24 Marzo 2004 Seguir en 

Existen muchos factores de riesgo que predisponen la enfermedad coronaria. Los factores de riesgo modificables como el cigarrillo, la hipertensión arterial, el colesterol elevado, el sedentarismo, la diabetes, el estrés (que puede ser ocasionado por problemas laborales o la pérdida del trabajo, mudanzas o la pérdida de un hijo) y el sobrepeso, y los no modificables, como la herencia, la edad avanzada y el sexo masculino, conforman los principales determinantes de esta enfermedad.
Además de estos factores de riesgo clásicos, existen otros factores llamados "emergentes o nuevos", que podrían explicar la aparición de la enfermedad cardiovascular en personas que no habiendo fumado, teniendo colesterol y presión arterial normales y realizando ejercicio en forma regular, debutan a edad muy temprana con infarto o angina inestable e incluso repiten eventos coronarios.
Estos factores de riesgo emergentes son la homocisteína, las partículas de LDL pequeñas y densas, el fibrinógeno, Lipoproteína (a) y la proteína C reactiva, entre otros.
Está en el organismo
La homocisteína es un aminoácido no esencial presente en el ser humano normalmente en concentraciones por debajo de 10 micromoles por litro. El metabolismo de la misma requiere de adecuados niveles de Vitamina B, imprescindibles para su degradación.
Numerosos estudios publicados que incluyeron varios miles de pacientes, probaron que existe una clara asociación entre los niveles elevados de homocisteína y el riesgo de padecer enfermedad vascular o cardíaca, de manera que a mayor nivel en plasma de homocisteína, mayor mortalidad cardiovascular. Las personas con déficit de alguna de las enzimas que degradan la homocisteína y aquellas otras que consumen dietas pobres en verduras y frutas (con bajo ingreso de Vitamina B), tienen por lo tanto, mayores niveles de homocisteína, porque el organismo no la metaboliza adecuadamente.
Profesionales del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires llevaron adelante un estudio que incluyó a 60 pacientes. "Lo que intentamos con este estudio fue valorar la eficacia real de dos intervenciones diferentes para bajar la homocisteína, de modo de poder actuar racionalmente frente a un paciente con homocisteína muy elevada". Durante el estudio, que se desarrolló en la Clínica de Prevención del ICBA, se incluyeron a los 60 pacientes con enfermedad cardiovascular previa, que tuvieran un nivel de homocisteína de más de 10 micromoles/litro. Se los dividió al azar en tres grupos de 20 integrantes cada uno; el primero recibió una dieta rica en verduras, cereales y frutas (principales fuentes naturales de Vitamina B), el segundo recibió un comprimido diario de un complejo vitamínico B (B 9 o ácido Fólico, B 6 y B12) y el tercero no recibió ninguna intervención en especial.
Resultados alentadores
A los 3 meses se hicieron nuevos dosajes. Los tres grupos tuvieron menores niveles de homocisteína. Sólo el grupo que recibió suplemento vitamínico mostró una sustancial reducción, claramente superior que la dieta rica en vitamina B. Ambos grupos, el de dieta y el que no recibió ninguna intervención, redujeron su homocisteína en 2.7 micromoles/litro; en cambio, el grupo que recibió suplemento vitamínico en comprimidos, logró una disminución de 5.7 micromoles/litro.
Haría falta un suplemento
"Con estos hallazgos, podríamos inferir que frente a la necesidad de mantener niveles más bajos de homocisteína, la suplementación oral de vitamina B debería ser la estrategia de elección", indica la doctora Melina Huerin, Jefa de Prevención y Rehabilitación Cardiovascular del ICBA y responsable de la investigación realizada en nuestro país.
Además de estos factores de riesgo clásicos, existen otros factores llamados "emergentes o nuevos", que podrían explicar la aparición de la enfermedad cardiovascular en personas que no habiendo fumado, teniendo colesterol y presión arterial normales y realizando ejercicio en forma regular, debutan a edad muy temprana con infarto o angina inestable e incluso repiten eventos coronarios.
Estos factores de riesgo emergentes son la homocisteína, las partículas de LDL pequeñas y densas, el fibrinógeno, Lipoproteína (a) y la proteína C reactiva, entre otros.
Está en el organismo
La homocisteína es un aminoácido no esencial presente en el ser humano normalmente en concentraciones por debajo de 10 micromoles por litro. El metabolismo de la misma requiere de adecuados niveles de Vitamina B, imprescindibles para su degradación.
Numerosos estudios publicados que incluyeron varios miles de pacientes, probaron que existe una clara asociación entre los niveles elevados de homocisteína y el riesgo de padecer enfermedad vascular o cardíaca, de manera que a mayor nivel en plasma de homocisteína, mayor mortalidad cardiovascular. Las personas con déficit de alguna de las enzimas que degradan la homocisteína y aquellas otras que consumen dietas pobres en verduras y frutas (con bajo ingreso de Vitamina B), tienen por lo tanto, mayores niveles de homocisteína, porque el organismo no la metaboliza adecuadamente.
Profesionales del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires llevaron adelante un estudio que incluyó a 60 pacientes. "Lo que intentamos con este estudio fue valorar la eficacia real de dos intervenciones diferentes para bajar la homocisteína, de modo de poder actuar racionalmente frente a un paciente con homocisteína muy elevada". Durante el estudio, que se desarrolló en la Clínica de Prevención del ICBA, se incluyeron a los 60 pacientes con enfermedad cardiovascular previa, que tuvieran un nivel de homocisteína de más de 10 micromoles/litro. Se los dividió al azar en tres grupos de 20 integrantes cada uno; el primero recibió una dieta rica en verduras, cereales y frutas (principales fuentes naturales de Vitamina B), el segundo recibió un comprimido diario de un complejo vitamínico B (B 9 o ácido Fólico, B 6 y B12) y el tercero no recibió ninguna intervención en especial.
Resultados alentadores
A los 3 meses se hicieron nuevos dosajes. Los tres grupos tuvieron menores niveles de homocisteína. Sólo el grupo que recibió suplemento vitamínico mostró una sustancial reducción, claramente superior que la dieta rica en vitamina B. Ambos grupos, el de dieta y el que no recibió ninguna intervención, redujeron su homocisteína en 2.7 micromoles/litro; en cambio, el grupo que recibió suplemento vitamínico en comprimidos, logró una disminución de 5.7 micromoles/litro.
Haría falta un suplemento
"Con estos hallazgos, podríamos inferir que frente a la necesidad de mantener niveles más bajos de homocisteína, la suplementación oral de vitamina B debería ser la estrategia de elección", indica la doctora Melina Huerin, Jefa de Prevención y Rehabilitación Cardiovascular del ICBA y responsable de la investigación realizada en nuestro país.
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