04 Febrero 2004 Seguir en 

Para concientizar sobre la necesidad de realizar el diagnóstico prenatal así como la prevención de la toxoplasmosis, visitó nuestro país el catedrático y doctor Walter Ferreira, director del Instituto de Medicina Tropical de San Pablo, Brasil.
La toxoplasmosis congénita es causada por la infección del feto con el Toxoplasma gondii durante la gestación, como consecuencia de una infección primaria de la madre durante el embarazo. La enfermedad puede tener consecuencia severas, como aborto espontáneo, muerte intrauterina y secuelas neurológicas y oculares.
Cuando el parásito cumple un ciclo de vida completo en el intestino de los felinos y éstos defecan estando contaminados, eliminan junto con la materia fecal millones de ooquistes. Estos ooquistes pueden enfermar a cualquier animal de sangre caliente, entre ellos, al ganado ovino, porcino, bovino y al ser humano.
Vías de contaminación
Existen dos vías de infección:
-Inhalatoria: cuando los ooquistes que están enterrados (porque los gatos tapan la materia fecal) flotan al remover la misma y entran por la nariz. Además el felino puede llevar en su pelambre ooquistes que deja dentro de la casa y que pueden permanecer viables hasta dos inviernos luego de ser expulsados.
-Digestiva: cuando ingerimos en nuestra alimentación carne cruda (fiambres, algunas colectividades tienen platos típicos crudos) o mal cocida, el famoso bife vuelta y vuelta. En esta circunstancia ingerimos elementos quísticos del parásito que estaban en los animales cárneos de expendio que se habían contaminado previamente en la naturaleza con gatos salvajes.
Trastornos congénitos
"De 10 a 15% de los nacidos que se infectaron in útero -dice Ferreira- exhiben síntomas que varían en su severidad. Si no reciben el tratamiento adecuado, un 40% de estos niños, podrían desarrollar trastornos oculares con pérdida parcial o total de la visión en los primeros veinte años de vida". Los oftalmólogos estiman que por lo menos 25% de los casos de corioretinitis diagnosticados en adultos de 25 a 30 años son manifestación tardía de toxoplasmosis congénitas no diagnosticadas.
Si bien no hay datos locales de incidencia de esta enfermedad, las cifras en países europeos con prevalencia similar a la muestra, representaría entre 1 a 20 de cada 10.000 nacidos.
No tiene síntomas; se detecta con análisis
Como la toxoplasmosis es por lo general asintomática en el adulto, se la detecta a través de pruebas de laboratorio, que muestran la presencia de anticuerpos en sangre (serología), durante el control que se le realiza a la madre en el embarazo.
La detección de la infección de la embarazada permitiría realizar un tratamiento profiláctico. Si la madre es seronegativa se deberá alertar sobre los riesgos de infección, dándole pautas de prevención higiénico sanitarias.
Aún no existe una vacuna
Como no hay vacuna para el mal, es vital saber cuándo se infectó la madre respecto a la concepción, ya que los anticuerpos adquiridos antes del embarazo protegen al feto. Este dato preciso no siempre es fácil de establecer con las técnicas usualmente disponibles. De todos modos con la mejora en los tests diagnósticos (Avidez de las IgG) y el desarrollo de nuevas técnicas, es posible establecer este dato en la mayoría de los casos.
Ha pasado medio siglo desde los primeros estudios de Sabin y Feldman para el diagnóstico de la enfermedad y "la continua evolución científica y técnica ha realizado importantes avances, pero aun no se ha arribado al método ideal (Gold Standard) que provea la información lo suficientemente segura acerca del verdadero status inmunológico de la paciente" según el profesor Ferreira.
La toxoplasmosis congénita es causada por la infección del feto con el Toxoplasma gondii durante la gestación, como consecuencia de una infección primaria de la madre durante el embarazo. La enfermedad puede tener consecuencia severas, como aborto espontáneo, muerte intrauterina y secuelas neurológicas y oculares.
Cuando el parásito cumple un ciclo de vida completo en el intestino de los felinos y éstos defecan estando contaminados, eliminan junto con la materia fecal millones de ooquistes. Estos ooquistes pueden enfermar a cualquier animal de sangre caliente, entre ellos, al ganado ovino, porcino, bovino y al ser humano.
Vías de contaminación
Existen dos vías de infección:
-Inhalatoria: cuando los ooquistes que están enterrados (porque los gatos tapan la materia fecal) flotan al remover la misma y entran por la nariz. Además el felino puede llevar en su pelambre ooquistes que deja dentro de la casa y que pueden permanecer viables hasta dos inviernos luego de ser expulsados.
-Digestiva: cuando ingerimos en nuestra alimentación carne cruda (fiambres, algunas colectividades tienen platos típicos crudos) o mal cocida, el famoso bife vuelta y vuelta. En esta circunstancia ingerimos elementos quísticos del parásito que estaban en los animales cárneos de expendio que se habían contaminado previamente en la naturaleza con gatos salvajes.
Trastornos congénitos
"De 10 a 15% de los nacidos que se infectaron in útero -dice Ferreira- exhiben síntomas que varían en su severidad. Si no reciben el tratamiento adecuado, un 40% de estos niños, podrían desarrollar trastornos oculares con pérdida parcial o total de la visión en los primeros veinte años de vida". Los oftalmólogos estiman que por lo menos 25% de los casos de corioretinitis diagnosticados en adultos de 25 a 30 años son manifestación tardía de toxoplasmosis congénitas no diagnosticadas.
Si bien no hay datos locales de incidencia de esta enfermedad, las cifras en países europeos con prevalencia similar a la muestra, representaría entre 1 a 20 de cada 10.000 nacidos.
No tiene síntomas; se detecta con análisis
Como la toxoplasmosis es por lo general asintomática en el adulto, se la detecta a través de pruebas de laboratorio, que muestran la presencia de anticuerpos en sangre (serología), durante el control que se le realiza a la madre en el embarazo.
La detección de la infección de la embarazada permitiría realizar un tratamiento profiláctico. Si la madre es seronegativa se deberá alertar sobre los riesgos de infección, dándole pautas de prevención higiénico sanitarias.
Aún no existe una vacuna
Como no hay vacuna para el mal, es vital saber cuándo se infectó la madre respecto a la concepción, ya que los anticuerpos adquiridos antes del embarazo protegen al feto. Este dato preciso no siempre es fácil de establecer con las técnicas usualmente disponibles. De todos modos con la mejora en los tests diagnósticos (Avidez de las IgG) y el desarrollo de nuevas técnicas, es posible establecer este dato en la mayoría de los casos.
Ha pasado medio siglo desde los primeros estudios de Sabin y Feldman para el diagnóstico de la enfermedad y "la continua evolución científica y técnica ha realizado importantes avances, pero aun no se ha arribado al método ideal (Gold Standard) que provea la información lo suficientemente segura acerca del verdadero status inmunológico de la paciente" según el profesor Ferreira.







