La Pasión de Mel Gibson

Para LA GACETA - TUCUMAN

11 Abril 2004
Valoración teológica e histórica
No resulta fácil realizar una síntesis de los puntos importantes de este nuevo film. No es únicamente la polémica ampliamente extendida la que obliga a realizar un estudio minucioso de las expresiones registradas a lo largo de la película, sino también la variedad de simbolismos creativamente representados, que tal vez pasen inadvertidos para muchos espectadores. Puesto que se ha querido conjugar la transmisión de un mensaje de fe y una impresión de realismo en los sufrimientos de Jesús, creo que podría ayudar el distinguir estos diversos planos, ya que tanto las críticas negativas como los elogios incondicionales pueden ser el resultado de una reducción de toda la obra en favor de un plano con exclusión del otro.

La mirada de la fe
Es evidente, desde la primera frase que aparece en la pantalla, que la clave que guía toda la comprensión del suplicio de Jesús es la muerte expiatoria para el perdón de los pecados: "El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas; ...con sus heridas hemos sido curados" (Is 53,5). Las palabras tentadoras que el misterioso personaje (nunca presentado por su nombre) dirige a Jesús en el huerto de los olivos explicitan aún más esta interpretación: "¿Tú crees realmente que un hombre puede soportar todo el peso del pecado? Ningún hombre puede llevar semejante carga; es realmente muy pesada".
Esta interpretación del texto profético corresponde a una lectura obviamente cristiana. En los Hechos de los Apóstoles, el funcionario etíope interroga a Felipe: "Te ruego me digas de quién dice esto el profeta: ¿de sí mismo o de otro?" (Hech 8,34). La respuesta de Felipe y de toda la tradición cristiana posterior será la identificación del Siervo Sufriente con Jesús. Pero la interpretación de ese mismo texto puede ser muy distinta para personas pertenecientes a otra tradición religiosa. Se puede ver prefigurado en este Siervo al Israel desterrado, según las palabras de Is 44,21: "Recuerda esto, Jacob, y que eres mi siervo, Israel". Por eso la traducción aramea consignada en el Targum de Isaías se expresará tanto en singular (el Mesías futuro) como en plural (el pueblo sufriente): "serán débiles y sufrirán lo mismo que un hombre de dolores y acostumbrado a las enfermedades; y como el rostro de la presencia divina se ha retirado de nosotros, ellos serán despreciados y mal vistos... Y nosotros éramos vistos como alcanzados por la enfermedad, golpeados por Dios y humillados. Pero él levantará el santuario que ha sido manchado por nuestros pecados".La presencia en el huerto del tentador no la encontramos en los relatos de la Pasión de los evangelios de manera explícita, aunque sí insinuada en la recomendación de Jesús a sus discípulos: "Velad y orad para que no caigáis en la tentación" (Mt 26,41); y en el relato de la tentación en el desierto: "el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno" (Lc 4,13). El film logra recrear el dramatismo de esa hora decisiva mediante la penumbra sobre el rostro de Jesús cuando las nubes ocultan la luz de la luna llena, en correspondencia con las palabras del Evangelio: "esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas" (Lc 22,53).
El simbolismo de la serpiente aplastada por Jesús pone al espectador ante otra comprensión de la muerte de Jesús, basada en la doctrina paulina de la recapitulación: "así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos" (Rom 5,19). La frase del Creador dicha a la serpiente en el libro del Génesis "él te pisará la cabeza mientras tú acechas su talón" (Gn 3,15), alcanzaría su cumplimiento cuando Jesús decide seguir hasta el fin su camino, que es el camino inverso al de Adán: "Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc 22,43).
La alternancia de escenas del suplicio con imágenes de la Ultima Cena hace muy clara la correspondencia entre el sacramento del pan y del vino y su realización efectiva como sacrificio en la cruz: "esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados" (Mt 26,28). Pero también toda la pasión de Jesús es vista como una renovación de la liberación de Israel actualizada cada año mediante el memorial de la Pascua. Un instante antes de que María reciba la noticia de la captura de Jesús, se despierta asustada y pregunta, usando las palabras del séder de Pesaj: "¿por qué esta noche es diferente a las otras noches?". Y María Magdalena le responde: "Porque nosotros una vez fuimos esclavos, y ya no somos esclavos por mucho tiempo". La visión de la muerte de Jesús como sacrificio para el perdón de los pecados, en su centralidad dentro del film, no debe impedirnos ver la pasión de Jesús como muerte del profeta. Esta comprensión está atestiguada también en el Nuevo Testamento, en continuidad con la tradición judía sobre el martirio de los profetas. De este modo la vivió Jesús al decir: "no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén" (Lc 13,31).
También los caminantes de Emaús informaban a su desconocido acompañante sobre la muerte de "Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo" (Lc 24,19). Así pues, la agresividad de las autoridades religiosas y del pueblo al pedir la muerte de Jesús, mostrada crudamente en las escenas del prendimiento, del interrogatorio y de la comparecencia ante Pilato, refleja en cierto modo la misma hostilidad que otro profeta, Jeremías, había padecido unos 600 años antes que Jesús, también por haber profetizado contra el templo (Jer 26,1-11).

La óptica de la historia
Hacer una valoración histórica es más complicado, debido al carácter parcial y fragmentario de las fuentes de información de las cuales disponemos. De entre todas estas fuentes es evidente que se optó por los cuatro Evangelios que, si bien se apoyan en un núcleo histórico, no tienen una intención de información histórica, sino la motivación de introducir el anuncio de la Buena Noticia de la resurrección. Por otra parte no podemos dejar de reconocer en estos escritos de fe cierta tendencia apologética. El realizador ha prescindido de importantes fuentes históricas que, en cambio, sí había tenido en cuenta en su filme anterior, El Señor de los Milagros. En esa otra obra parece estar al tanto de las valiosas informaciones que el historiador judío Flavio Josefo (93 d.C.) ofrece en sus Antigüedades de los judíos y Guerra de los judíos, que nos permiten conocer el ambiente de expectación mesiánica que enfrentaba a los distintos sectores de la sociedad judía entre sí y a los agentes de la resistencia contra la autoridad romana. Otras fuentes de las que el autor está dependiendo, tal vez sin saberlo, son los escritos apócrifos que proporcionan el nombre de los dos ladrones crucificados, Gestas y Dimas (Actas de Pilato IX,5; Declaración de José de Arimatea I,2), y de Verónica, la mujer que obtiene la imagen del rostro de Jesús en un lienzo (Muerte de Pilato). Las visiones de Ana Catalina Emmerich (1774-1824), sin negar su valor de piedad religiosa personal, no podrían ser consideradas como información histórica, por su falta de testimonio presencial mediato o inmediato, y por su datación extremadamete tardía. Igualmente, para algunos detalles de la crucifixión, se optó por las representaciones clásicas del arte occidental en lugar del conocimiento que aporta la arqueología, como los restos del joven crucificado encontrado en Giv?at ha Mivtar (Jerusalén).
La intención de transmitir una sensación de realismo se ve reflejada en el uso de lenguas antiguas (aunque Pilato difícilmente habría utilizado su latín natal para hablar en público, sino, más bien, la lengua internacional griega) y en la exhibición de una violencia sin disimulo. El espectador podría preguntarse si una brutalidad como la mostrada no es exagerada. A lo cual habría que responder que no. Flavio Josefo relata que bajo el gobernador Albino (62 d.C) un acusado llamado Jesús ben Ananías fue flagelado antes de ser liberado, siendo "desgarradas sus carnes por los azotes hasta los huesos" (Guerra VI, 300-306). También refiere la crucifixión de ochocientos fariseos en el 90 a.C. por orden del rey judío Alejandro Janeo, mientras banqueteaba con sus concubinas y hacía degollar a la vista de los crucificados a sus esposas e hijos (Guerra I,97). Igualmente el gobernador Quintilio Varo crucificó en el 4 a.C. a dos mil prisioneros judíos tras una revuelta (Antigüedades XVII, 295). La manifestación de semejante salvajismo pretendía impresionar al público a fin de desanimar futuros levantamientos. Se puede cuestionar si es necesario que un filme muestre tanta violencia, pero no se puede discutir que esta ha sido real no sólo en tiempos lejanos, sino también, desgraciadamente, en tiempos recientes. Dos guerras mundiales, el procedimiento de los regímenes totalitarios y el odio de las llamadas "limpiezas étnicas" son recuerdos demasiado frescos aún en la memoria de nuestros contemporáneos.
Un defecto realmente serio en lo que toca a la historia es la presentación de Pilato.
Limitándose a los relatos de la Pasión de los Evangelios el film muestra a una persona reflexiva que busca hacer justicia a un inocente. Sin embargo, en su Embajada ante Calígula (entre 38 y 41 d. C.), Filón de Alejandría lo describe como "un hombre de una disposición inflexible, dura y obcecada", y expresa una pobre opinión sobre la forma como Pilato cumplió su oficio. Lo acusa de crueldad, revanchismo y avaricia (cf. n. 38). Esta misma imagen es la que podemos encontrar reflejada en las noticias de Josefo, que lo muestra provocando continuamente al pueblo judío, sea introduciendo deliberadamente en la Ciudad Santa insignias imperiales, que la sensibilidad judía juzgaba idolátricas, o reprimiendo brutalmente una manifestación en su contra mediante soldados vestidos de civil entre la multitud (cf. Antigüedades XVIII, 56-62), o masacrando a una muchedumbre de samaritanos por la sola sospecha de estar tramando una rebelión (Antigüedades XVIII, 85-89). Este último episodio le costó su destitución en el año 36 d.C. Todo esto concuerda, por otra parte, con el comentario que se le hace a Jesús en el Evangelio de Lucas, acerca de "los galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios" (Lc 13,1). Probablemente a Pilato le resultaba indiferente crucificar a un participante de un motín como Barrabás (Lc 23,19) o a un acusado de incitar a no pagar el tributo al César, como lo era Jesús (Lc 23,2).La participación de judíos en el proceso de Jesús es hasta el día de hoy una cuestión debatida. En primer lugar la descripción del juicio de Jesús no se adapta a las normas del Derecho Procesal judío detallado en la Mishná (Tratado Sanedrín IV,1). Los procesos capitales sólo podían tramitarse durante el día; estaban prohibidos en sábado o en días festivos o preparatorios; sólo podían dictar la pena de muerte en una nueva sesión al día siguiente. En los Evangelios el juicio es nocturno, acontece en vísperas de la Pascua y concluye con una sentencia inmediata. Ante esto caben, pues, dos posibilidades: que nunca se haya celebrado dicho juicio, o que se hubiese celebrado de un modo ilegal. La tradición rabínica contenida en el Talmud especifica que se había pregonado públicamente la acusación de Jesús de haber practicado la magia, haber seducido a Israel y hacerlo apostatar; el que tuviera algo para defenderlo debía presentarse y decirlo. Pero nadie adujo nada en su defensa y "Jesús fue colgado en víspera de la fiesta de Pascua" (Sanedrín 43a). Por tanto, esta tradición reconoce que sí hubo un juicio. Por su lado, el film muestra a dos miembros del Sanedrín (expulsados de la sala al momento) que denuncian la invalidez del proceso por practicarse en la noche y en ausencia de muchos de sus miembros. En este punto puede que el filme se acerque mucho a la realidad de los acontecimientos.
Igualmente debería clarificarse la expresión que en el film se pone en boca de un soldado: "los fariseos aparentemente odian a ese hombre". Los Evangelios, en efecto, ofrecen una imagen ambivalente de la relación de los fariseos con Jesús. Así como algunos entablan polémicas, otros lo previenen del riesgo que corre ante Herodes Antipas (Lc 13,31). Y mientras que aquellos que lo acusan de estar poseído por Beelzebul son "los escribas que habían bajado de Jerusalén" (Mc 3,22), los fariseos que están entre la multitud que aclama a Jesús lo llaman respetuosamente Rabí y le recomiendan que modere el entusiasmo de sus discípulos (Lc 19,39). También la distinción ayudaría a explicar el aparente cambio de opinión sobre Jesús que tiene el pueblo. Formarían parte de grupos diversos la multitud de los discípulos que lo aclaman al llegar a Jerusalén, "por todos los milagros que habían visto" (vienen peregrinando con Jesús desde Galilea) y los habitantes de Jerusalén que preguntan quién es él (Mt 21,10-11). Estos últimos habrían sido los que terminan pidiendo su crucifixión. La profecía de Jesús contra el Templo afectaba tanto a la dirigencia sacerdotal, como a la mayor parte de los habitantes de Jerusalén, que dependía del Lugar Santo para vivir.
¿Hay antisemitismo en la película?
Ciertamente el antisemitismo de los soldados romanos que se ensañan con el pretendido rey de los judíos. También Filón describe las burlas de los paganos que en Alejandría envuelven a un deficiente mental en un manto, le ponen una corona de papiro en la cabeza y una caña en la mano como cetro saludándolo en arameo como Señor. No se trata de una agresión contra ese pobre hombre, sino de un episodio satírico dirigido contra Herodes Agripa, recientemente nombrado "rey de Judea" por su amigo, el emperador Calígula (cf. Contra Flacco 33-39).Teniendo en cuenta todos estos aspectos, el film, con toda su riqueza simbólica y también con sus faltas de mayores precisiones históricas, puede ser una ocasión para revisar los posibles enfoques simplistas. El simplismo de una fe que algunas veces ha descuidado la existencia histórica de Jesús, con sus opciones y con su final consecuente. Y el simplismo de las afirmaciones generalizadas, cuando se trata de unas circunstancias tan complejas. Tal vez lo que más choque a cualquier espectador, más allá de la extrema violencia escenificada, es que un hombre sea capaz de morir perdonando a pesar de todo. (c) LA GACETA

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