Un libro prescindible y otro que vale la pena leer

Por Julia Alessi de Nicolini

28 Diciembre 2003
Ambos libros coinciden, sin duda, en proponer títulos interesantes; pero las coincidencias no van mucho más allá.
Especialmente porque uno de ellos es francamente prescindible y al otro, en cambio, vale la pena leerlo.
En el primero, la distancia entre lo que el título puede sugerir y lo que el texto ofrece es enorme.
Las posibilidades que se abrían de explorar los motivos, los caminos y los riesgos de una experiencia religiosa no fueron aprovechadas. Y ya en la Introducción la cosa queda clara; pues el mismo autor, que afirma que su objetivo es ver "en qué consiste la actual crisis de la Iglesia Católica", achica su perspectiva formulando planteos que no son exactamente "católicos" -en el sentido etimológico del término, o sea "universales"-: porque de lo que trata no es de "la Iglesia" sino del clero; no de la "Iglesia Católica" sino de la Iglesia Católica de los E.E.U.U.; y "la crisis" que se comenta se refiere de modo casi exclusivo a una sola situación crítica: la de los abusos sexuales del clero norteamericano. Frente a un texto con esta temática, sin precisar fuentes en más del cincuenta por ciento de los casos enumerados (¿chismerío?), mencionando sin reparos nombres y apellidos, no puede menos que sospecharse una tendencia "amarillista" que lleva a esta pregunta: ¿no estaremos soportando la búsqueda desalmada de un "éxito" editorial alimentado por la curiosidad morbosa del público lector?Porque, además, en la contratapa -y como para diluir rápidamente la posibilidad de que el provocativo título apuntara hacia otra parte- la nota informativa comienza así: "Los escándalos de abusos sexuales del clero...". En fin... ¿Leerlo?... Sólo para curiosidades especialmente morbosas...
En el segundo de los libros, en cambio, el título cobija textos muy valiosos -sin duda más exigentes con el lector que el criticado más arriba- y que ofrecen lo que de ellos debía esperarse.
Y uno de sus muchos valores es que los autores sean dos "no creyentes" (un psicoanalista y una profesora de filosofía y, además, poeta), un monje budista y un cardenal católico. Y es precisamente el cardenal Martini quien, en el capitulito que cierra el libro, analizando las diferencias entre "entender, comprender y rezar" señala que el rezar agrega a los otros dos modos de asomarse al mundo las experiencias de "la maravilla, el estupor,... el sentido del límite,... la esperanza...". Y agrega: "a todo ser humano se le ofrece la posibilidad de acoger en sí mismo la capacidad de estupor, de reverencia... Una posibilidad que no tiene en cuenta las divisiones en categorías de la fe o la falta de fe". Y aquí también es pertinente citar la nota informativa de esta contratapa, que termina así: "...la voluntad conciliadora de Martini, abierta siempre a la comprensión de las diferencias, va tejiendo un mosaico sugerente para todos los lectores, los que creen y los que no creen". Y es verdad. ¿Leerlo?... Vale la pena. (c) LA GACETA

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