17 Marzo 2004 Seguir en 

Comer bien y a tiempo es saludable. Las comidas desequilibradas en nutrientes, rápidas y saturadas en grasas pueden provocar en poco tiempo graves problemas arteriales en los riñones de los niños. Además, comer en horarios desordenados, de pie, y alimentos de mala calidad como hamburguesas y salchichas (comida chatarra), té bebido, y mucha gaseosa, por ejemplo, es un camino que conduce a la obesidad a muy temprana edad. Una médica nutricionista aconseja volver a los viejos tiempos, a la mesa familiar y a la comida hogareña, a las frutas y verduras, y al olvidado desayuno completo con café con leche.
Comer rápido y con mucha grasa puede dañar las arterias renales en los niños
Los padres tienen muy poco tiempo para compartir las comidas con sus hijos, especialmente el desayuno y el almuerzo. El hábito de la leche y las tostadas se perdieron junto a las tertulias que se organizaban alrededor de la mesa. La familia se levanta con el tiempo justo y los integrantes salen apurados: los papás hacia el trabajo y los chicos al colegio. Y un gran porcentaje de ellos, lo hace, en el mejor de los casos con media taza de leche en la panza y alguna que otra galletita.
"Hay veces que los chicos directamente no desayunan o presentan grandes malestares cuando toman un vaso de leche, tales como descomposturas o mareos. El problema radica en que es una comida poco elaborada, que se ingiere con apuro y generalmente no se comparte entre la familia. El estrés de los padres, el nerviosismo por salir lo más rápido posible para no llegar tarde, fomenta a que se tome el té, café o leche, de pie y a las corridas, mientras al mismo tiempo se realizan otras tareas. Estos rasgos que acompañan al desayuno provocan malestar al niño, que se rehúsa, en la gran mayoría de los casos, a comer", explica la doctora Carmen Mazza, pediatra nutricionista y jefa del Servicio de Nutrición del Hospital Garrahan, de Buenos Aires.
Del control a la anorexia
El hábito se estructura como una costumbre, comer provoca hambre. "Es decir, el organismo se habitúa a tener hambre en los horarios que las comidas están instaladas como patrón. Un cuerpo habituado a almorzar tendrá hambre todos los mediodías. Pero, si se deja de comer voluntariamente, no desaparece el hambre sino que se establece una patología emocional que hace que los chicos controlen el hambre. Los pequeños con anorexia nerviosa tienen hambre pero lo tienen dominado bajo un control muy estricto".
Para que no ocurra algún trastorno en la conducta alimentaria es fundamental que, durante el día, las personas coman entre cuatro y cinco comidas. Y, como dato saludable, hay que saber que entre una y otra el organismo se prepara para incorporar nuevos nutrientes que aporten energías. "Si bien el desayuno es importante y debe elaborarse en forma equilibrada porque antecede a la actividad principal del día, ya sea en los adultos el trabajo y en los niños la actividad intelectual, todas las comidas aportan los nutrientes necesarios para el funcionamiento ordenado del organismo".
El desayuno debe contener: hidratos de carbono que permanezcan el mayor tiempo posible en el organismo del niño, que aporten la energía suficiente como para que le permita estar lúcido en el aula (galletitas, cereales, pan). Pero también son fundamentales las proteínas (leche), y, si es posible, agregar mermelada, jugo de frutas o frutas crudas. El desayuno programa al organismo para la selección de alimentos del resto del día. Si sólo se comió por la mañana hidratos de carbonos, en las comidas siguientes el organismo necesitará y pedirá incorporar proteínas.
Hamburguesas y salchichas
Las comidas rápidas que no están procesadas en la casa, como las hamburguesas o las salchichas, tienen alto contenido de grasa de mala calidad, que causan futuras enfermedades en un niño.
"Las comidas rápidas, además de tener excesiva cantidad de grasa, carecen de nutrientes vitales: proteínas, vitaminas y minerales que están en las frutas y hortalizas frescas".
Es preferible un almuerzo humilde elaborado en casa y que integre gran variedades de alimentos: proteína animal (carnes rojas, pescado, pollo o huevo), hidratos de carbonos lentos que otorguen energía como la papa, polenta, puré o fideos, por ejemplo. Y minerales y vitaminas en ensaladas y jugo de frutas.
La "comida chatarra" induce a la obesidad
La primera consecuencia en una dieta alta en grasa saturada es la tendencia a la obesidad. "En todo el mundo está en aumento. En general, en todos los pueblos ricos y pobres se fue reemplazando las comidas menos procesadas como pueden ser las frutas, verduras, fibras y legumbres, por las comidas muy procesadas y que contienen alto nivel de grasa".
Dejar lo rápido y barato
Un poco indignada, la médica nutricionista Carmen Mazza comenta que "lamentablemente se impuso el tipo de comida occidental: rápida y barata, que ha ido en detrimento del hábito familiar".
"Además, agregó la especialista, las comidas industrializadas, son acompañadas por un fuerte marketing que provoca atracción en los niños. Con esto no quiere decir que este mal que los pequeños coman hamburguesas o salchichas, sólo creo que debería ser una alternativa más dentro del menú semanal".
Otras de las tantas consecuencias de estas comidas -que toma dentro de la sociedad el mote de "comida chatarra"-, son las complicaciones que asocian a la obesidad.
"Aumentan los lípidos en sangre y por ende hay una suba en el colesterol y en la presión arterial. Y, si el niño tiene antecedentes hereditarios puede desarrollar diabetes".
"Entonces -continua- la madre de un niño obeso tiene que saber que la obesidad es una condición patológica que puede llevar a enfermedades crónicas. El pequeño debe ser evaluado en algún momento de su crecimiento para descartar cualquier tipo de riesgo o complicación futura".
Comer rápido y con mucha grasa puede dañar las arterias renales en los niños
Los padres tienen muy poco tiempo para compartir las comidas con sus hijos, especialmente el desayuno y el almuerzo. El hábito de la leche y las tostadas se perdieron junto a las tertulias que se organizaban alrededor de la mesa. La familia se levanta con el tiempo justo y los integrantes salen apurados: los papás hacia el trabajo y los chicos al colegio. Y un gran porcentaje de ellos, lo hace, en el mejor de los casos con media taza de leche en la panza y alguna que otra galletita.
"Hay veces que los chicos directamente no desayunan o presentan grandes malestares cuando toman un vaso de leche, tales como descomposturas o mareos. El problema radica en que es una comida poco elaborada, que se ingiere con apuro y generalmente no se comparte entre la familia. El estrés de los padres, el nerviosismo por salir lo más rápido posible para no llegar tarde, fomenta a que se tome el té, café o leche, de pie y a las corridas, mientras al mismo tiempo se realizan otras tareas. Estos rasgos que acompañan al desayuno provocan malestar al niño, que se rehúsa, en la gran mayoría de los casos, a comer", explica la doctora Carmen Mazza, pediatra nutricionista y jefa del Servicio de Nutrición del Hospital Garrahan, de Buenos Aires.
Del control a la anorexia
El hábito se estructura como una costumbre, comer provoca hambre. "Es decir, el organismo se habitúa a tener hambre en los horarios que las comidas están instaladas como patrón. Un cuerpo habituado a almorzar tendrá hambre todos los mediodías. Pero, si se deja de comer voluntariamente, no desaparece el hambre sino que se establece una patología emocional que hace que los chicos controlen el hambre. Los pequeños con anorexia nerviosa tienen hambre pero lo tienen dominado bajo un control muy estricto".
Para que no ocurra algún trastorno en la conducta alimentaria es fundamental que, durante el día, las personas coman entre cuatro y cinco comidas. Y, como dato saludable, hay que saber que entre una y otra el organismo se prepara para incorporar nuevos nutrientes que aporten energías. "Si bien el desayuno es importante y debe elaborarse en forma equilibrada porque antecede a la actividad principal del día, ya sea en los adultos el trabajo y en los niños la actividad intelectual, todas las comidas aportan los nutrientes necesarios para el funcionamiento ordenado del organismo".
El desayuno debe contener: hidratos de carbono que permanezcan el mayor tiempo posible en el organismo del niño, que aporten la energía suficiente como para que le permita estar lúcido en el aula (galletitas, cereales, pan). Pero también son fundamentales las proteínas (leche), y, si es posible, agregar mermelada, jugo de frutas o frutas crudas. El desayuno programa al organismo para la selección de alimentos del resto del día. Si sólo se comió por la mañana hidratos de carbonos, en las comidas siguientes el organismo necesitará y pedirá incorporar proteínas.
Hamburguesas y salchichas
Las comidas rápidas que no están procesadas en la casa, como las hamburguesas o las salchichas, tienen alto contenido de grasa de mala calidad, que causan futuras enfermedades en un niño.
"Las comidas rápidas, además de tener excesiva cantidad de grasa, carecen de nutrientes vitales: proteínas, vitaminas y minerales que están en las frutas y hortalizas frescas".
Es preferible un almuerzo humilde elaborado en casa y que integre gran variedades de alimentos: proteína animal (carnes rojas, pescado, pollo o huevo), hidratos de carbonos lentos que otorguen energía como la papa, polenta, puré o fideos, por ejemplo. Y minerales y vitaminas en ensaladas y jugo de frutas.
La primera consecuencia en una dieta alta en grasa saturada es la tendencia a la obesidad. "En todo el mundo está en aumento. En general, en todos los pueblos ricos y pobres se fue reemplazando las comidas menos procesadas como pueden ser las frutas, verduras, fibras y legumbres, por las comidas muy procesadas y que contienen alto nivel de grasa".
Dejar lo rápido y barato
Un poco indignada, la médica nutricionista Carmen Mazza comenta que "lamentablemente se impuso el tipo de comida occidental: rápida y barata, que ha ido en detrimento del hábito familiar".
"Además, agregó la especialista, las comidas industrializadas, son acompañadas por un fuerte marketing que provoca atracción en los niños. Con esto no quiere decir que este mal que los pequeños coman hamburguesas o salchichas, sólo creo que debería ser una alternativa más dentro del menú semanal".
Otras de las tantas consecuencias de estas comidas -que toma dentro de la sociedad el mote de "comida chatarra"-, son las complicaciones que asocian a la obesidad.
"Aumentan los lípidos en sangre y por ende hay una suba en el colesterol y en la presión arterial. Y, si el niño tiene antecedentes hereditarios puede desarrollar diabetes".
"Entonces -continua- la madre de un niño obeso tiene que saber que la obesidad es una condición patológica que puede llevar a enfermedades crónicas. El pequeño debe ser evaluado en algún momento de su crecimiento para descartar cualquier tipo de riesgo o complicación futura".
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