El servicio militar

Un debate inoportuno para los momentos que vive el país.

19 Octubre 2002
El inoportuno planteamiento sobre una conscripción militar con fines sociales y de contención de la juventud que abandona la educación secundaria, ha provocado un debate y una polémica que no se aviene con las dificultades que atraviesan el país y la sociedad durante el gobierno de transición.
El propio Presidente lo ha reconocido así al afirmar que se trata de otra de las cuestiones reservadas para el futuro, desautorizando con ello manifestaciones del ministro de Defensa y de autoridades militares, por cierto no siempre coincidentes sobre los alcances de esas iniciativas con eco en proyectos parlamentarios. Por otra parte, como suele ocurrir en tiempos preelectorales, en el debate han proliferado declaraciones y posturas ideológicas y oportunistas, así como carentes de información y conocimiento del tema.
Ejemplo de esto último han sido aquellas que, al rechazar la supuesta reimplantación del servicio militar obligatorio desconocen que la ley de voluntariado vigente desde hace siete años no derogó definitivamente la vieja conscripción, a la que podría acudirse si no se cubren las necesidades de personal voluntario. Condición sobre esa alternativa es que las convocatorias del caso deberán contar con aval del Congreso.
En ese aspecto, el de la reserva para asegurar la cobertura de la defensa nacional específicamente militar, la ley 24.449 ha cubierto adecuadamente la emergencia y, por lo tanto, no merece ser discutida, como no sea para perfeccionarla sin abandonar el criterio del voluntariado. Cuestión muy diferente sería una suerte de conscripción bajo la jurisdicción castrense con fines sociales y educativos como la que propone el gobernador de Buenos Aires, cuya organización y objetivos muy poco tienen que ver con la condición y carácter de las Fuerzas Armadas.
En ese orden, el Estado dispone de medios y estructuras de salud y de educación propias de su organización civil cuya eficiencia y periódicas actualizaciones constituyen otra de sus permanentes responsabilidades.
El debate sobre una cuestión insuficientemente conocida y en tiempo tan inoportuno, ha mostrado, por lo demás, algunas paradojas para quienes pretenden incorporar al mismo, resentimientos contra las FF.AA. que la gran mayoría de la sociedad ha superado, como evidencian las encuestas de confianza en las instituciones públicas y no gubernamentales.
Es así como, junto a la satisfacción militar por el voluntariado -más eficiente y vocacional que el servicio compulsivo- aparecen también iniciativas parlamentarias, en las que se advierte la preocupación sobre un aspecto muy significativo que el ruido accesorio de esa polémica desatiende. Se trata del problema de la reserva para atender emergencias de la defensa nacional y que los paises con servicio voluntario o profesional cubren mediante regímenes diversos.
En el caso argentino, a esa cuestión debe agregarse la firme posibilidad de que la mejoría en la situación general de la sociedad reduzca la concurrencia de personal voluntario en número suficiente y con las condiciones necesarias para prestar un servicio tan crítico para la defensa nacional, que hoy exige un mayor grado de capacitación.
Es en ese aspecto, el de la capacitación de los reservistas, donde el eficiente sistema de voluntariado militar con un lustro de práctica muy eficaz, tiene su punto más vulnerable y requiere la mayor atención.

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