28 Diciembre 2003 Seguir en 

Hay lugares que marcan la vida de una persona hasta el punto de navegar por su sangre y por sus sueños. Y en ese tiempo detenido de la contemplación, los pueblos van construyendo historias, sensaciones, paisajes, paisanos que abren las ventanas de la mirada, de la sensibilidad, y se acurrucan en el corazón y en la memoria. Amaicha del Valle se metió hace ya varias décadas en los bolsillos del alma de Gustavo Bravo Figueroa y en el telar del viento fue hilando poemas, madurados con vino patero al calor de la amistad.En la cima de su vida, el legendario presidente de la peña cultural El Cardón, que ha sido uno de los grandes protagonistas de la cultura en Tucumán, da a conocer sus "Visiones de Amaicha del Valle", un libro que conjuga poemas con ensayos sobre la historia de los amaichas, la Cédula Real, el algarrobo sellado, la Pachamama y el vino artesanal, apoyándose en su vasto conocimiento y en sus vivencias personales. También se reproduce la "Tonada para el río Amaicha" -se incluye la partitura-, que llevó a la música Luis Víctor "Pato" Gentilini, uno de los músicos más importantes que desarrolló su talento en Tucumán.
Los textos de Gustavo viajan lentos por el aire como las nubes del valle. "Por esta senda de Amaicha voy caminando silencios, y tras de mí voy dejando huellas de viejos recuerdos. Por esta senda me alejo para acercarme a un olvido, pero el corazón se vuelve en busca del bien perdido. ¿De dónde vendrá esta senda y qué rumbo tomará?, como el destino del hombre, con principio y sin final. Por las sendas de la vida, caminamos sin llegar", filosofa Bravo Figueroa.
El rumor del silencio y del tiempo detenido recorre estas páginas. Algarrobos, chañares, cardones, soledades, senderos, carnavales, distancias, siestas, piedras y pinceladas de un amor alcanzable en otra vida se asientan en los poemas. "Solamente me basta un poco de aire limpio para inventar tu imagen, el rumor de una brisa para escuchar tu voz y un paisaje otoñal para evocar tus ojos.
Solamente me falta una palabra exacta para explicar tu gracia. Tendré que esperar otra vida para estar unidos".
En la memoria de Bravo Figueroa, Amaicha del Valle es un eco desatado que envuelve al lector de este libro en una salamanca de vida, soledad y silencio. (c) LA GACETA
Los textos de Gustavo viajan lentos por el aire como las nubes del valle. "Por esta senda de Amaicha voy caminando silencios, y tras de mí voy dejando huellas de viejos recuerdos. Por esta senda me alejo para acercarme a un olvido, pero el corazón se vuelve en busca del bien perdido. ¿De dónde vendrá esta senda y qué rumbo tomará?, como el destino del hombre, con principio y sin final. Por las sendas de la vida, caminamos sin llegar", filosofa Bravo Figueroa.
El rumor del silencio y del tiempo detenido recorre estas páginas. Algarrobos, chañares, cardones, soledades, senderos, carnavales, distancias, siestas, piedras y pinceladas de un amor alcanzable en otra vida se asientan en los poemas. "Solamente me basta un poco de aire limpio para inventar tu imagen, el rumor de una brisa para escuchar tu voz y un paisaje otoñal para evocar tus ojos.
Solamente me falta una palabra exacta para explicar tu gracia. Tendré que esperar otra vida para estar unidos".
En la memoria de Bravo Figueroa, Amaicha del Valle es un eco desatado que envuelve al lector de este libro en una salamanca de vida, soledad y silencio. (c) LA GACETA
Lo más popular







