28 Diciembre 2003 Seguir en 

Ambientada en la Europa del norte del siglo XII, Camino a Jerusalén introduce al lector en la Edad Media de la mano de Arn, descendiente de un importante linaje escandinavo. Educado por monjes cistercienses, su destino parecía debatirse entre la vida monacal y el llamado a defender la fe de Cristo en Tierra Santa. Sin embargo, a los diecisiete años debió enfrentarse con las intrigas de los pretendientes al trono de una Suecia destrozada por las luchas intestinas y, además, con la encrucijada por el amor de dos hermanas que despertaron su pasión.
Su vida transita, entonces, por espacios típicamente medievales (un monasterio cisterciense, villas feudales, fincas reales) y se halla atravesada por los grandes conflictos políticos de la época (la debilidad del poder real, la eclosión de las guerras feudales, la puja entre el poder local y el ecuménico); por las tensiones religiosas que marcaron el período (irrupción de lo espiritual sobre lo terrenal, la persistencia del paganismo, la Guerra Santa, el accionar de los Templarios, las Cruzadas); y por las nuevas formas de relación social (la servidumbre y el vasallaje).Con una alta carga descriptiva y con una dinámica acorde con la morosidad del ritmo de vida del medioevo, el relato logra cautivar al lector dispuesto a sumergirse en un mundo que -aunque muy lejano- se torna asible gracias a logradas reconstrucciones del sistema de valores, de pensamiento y de la sensibilidad de una época especialmente conflictiva. Se trata, en suma, de una muy buena combinación de literatura e historia.(c) LA GACETA
Su vida transita, entonces, por espacios típicamente medievales (un monasterio cisterciense, villas feudales, fincas reales) y se halla atravesada por los grandes conflictos políticos de la época (la debilidad del poder real, la eclosión de las guerras feudales, la puja entre el poder local y el ecuménico); por las tensiones religiosas que marcaron el período (irrupción de lo espiritual sobre lo terrenal, la persistencia del paganismo, la Guerra Santa, el accionar de los Templarios, las Cruzadas); y por las nuevas formas de relación social (la servidumbre y el vasallaje).Con una alta carga descriptiva y con una dinámica acorde con la morosidad del ritmo de vida del medioevo, el relato logra cautivar al lector dispuesto a sumergirse en un mundo que -aunque muy lejano- se torna asible gracias a logradas reconstrucciones del sistema de valores, de pensamiento y de la sensibilidad de una época especialmente conflictiva. Se trata, en suma, de una muy buena combinación de literatura e historia.(c) LA GACETA
Lo más popular







