31 Marzo 2004 Seguir en 

Compartir jeringas y agujas para inyecciones (o cualquier otro elemento que esté en contacto directo con la sangre) es una de las vías de contagio del sida, la hepatitis y otras enfermedades. Pero es muy común que los usuarios de drogas inyectables lo hagan, y el contexto de ilegalidad, marginación y ocultamiento en que se llevan a cabo estas prácticas los pone en un riesgo muy alto de contraer y retransmitir estas enfermedades.
Modalidad de trabajo
La estrategia de reducción de daños asociados al uso de drogas es una modalidad de trabajo para prevenir el contagio de HIV y otras patologías transmisibles dentro de las propias comunidades de usuarios de drogas, asumiendo en primer lugar (y aunque resulte obvio por definición) que las personas con las que se está trabajando consumen drogas, y que evitar el contagio de enfermedades transmisibles como el sida o la hepatitis C es un problema absolutamente diferente de otros, como las posibles adicciones por ejemplo, que el sentido común asocia más frecuentemente al uso de sustancias ilegales como la marihuana o la cocaína. Esa asociación inmediata entre "uso de drogas ilegales" y "enfermedad" genera estereotipos que agravan esa situación de riesgo. Según el licenciado Pablo Cymerman, psicólogo, Coordinador Ejecutivo de la Red Argentina de Reducción de Daños (Redard) y del área Docente de Intercambios, una ONG que desde 1995 desarrolla programas de reducción de daños en la Argentina, "creer que las personas porque usan drogas no se pueden cuidar, porque son autodestructivos, es un grave error", que contribuye a que las campañas nunca lleguen a la población más vulnerable.
Muchos de los mensajes dados en las campañas de prevención, según considera en sintonía con su perspectiva de trabajo, llevarían ese error consigo: "Cuando se les dice que para cuidarse del sida tienen que dejar de consumir, muchos consumidores piensan que ese mensaje no es para ellos, que ellos no pueden cuidarse". Por eso las acciones desarrolladas por los grupos de reducción de daños se centran, además de la información a la comunidad sobre las conductas de riesgo y la prevención y el suministro gratuito de preservativos, al intercambio de jeringas y agujas descartables, sustituyéndolas por otras nuevas para que no circule material usado entre la población de usuarios de drogas inyectables.
La asociación desarrolla proyectos de reducción de daños en Avellaneda,Buenos Aires. Otras ONG que desarrollan actividades siguiendo líneas parecidas son Convivencia, al sur del Gran Buenos Aires, Kiosco Juvenil en el oeste , El Retoño en las localidades de Boulogne y Lanús, y las oficinas del proyecto Onusida en la ciudad de Rosario.
Las actividades no cuentan con subvención estatal en la Argentina (como sí la tienen, por ejemplo, en Brasil, donde la reducción de daños es política de Estado), el Ministerio de Salud de la Nación y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se han mostrado interesados últimamente en ellas, de lo que resultaron varios eventos el año pasado.
El "descontrol" y los riesgos
La relación entre las formas de consumo de drogas por vías diferentes a la inyectable y la posibilidad de contagio del virus del sida (HIV) es otro de los temas que quedan sobre el tapete. A pesar de que nunca pudo establecerse una correlación directa, siempre sobrevoló el tema de la explicación de que el supuesto "descontrol" provocado por el consumo de ciertas sustancias favorecería conductas de riesgo (mantener relaciones sexuales sin preservativo, fundamentalmente).
Hay mensajes especiales
Existen estudios que ya hablan de un 6% de infectados entre los consumidores de cocaína inhalada. La idea de tales estudios es analizar nuevas formas de operar en la reducción de daños con esas otras modalidades de consumo. Es una población que no se hace eco de los mensajes porque considera que no son para ellos. Entonces, se confeccionan materiales específicos, con el lenguaje y la tipografía elaborados con grupos focales formados con usuarios de drogas, y se les da preservativos.
Incluyen a los que usan drogas
Otro de los principios de la reducción de daños es que tanto en el diseño de los programas como en los equipos de trabajo estén incluidas personas que usan drogas, como operadores de campo, para aportar al diseño de las intervenciones. Además del trabajo en barrios con la comunidad, hay campañas que desarrollan para grupos humanos en situación de alto riesgo Los aspectos sociales del uso de drogas son tan importantes como lograr una buena relación con la gente que las consume.
Modalidad de trabajo
La estrategia de reducción de daños asociados al uso de drogas es una modalidad de trabajo para prevenir el contagio de HIV y otras patologías transmisibles dentro de las propias comunidades de usuarios de drogas, asumiendo en primer lugar (y aunque resulte obvio por definición) que las personas con las que se está trabajando consumen drogas, y que evitar el contagio de enfermedades transmisibles como el sida o la hepatitis C es un problema absolutamente diferente de otros, como las posibles adicciones por ejemplo, que el sentido común asocia más frecuentemente al uso de sustancias ilegales como la marihuana o la cocaína. Esa asociación inmediata entre "uso de drogas ilegales" y "enfermedad" genera estereotipos que agravan esa situación de riesgo. Según el licenciado Pablo Cymerman, psicólogo, Coordinador Ejecutivo de la Red Argentina de Reducción de Daños (Redard) y del área Docente de Intercambios, una ONG que desde 1995 desarrolla programas de reducción de daños en la Argentina, "creer que las personas porque usan drogas no se pueden cuidar, porque son autodestructivos, es un grave error", que contribuye a que las campañas nunca lleguen a la población más vulnerable.
Muchos de los mensajes dados en las campañas de prevención, según considera en sintonía con su perspectiva de trabajo, llevarían ese error consigo: "Cuando se les dice que para cuidarse del sida tienen que dejar de consumir, muchos consumidores piensan que ese mensaje no es para ellos, que ellos no pueden cuidarse". Por eso las acciones desarrolladas por los grupos de reducción de daños se centran, además de la información a la comunidad sobre las conductas de riesgo y la prevención y el suministro gratuito de preservativos, al intercambio de jeringas y agujas descartables, sustituyéndolas por otras nuevas para que no circule material usado entre la población de usuarios de drogas inyectables.
La asociación desarrolla proyectos de reducción de daños en Avellaneda,Buenos Aires. Otras ONG que desarrollan actividades siguiendo líneas parecidas son Convivencia, al sur del Gran Buenos Aires, Kiosco Juvenil en el oeste , El Retoño en las localidades de Boulogne y Lanús, y las oficinas del proyecto Onusida en la ciudad de Rosario.
Las actividades no cuentan con subvención estatal en la Argentina (como sí la tienen, por ejemplo, en Brasil, donde la reducción de daños es política de Estado), el Ministerio de Salud de la Nación y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se han mostrado interesados últimamente en ellas, de lo que resultaron varios eventos el año pasado.
El "descontrol" y los riesgos
La relación entre las formas de consumo de drogas por vías diferentes a la inyectable y la posibilidad de contagio del virus del sida (HIV) es otro de los temas que quedan sobre el tapete. A pesar de que nunca pudo establecerse una correlación directa, siempre sobrevoló el tema de la explicación de que el supuesto "descontrol" provocado por el consumo de ciertas sustancias favorecería conductas de riesgo (mantener relaciones sexuales sin preservativo, fundamentalmente).
Hay mensajes especiales
Existen estudios que ya hablan de un 6% de infectados entre los consumidores de cocaína inhalada. La idea de tales estudios es analizar nuevas formas de operar en la reducción de daños con esas otras modalidades de consumo. Es una población que no se hace eco de los mensajes porque considera que no son para ellos. Entonces, se confeccionan materiales específicos, con el lenguaje y la tipografía elaborados con grupos focales formados con usuarios de drogas, y se les da preservativos.
Incluyen a los que usan drogas
Otro de los principios de la reducción de daños es que tanto en el diseño de los programas como en los equipos de trabajo estén incluidas personas que usan drogas, como operadores de campo, para aportar al diseño de las intervenciones. Además del trabajo en barrios con la comunidad, hay campañas que desarrollan para grupos humanos en situación de alto riesgo Los aspectos sociales del uso de drogas son tan importantes como lograr una buena relación con la gente que las consume.
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