28 Diciembre 2003 Seguir en 

Este preciso y eficaz volumen del historiador brasileño Boris Fausto, a mi modesto entender no se agota tan sólo en sus evidentes virtudes particulares. Aunque tiene obviamente un valor en sí mismo, como texto específico, por su panorama y por su desarrollo, con esta edición entre nosotros (traducida por Juan Ferguson) no deja de asumir también otros, acaso no menos trascendentes. Si lo provechoso de nuestras relaciones maduras y amigables con Brasil, en estas especiales circunstancias, se ha hecho ahora evidente para nuestro país como una oportunidad ineludible, no es menos cierto que esa coincidencia (equivocadamente vivida en otros tiempos como competencia) estaba inscripta ya en nuestros orígenes.
En un mundo globalizado por los poderosos, a expensas de voracidades imperiales de viejo y nuevo tipo, que hoy pareciera manifestarse principalmente en la succión financiera, resultaría insensato que la América Latina que habla castellano desdeñara a la otra mitad que se expresa en portugués. Carencias que no son casuales, y que tienen su tiempo. Precisamente la lectura de un libro como este, que a muchos pareciera descubrirnos un mundo nuevo que en realidad estaba a pocos pasos, lo que nos revela igualmente es también la estrepitosa balcanización de nuestras culturas que, siendo parientas cercanas se vieron forzadas a desconocerse: ¿cómo es posible que en nuestra educación se hubiera obviado, no sólo transmitirnos la historia del Brasil sino, lo que es quizá mucho peor, interiorizarnos mutuamente como entes aislados, negarnos la perspectiva de una historia y de un destino común?
Quieran los dioses habernos despertado a tiempo. Y que libros como esta bienvenida Historia concisa del Brasil iluminen el camino que todavía, juntos, en confraternidad y mutuo respeto, la historia espera vernos recorrer. (c) LA GACETA
En un mundo globalizado por los poderosos, a expensas de voracidades imperiales de viejo y nuevo tipo, que hoy pareciera manifestarse principalmente en la succión financiera, resultaría insensato que la América Latina que habla castellano desdeñara a la otra mitad que se expresa en portugués. Carencias que no son casuales, y que tienen su tiempo. Precisamente la lectura de un libro como este, que a muchos pareciera descubrirnos un mundo nuevo que en realidad estaba a pocos pasos, lo que nos revela igualmente es también la estrepitosa balcanización de nuestras culturas que, siendo parientas cercanas se vieron forzadas a desconocerse: ¿cómo es posible que en nuestra educación se hubiera obviado, no sólo transmitirnos la historia del Brasil sino, lo que es quizá mucho peor, interiorizarnos mutuamente como entes aislados, negarnos la perspectiva de una historia y de un destino común?
Quieran los dioses habernos despertado a tiempo. Y que libros como esta bienvenida Historia concisa del Brasil iluminen el camino que todavía, juntos, en confraternidad y mutuo respeto, la historia espera vernos recorrer. (c) LA GACETA
Lo más popular







