Una hormona pone freno al paro cardíaco

Usan vasopresina para la resucitación cardíaca. Aumenta un 40% la posibilidad de que el paciente llegue con vida al hospital.

25 Febrero 2004
De las diversas formas que puede adoptar la enfermedad cardiovascular, el llamado paro cardíaco (que no es lo mismo que el infarto de miocardio) es una de las de más difícil tratamiento y presenta una mayor tasa de mortalidad. Por eso, el reciente hallazgo de que una nueva terapia podría triplicar el número de pacientes que sobreviven a este peligroso evento ha sido recibido con alegría y esperanza en la comunidad médica.
Días atrás investigadores europeos publicaron en la revista especializada The New England Journal of Medicine los resultados de un ensayo clínico que revelan que reemplazar el uso habitual de epinefrina durante las maniobras de resucitación cardiopulmonar que se realizan en la vía pública por otra hormona denominada vasopresina aumenta en un 40% las probabilidades de que el paciente llegue con vida a la unidad coronario de un hospital. La forma de paro cardíaco que los cardiólogos denominan asistólica no sólo es la más graves, también es la más refractaria a los tratamientos convencionales.
"El paro cardíaco es el resultado de una suerte de tormenta eléctrica denominada fibrilación ventricular, que hace que el músculo cardíaco experimente miles de contracciones al mismo tiempo", explicó el doctor Branco Mautner, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Favaloro. "Esta fibrilación le impide contraerse en forma rítmica, necesario para que el corazón cumpla con su función de bomba que envía sangre al organismo", continuó el cardiólogo. La fibrilación ventricular es tratada, primero, con las llamadas técnicas de resucitación cardiopulmonar y, segundo, mediante el uso de desfibriladores que aplican una descarga eléctrica sobre el músculo cardíaco.
Si las maniobras de resucitación y el uso del desfibrilador no reorganizan el ritmo cardíaco, el corazón se detiene y el pulso desaparece. Entonces el paciente entra en asístole, una condición que coloca a la persona del otro lado de la línea que separa la vida de la muerte. Es en estos casos que se recurre a las inyecciones de epinefrina, que contraen los vasos sanguíneos y que en unos pocos casos ponen al corazón de vuelta en sus funciones.
Ahora, investigadores alemanes, austríacos y suizos demostraron que el reemplazo de la epinefrina por la vasopresina, una hormona segregada por la glándula pituitaria, eleva del 1,5% al 4,7% las probabilidades de que la persona cuyo corazón ha entrado en asístole pueda sobrevivir al evento.

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