Trasplante de rostro: ¿ciencia o ficción?

Los médicos dudan de los beneficios de la operación. Un especialista español dice que el problema no sería trasplantar la piel, sino que ésta permaneciera como inerte. "Quien reciba el trasplante -indica- tendrá la piel desconectada, sin posibilidad de responder al movimiento de los músculos faciales"

31 Marzo 2004
El trasplante de rostro no es una fantasía descabellada. Aunque se duda de su conveniencia y utilidad, muchos cirujanos plásticos -sobre todo los especialistas dedicados a las microcirugías- estiman que es perfectamente posible. Este mes, en Francia, se estuvo a punto de realizar una intervención de esta naturaleza, pero fue prohibida por razones éticas. El cirujano Laurent Lantieri, del Hospital Henri-Mondor de Cretail, estaba por trasplantar el rostro de un donante muerto a un hombre dispuesto a realizarse esa operación por tener el suyo desfigurado. El Comité Consultivo Nacional de Etica denegó el acto "porque no se conocen los riesgos precisos de este tipo de injerto".

Muchas dudas tornan aún imposible la concreción del trasplante de rostro
Técnicamente no sólo es posible, sino que aún hay tres conocidos casos (en Francia, Estados Unidos e Inglaterra) donde los pacientes están a la espera de que los respectivos comités de salud y ética lo autoricen para pasar directamente al quirófano. Pero demasiadas dudas recaen aún sobre la cirugía de transplante de rostro: los que lo consideran posible debaten su efectividad y a la necesidad de que el paciente transplantado deba utilizar de por vida un tratamiento inmunosupresor, en tanto que hay quienes oponen razones de carácter fundamentalmente moral, ético y religioso.

Sólo órganos internos
Hasta el momento todos los trasplantes se han realizado con órganos internos, pero precisamente en los primeros días de este mes el Comíté Consultivo Nacional de Ética francés denegó la autorización al cirujano Laurent Lantieri, del hospital Henri-Mondor de Cretail, para trasplantarle el rostro de un donante muerto a un hombre dispuesto a realizarse esa operación, que tiene el rostro desfigurado y cuya identidad se mantuvo en reserva. "Los trasplantes de rostro -declaró el Comité en su resolución- no deberían realizarse mientras no se completen las investigaciones que permitan apreciar de manera precisa los riesgos que acompañan este tipo de injertos".
Además de este caso son conocidos los de Jacqueline Saburido y Christine Piff, en Kentucky (Estados Unidos) y Londres, respectivamente. La primera quedó con la cara desfigurada por quemaduras luego de un accidente automovilístico, en tanto que la segunda padece un tumor que le ha hecho perder -literalmente- varias partes de su rostro.
En Francia el doctor Lantieri venía esperando el permiso desde febrero de 2002, con lo que abandonó el proyecto al serle aquel denegado el 2 de marzo pasado. Hubiera sido la primera vez que se transplantaba, entera, la cara de una persona muera a otra viva.

Lo que hoy sí se hace
Las técnicas actuales de microcirugía maxilofacial permiten excelentes trabajos de reconstrucción a partir de tejidos extraídos de alguna otra parte del cuerpo del paciente, mayormente de la espalda o del abdomen.
Un informe reciente de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial (SECOM) expresaba que técnicamente la Medicina dispone ya de elementos como para poder realizar el transplante de cara, pero no para recuperar los rasgos de sensibilidad, expresividad y capacidad motora de los que puede ser capaz un rostro humano.
Asimismo calificaba de "inadecuada" en el momento actual la posibilidad de trasplantar tejido de la cara de un muerto a un ser vivo. Según explicó el presidente de esa sociedad médico científica, el doctor José Ignacio Salmerón Escobar, los beneficios de una intervención de estas características vendrían a ser "muy dudosos".
Para Salmerón, el problema no sería trasplantar la piel sino que ésta permaneciera como una careta inerte. El paciente que reciba el trasplante tendrá la piel "desconectada", sin posibilidad de responder al movimiento de los músculos faciales. Otra de las grandes dificultades señaladas por la SECOM y mencionada al principio, es que todo transplante de tejidos vivos tiene el riesgo de ser rechazado por el sistema inmunológico del individuo receptor, que lo considera "extraño". La única forma de solucionarlo sería aplicar un tratamiento inmunosupresor para toda la vida, con lo cual no estaría indicado, dicen, en pacientes oncológicos.

Injertos y colgajos
En el hospital Juan Garrahan de Buenos Aires el Jefe de Cirugía Plástica, doctor Juan Carlos Rodríguez, explicó la diferencia existente entre las cirugías por implante de piel (injertos) y aquellas otras, mucho más complejas, en las que para reconstruir el rostro de una persona se toma una porción de tejido vivo de la misma que puede incluir además músculo y hueso, y que se denomina colgajo.
El colgajo, explica el doctor Rodríguez, incluye siempre al menos una arteria y una vena que al ser conectadas a los vasos sanguíneos que hay en el rostro permitirán la irrigación del tejido añadido. A esto se añade la conexión nerviosa, que dotará al nuevo rostro de la posibilidad de movimiento y expresión. De esta manera se logran, por ejemplo, reconstrucciones de la mandíbula con el hueso peroné, ubicado en la pierna.

El mayor problema
Con esta técnica de colgajo, asegura, el transplante de cara es perfectamente posible. "El problema mayor, como en cualquier transplante, sería el posoperatorio", confirma, debido a que recibir tejidos ajenos puede generar rechazo inmunológico. El tratamiento con inmunosupresores, además de su alto costo, podría dejar la puerta abierta a otras enfermedades.
Sin embargo este tipo de transplantes podría solucionarle el problema a personas con la cara totalmente desfigurada por tumores, malformaciones congénitas, accidentes o quemaduras muy profundas.
Los mayores cuestionamientos para el transplante de cara de una persona muerta a otra viva son, entonces, de otro carácter: pasan por la esperable dificultad de la persona para identificarse con su nueva imagen (que a la vez es la de un fallecido), por la renuencia de los familiares del donante, que verían el rostro de su ser querido en otra persona, o por la imposibilidad de velar a una persona sin rostro, además del problema que implicaría que aquel a quien le sobren recursos desee cambiar su rostro sin motivos que realmente lo justifiquen.

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