04 Febrero 2004 Seguir en 

Uno de los principales fundamentos de la medicina moderna es que cuanto más temprano el médico detecta la enfermedad, mejor. La prevención ha llegado a ser una estrategia exitosa para muchos males.
Detectar la presión alta, por ejemplo, puede reducir en un tercio el riesgo de un accidente cerebrovascular y en un 20% las graves consecuencias en la enfermedad cardíaca. También identifica los primeros síntomas de diabetes y controlar su azúcar en sangre puede ayudar a reducir de manera significativa las chances de enfermedad cardiovascular o complicaciones tanto renales como neurológicas, y cegueras, entre otras.
Sin embargo, cuando la medicina preventiva (no confundir con el mejoramiento de la calidad de vida) es utilizada sin criterio, es muy difícil que logre provocar algún beneficio.
Prevenir futuras patologías (a través del ejercicio, la buena alimentación u otros prácticas) que puedan ser concebidas por herencia o malos hábitos, siempre es imprescindible. No obstante, hay métodos de diagnóstico que fueron originalmente creados para diseñar una estrategia de tratamiento y que, aunque no sean nocivos para las personas, tampoco aportan mejoras reales en las posibilidades de prevención de determinadas enfermedades. Por eso, es importante que la prevención como cualquier otra área de la atención médica, sea indicada y controlada por los profesionales.
De siglos pasados
La noción de que la enfermedad puede ser prevenida tiene su origen en el movimiento sanitario del siglo XIX, cuando médicos y activistas que luchaban contra la pobreza decidieron mejorar las condiciones de vida de los sectores humildes y redujeron la altísima incidencia de las enfermedades infecciosas.Hoy en día, la medicina preventiva, más sencilla y efectiva, detiene la enfermedad antes de que ocurra, por ejemplo, con la vacunación o alentando a las personas para que mejoren su calidad de vida por medio del ejercicio, la buena alimentación o la erradicación del tabaquismo, el alcohol y el sedentarismo. Todas estas últimas medidas son fundamentales para disminuir el riesgo de cáncer, enfermedad cardiovascular, diabetes y accidentes cerebrovasculares.
No obstante, según proclaman algunos especialistas, surgió en la actualidad una tendencia preocupante. Los médicos tratan a sus pacientes proactivamente con medicamentos para prevenir enfermedades. El doctor Eric Schneider, médico cardiólogo, profesor adjunto de la Facultad de Salud Pública y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, denomina el suceso como "la locura de la prevención".
"Se cree que la medicina tiene el poder de acabar con ciertas enfermedades crónicas y potencialmente amenazadoras de la vida". La intervención tiene mejores resultados cuando la enfermedad es detectada precozmente; antes de que aparezcan los primeros síntomas. Pero, para demostrar que la prevención clínica se debe realizar con juicio y a partir de criterios o análisis que avalen pruebas de una futura enfermedad, el investigador Schneider, estuvo a cargo de un estudio sobre la angioplastia.
Detectar la presión alta, por ejemplo, puede reducir en un tercio el riesgo de un accidente cerebrovascular y en un 20% las graves consecuencias en la enfermedad cardíaca. También identifica los primeros síntomas de diabetes y controlar su azúcar en sangre puede ayudar a reducir de manera significativa las chances de enfermedad cardiovascular o complicaciones tanto renales como neurológicas, y cegueras, entre otras.
Sin embargo, cuando la medicina preventiva (no confundir con el mejoramiento de la calidad de vida) es utilizada sin criterio, es muy difícil que logre provocar algún beneficio.
Prevenir futuras patologías (a través del ejercicio, la buena alimentación u otros prácticas) que puedan ser concebidas por herencia o malos hábitos, siempre es imprescindible. No obstante, hay métodos de diagnóstico que fueron originalmente creados para diseñar una estrategia de tratamiento y que, aunque no sean nocivos para las personas, tampoco aportan mejoras reales en las posibilidades de prevención de determinadas enfermedades. Por eso, es importante que la prevención como cualquier otra área de la atención médica, sea indicada y controlada por los profesionales.
De siglos pasados
La noción de que la enfermedad puede ser prevenida tiene su origen en el movimiento sanitario del siglo XIX, cuando médicos y activistas que luchaban contra la pobreza decidieron mejorar las condiciones de vida de los sectores humildes y redujeron la altísima incidencia de las enfermedades infecciosas.Hoy en día, la medicina preventiva, más sencilla y efectiva, detiene la enfermedad antes de que ocurra, por ejemplo, con la vacunación o alentando a las personas para que mejoren su calidad de vida por medio del ejercicio, la buena alimentación o la erradicación del tabaquismo, el alcohol y el sedentarismo. Todas estas últimas medidas son fundamentales para disminuir el riesgo de cáncer, enfermedad cardiovascular, diabetes y accidentes cerebrovasculares.
No obstante, según proclaman algunos especialistas, surgió en la actualidad una tendencia preocupante. Los médicos tratan a sus pacientes proactivamente con medicamentos para prevenir enfermedades. El doctor Eric Schneider, médico cardiólogo, profesor adjunto de la Facultad de Salud Pública y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, denomina el suceso como "la locura de la prevención".
"Se cree que la medicina tiene el poder de acabar con ciertas enfermedades crónicas y potencialmente amenazadoras de la vida". La intervención tiene mejores resultados cuando la enfermedad es detectada precozmente; antes de que aparezcan los primeros síntomas. Pero, para demostrar que la prevención clínica se debe realizar con juicio y a partir de criterios o análisis que avalen pruebas de una futura enfermedad, el investigador Schneider, estuvo a cargo de un estudio sobre la angioplastia.







