La 30ª Feria del Libro de Buenos Aires

Para LA GACETA - BUENOS AIRES

09 Mayo 2004
Durante sus treinta años de vida, la Feria del Libro de Buenos Aires ha sido objeto de valoraciones maniqueas. La mayor parte de los medios de prensa cantó loas al "mayor acontecimiento cultural del país", mientras que un número significativo y representativo de nuestra "intilligentzia" se encargó de denostar lo que consideraba un "mercado persa editorial". Después de tres décadas, cuando la exposición está llegando a su madurez, deberíamos dejar de lado las ironías mordaces y los discursos panegíricos para hacer un balance equilibrado, alejado de los extremos.
En primer lugar, debemos reconocer que un millón de libros expuestos, un millón de visitantes, mil actos culturales y la presencia de escritores de nivel internacional no es algo menor. Esto coloca a la Feria entre las veinte más relevantes del mundo, entre las que se cuentan las de Frankfurt, Bolonia, San Pablo y Londres. También es cierto que las abultadas cifras no implican el florecimiento de la actividad literaria ni que los visitantes sean o se conviertan en lectores habituales. La industria editorial argentina sigue atravesando una dura coyuntura y está muy lejos de sus "años dorados" o de sus pares mexicanas y españolas, que alguna vez tuvieron como modelo al libro argentino. Por otro lado, el nivel cultural de nuestra población también se encuentra muy por debajo de sus niveles históricos. Pero de ninguna manera podemos ligar nuestra decadencia cultural y económica a esta megaexposición; sin dudas constituye un motor extra para superarla.
Una crítica habitual, esgrimida por muchos intelectuales, consiste en señalar que la mayor parte de los libros que se exhiben en la Feria tiene una mínima o nula calidad literaria. Y esto, si bien es cierto, no deslegitima un evento que no tiene otra aspiración que reunir el trabajo encadenado de editores, escritores, ilustradores, diseñadores, correctores, papeleros, impresores y libreros para compartirlo con un público lo más amplio posible. La literatura, y sobre todo la buena, sólo se plasma en un número reducido de libros que ofrecen su espacio a los más diversos géneros. Desde los textos de divulgación periodística, marketing, esoterismo, autoayuda o computación a los ensayos políticos, filosóficos o sociológicos, las más distintas temáticas tienen su lugar en la industria editorial. El objetivo fundamental de la muestra no es otro que la promoción de esta variedad de productos.
Dentro de la diversidad propia de la Feria, sus más ácidos críticos pueden encontrar un espacio. Hay conferencias, debates, jornadas y cursos de gran nivel; autores respetados en los ámbitos académicos y por la elite intelectual; y, especialmente, grandes libros, aunque no estén tan destacados como querrían. Esta amplitud, que permite la cohabitación temporal de detractores, promotores y esa gran mayoría de visitantes distraídos que está más allá de las polémicas, constituye seguramente la gran virtud de la Feria del Libro de Buenos Aires, que hoy llega a su último día, de este año. (c) LA GACETA

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