelantos en educación, periodismo, etcétera. Tras este repaso entra en materia. Reserva para el final la mención de una larga bibliografía, aunque, en el transcurso de las crónicas, no faltan sabrosas transcripciones de algunos documentos oficiales de la época, con su curioso vocabulario y su espantable ortografía.Las dieciocho crónicas se leen con interés. Quizá en algunos casos la abundancia de datos y estadísticas ocupa demasiado lugar para el gusto del lector común, pero ilustra al historiador.
Las más entretenidas son las dedicadas a las festividades, con su complicado ceremonial y las querellas a que daba lugar aquel; los lugares de diversión, como los toros y los teatros; la afición por el juego y sus consecuencias; las devociones; la belleza, desenvoltura y cortesía de las mujeres (ponderada por todos los viajeros); el baile, no siempre admitido por el clero, pero de imposible destierro por parte de las autoridades. Descuellan, a través de los documentos, las iniciativas del virrey Vértiz, como también surge la morosidad en resolver asuntos urgentes, por la distancia y el aparato previo a las decisiones reales.Este libro, precursor de otros, aporta datos muy bien sustentados y en prosa amena permite conocer la forma de vida, las dificultades y también los regocijos de los porteños, entre finales del siglo XVI y albores del XIX. (c) LA GACETA







