Aquellas claras ideas del prócer Juan Bautista Alberdi

Por Federico Peltzer

08 Abril 2004
Al publicar sus Bases... Juan Bautista Alberdi brindó a los constitucionalistas del 53 un modelo. Entre 1853 y 1854 escribió su Sistema Económico y Rentístico... a fin de demostrar que la Constitución codifica la doctrina destinada a garantizar la completa libertad para la producción, la distribución y el consumo de los bienes. Esas dos obras, más algunos de sus escritos póstumos, contienen su pensamiento en materia económica, ideas que el profesor Federico A. M. Lannes, con larga actuación en la función pública y en la docencia, se propone resumir en este libro, publicado con el auspicio de las ediciones del Rectorado de la UNT. Lo precede un elogioso prólogo del doctor Pedro J. Frías, a quien el autor declara su maestro.Alberdi -dice aquel- nació con la patria. Hijo de un comerciante vasto y de una tucumana de vieja raigambre, creció y alternó con hombres ilustres (los de la Generación del 37); junto a ellos pensó y discutió lo mejor para el país en formación. Su principal guía fue el filósofo Adam Smith, además del influjo de la Revolución Francesa y de las principales corrientes de la filosofía europea con gravitación en América: el romanticismo, el historicismo y la escolástica tradicional (ya en retirada).
Tuvo una clara percepción de la realidad del país, de su enorme extensión y de su población escasa.
Esas meditaciones lo llevaron a adherirse a los principios liberales. Criticó el mercantilismo de Colbert y elogió el trabajo libre, el intercambio sin barreras y el consumo como fuentes de riqueza. Del trabajo nace la producción y de esta el comercio, sin el cual no habría economía. Se manifestó contrario a los gremios, cuerpos y matrículas de trabajadores porque entorpecen la iniciativa individual. Es asimismo conocida su preocupación por poblar el vasto territorio, para lo cual propició el fomento de la inmigración activa (sobre todo de anglosajones), cuya mezcla con los nativos arraigaría el factor humano y los capitales en el suelo.
Quizá la parte de mayor actualidad es aquella en que se ocupa del gasto público y de las deudas y empréstitos moderadamente contraídos (el adverbio es inexcusable).
Más discutible es su propuesta de pagar dicha deuda con las tierras públicas, convencido de que, de tal modo, quienes las obtengan se arraigarán en ellas e invertirán sus capitales, y generarían nuevas fuentes de trabajo y de riqueza. Hoy, cuando algo parecido se rumorea, conviene meditar en tal antecedente, aunque no adoptarlo, por cierto. Quizá sea este uno de los puntos en que el profesor Lannes confiesa haber resistido a la tentación de disentir.
En resumen: un libro claro, bien documentado y que tiene el mérito de resumir el pensamiento económico de uno de nuestros más eminentes pensadores, aunque en algunos aspectos no se compartan sus ideas. (c) LA GACETA

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