Ante la energía que se agota

"De "La economía del hidrógeno", por Jeremy Rifkin, Paidós, Buenos Aires).

19 Octubre 2002
"En la actualidad está a punto de producirse un cambio igualmente profundo en nuestra forma de emplear la energía. La era moderna ha sido posible gracias a la explotación del carbón, el petróleo y el gas natural. Todos los avances de los dos últimos siglos, sean de naturaleza comercial, política o social, están conectados, de un modo u otro, con el aumento masivo de la energía generado por la quema de combustibles fósiles.
Los antropólogos afirman que la cantidad de energía consumida per cápita en una sociedad de una buena medida de su estadio relativo de desarrollo. Durante los últimos doscientos años, la sociedad occidental ha consumido más energía per cápita que todas las demás sociedades históricas juntas. Disfrutamos actualmente de un estándar de vida sin precedentes y debemos nuestra buena fortuna a los depósitos de hidrocarburos que se generaron hace millones de años. El maná, sí, pero no procedente del cielo, sino de las profundidades de la Tierra.
Por desgracia, todo lo bueno se acaba algún día. Durante mucho tiempo hemos creído ingenuamente que las reservas de petróleo almacenadas en los rincones más oscuros del planeta, si no ilimitadas, al menos sí eran suficientes como para satisfacer todas nuestras necesidades hasta bien entrado el futuro. Cuando la producción de petróleo en Estados Unidos tocó techo en 1970 -el punto en que la mitad de las reservas recuperables habían sido explotadas- los geólogos comenzaron a inquietarse. Sin embargo, mientras el petróleo continuó fluyendo desde otras partes del mundo, el norteamericano medio no dedicó ni un minuto a pensar en el asunto. Hubo que esperar al embargo petrolero de los países árabes, tres años más tarde, para que los norteamericanos, junto con los consumidores de otros países, tomaran conciencia del problema.
Hacer colas de horas en las estaciones de servicio con la esperanza de asegurarse unos litros de gasolina fue una experiencia que dio que pensar a millones de personas. Algunos críticos advirtieron entonces de que pronto nos quedaríamos sin petróleo. Pero no fue eso lo que sucedió. Estados Unidos, con la ayuda de otras naciones y de las principales compañías energéticas, inició una búsqueda frenética de nuevas fuentes de petróleo, y las encontró. Disminuyeron las colas en las estaciones de servicios y la crisis del petróleo amainó. La gasolina circulaba y era más barata que nunca. El mundo retomó su ritmo habitual.
En la actualidad, el petróleo es relativamente barato en los mercados mundiales. Nuestros expertos nos dicen que con el tiempo las reservas de petróleo -y las de gas natural- se agotarán, pero que todavía faltan treinta o cuarenta años para que llegue ese momento, tal vez incluso más; tiempo suficiente para proyectar fuentes alternativas de energía.Pero ¿qué pasaría si de repente le dijeran que las cosas no son exactamente lo que parecían en el tema del petróleo? Imagine que se despierta un día a primera hora y se encuentra con el siguiente titular en el periódico: ?La producción mundial de petróleo toca techo; se espera que en los próximos años se disparen los precios en los mercados mundiales?.
Si la producción mundial de petróleo tocara techo en algún momento de la próxima década, seguido poco tiempo después por el gas natural, ello provocaría una serie de efectos en cadena que podrían llegar a poner en jaque buena parte de nuestro estilo de vida industrial".

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