El dolor de huesos y articulaciones ya es un problema de salud pública

Caracterizada por la degeneración progresiva de los cartílagos, la artrosis es el tipo más común de reuma. Alternativas naturales.

24 Marzo 2004
La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que "el 40% de las personas de más de 70 años sufre de artrosis de rodilla; el 80% de los que padecen artrosis tienen alguna limitación del movimiento, y el 25% se ve impedido de realizar sus tareas habituales".
El dolor en huesos y articulaciones, tan frecuente en la edad madura, se volvió un problema de salud pública altamente preocupante. La Asociación de Reumatología de la Ciudad de Buenos Aires explicó que las llamadas enfermedades reumáticas son más de 160, aunque la más común es la artrosis u osteoartritis, que causa discapacidad, inmovilidad y graves padecimientos. Se calcula que entre el 80 y 90% de los mayores de 65 años tiene alguna manifestación de artrosis, lo que representa en la Argentina 2.200.000 personas afectadas.

Inflamación y rigidez
La artrosis articular se caracteriza por una degeneración progresiva del cartílago y del hueso, y una inflamación crónica de las articulaciones, lo que causa dolor y rigidez.
No se conoce con exactitud la causa de este deterioro, pero existen ciertos factores que predisponen su aparición, tales como edad avanzada y obesidad. Sin embargo, algunas personas de 40 años ya pueden presentar signos de artrosis en las radiografías, y también se da en individuos más jóvenes.
Los síntomas aparecen en forma gradual, y aunque afecta a cualquier articulación del organismo, hay zonas o regiones más características: columna, manos, rodillas y cadera. Por lo general, comienza en los dedos, la base de los pulgares, el cuello y la zona lumbar. El primer signo es el dolor, en particular después de hacer ejercicio, y la rigidez después de estar en reposo o al despertarse.

Síntomas que alertan
Los principales síntomas de la artrosis son: dolor, entumecimiento o rigidez, crepitación o crujidos y aumento de tamaño y deformaciones de la articulación o articulaciones afectadas; en estadios avanzados de la enfermedad puede aparecer también inflamación. Comienza afectando al cartílago, el tejido elástico y gelatinoso que hay en los extremos de los huesos. Constituido por entre un 65 y un 80% de agua, el cartílago está destinado a cumplir dos funciones: reducir la fricción producida de un hueso contra el otro y amortiguar el traumatismo que el movimiento normal de la vida diaria inflige a los huesos. Desgraciadamente, con los años, la artrosis puede llegar a secar el cartílago, erosionando ese elemento amortiguador entre los huesos.
Es fácil apreciar el grado de erosión y deterioro del cartílago mediante el examen radiológico de una articulación afectada de artrosis. El espacio articular se estrecha; deja de existir la separación entre los extremos de los huesos y los regulares contornos del cartílago sano.
Por encima de los 45 años el hombre es más propenso que la mujer a padecerla, quizá porque realiza actividades que exigen mayor fuerza física. Entre los 45 y los 55, las posibilidades empiezan a equipararse. Por encima de los 55 afecta más las mujeres, y más tarde la artrosis es más frecuente y más grave. Son millones las mujeres de todas las edades que padecen esta patología, con el doble de incidencia que en los hombres.
Se puede mitigar el dolor y la discapacidad que produce la artrosis. El mayor conocimiento de la estructura y función del cartílago, y los años de experiencia con numerosos pacientes, han demostrado que es posible retardar, detener o prevenir el deterioro del cartílago. Existen pruebas irrefutables de que el restablecimiento del equilibrio normal en la sustancia matriz del cartílago influye positivamente en el curso del mal y en sus consecuencias.

Nuevos tratamientos
Si bien la artrosis no pone en riesgo la vida del paciente, el dolor limita funcionalmente las tareas cotidianas. Para aliviarlo se utilizan gran variedad de fármacos o se practican operaciones de cirugía ortopédica caras y potencialmente peligrosas.
En la actualidad, una combinación de complementos naturales (glucosamina y condroitinsulfato, de venta libre en la mayor parte del mundo), han demostrado, según los especialistas, retardar la evolución.
Tanto la glucosamina como el condroitinsulfato son sustancias que consumimos en forma habitual y que incluso nuestro cuerpo genera en pequeñas cantidades, por lo que no producen efectos secundarios.El estamento médico estadounidense, está empezando a reconsiderar su opinión y a abrirse a las prometedoras posibilidades que ofrecen la glucosamina y los condroitinsulfatos, ya que, poco a poco, empiezan a darse cuenta de que la artrosis no es inevitable y de que incluso puede curarse.

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