Regreso a los mitos fundacionales de una vida

Por Carlos Gazzera

04 Abril 2004
Esta novela de César Aira es como un río que fluye. Sin divisiones en capítulos, sin subtítulos, sin blancos tipográficos, este relato simula ser un largo monólogo de ciento veinte y tantas páginas en el que el autor regresa a los mitos fundacionales de su vida. Narrada en primera persona, con un tono confesional, el narrador es un alter ego del autor. Sin embargo, no todo es transparente: el relato nos lleva a la topografía de su biografía, a su Pringles natal, a su familia humilde, peronista y anti peronista, a sus amigos de la infancia, a su experiencia en las siestas de la pampa bonaerense, pero también a su bibliografía: están su experiencia como narrador, sus lecturas, sus teorías, sus estrategias paródicas, etcétera, etcétera.
En su vasta producción, Aira es en El Tilo el Aira que más nos gusta: un narrador contundente, que sigue el hilo de una historia, donde las subhistorias se expanden siempre sin que el tronco narrativo se vea alterado, fracturado. Sin embargo, hay algo de la poética de Aira que permanece, que es inconfundible, y es que lo central está disimulado de tal modo que el lector llega a la pregunta central del texto sin haberse dado cuenta. Entonces, la estrategia narrativa de Aira es narrar desde la parodia microhistorias que llevan al lector a no percibir que lo central está puesto ante sus ojos. La risa atempera la dureza de lo que se dice.
El Tilo tiene, en este sentido, un núcleo contundente: ¿cómo y por qué se constituye el sujeto desde los capilares recuerdos de la infancia? ¿Qué disparó en el pasado esa línea que indefectiblemente seguimos a lo largo de la vida y que nos arrastra como un torrente a nuestro irremediable presente? ¿De qué modo una frase, una sentencia, una duda, nos condiciona? ¿Qué y quién inviste a nuestro padre en el lugar de la Ley? ¿Es una función psicológica, social, antropológica, filosófica? ¿Cuánto hay en ese nombre del padre? Un padre simbólico, pero también imaginario: un padre peronista-electricista de carácter eléctrico -una teoría cratílica que podríamos inferir como una herencia que determina el temperamento narrativo de Aira-.El Tilo es una novela simple, que cuenta una historia, que sostiene al lector en tensión, que desgrana teorías -algunas interesantes (como de la religión católica y su relación con las clases sociales, en las primeras páginas)- u observaciones muy específicas de la historia del arte (como la descripción de la plaza de Pringles como un conjunto narrativo urbano), o bien reflexiones sobre lo que significa ser un escritor (un nudo que se une a la pregunta del padre sobre lo que significa narrar como un "contar al revés") o bien sus apelaciones a los signos de puntuación (un tema que el autor ya trabajó anteriormente en relación con Osvaldo Lamborghini), etcétera, etcétera. Como ha señalado Sandra Contreras en su libro Las vueltas de César Aira, todo en la narrativa de Aira es tematizado. Es más: la novela es una gran máquina tematizadora que permite meter la vida en la literatura y la literatura como una expresión de la vida.
César Aira nació en Coronel Pringles en 1949. Desde 1967 vive en Buenos Aires, en el barrio de Flores. Ha publicado, entre tantos otros, los siguientes relatos: La liebre, El llanto, La prueba, Cómo me hice monja, La costurera y el viento, Los dos payasos, Varamo y La trompeta de mimbre... Entre sus ensayos recordamos Copi (sobre Raúl Natalio Roque Damonte Botana) y Alejandra Pizarnik (un clásico sobre la gran poeta argentina del siglo XX). También tuvo a su cargo la edición póstuma de la obra de su gran amigo, Osvaldo Lamborghini. Publicó, además, un excelente material para los estudiosos de la literatura latinoamericana: Diccionario de autores latinoamericanos. César Aira es uno de los autores más prolíficos de la literatura argentina contemporánea. Su literatura es tan arrolladora como despareja. Sus admiradores se cuentan por miles, al igual que sus detractores. ¿De qué lado se ubicará usted después de leer El Tilo? (c) LA GACETA

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