Medios e instrumentos de la escritura

Por Federico Peltzer

28 Diciembre 2003
Si el diccionario define a la paleografía como el estudio de la escritura y signos de los documentos antiguos, esta "primera lección de paleografía" (como reza el subtítulo) va más allá de esa meta, porque constituye una verdadera historia de la escritura, sus comienzos, desarrollo, difusión en copias, luego en libros. Asimismo algunas reflexiones sobre la hora del auge informático. El autor del trabajo sigue la línea de Jean Mallon y procura señalar los pasos de "una disciplina que se configure como una auténtica historia de la cultura escrita" (p. 7). Para ello comienza por caracterizar el método, que es el indiciario, y trata de responder a preguntas que recuerdan los enigmas policiales: en qué consiste el texto examinado; cuándo fue escrito; dónde (en qué zona o lugar); cómo (con qué técnicas); quién lo realizó (a qué ambiente sociocultural pertenecía el ejecutor); para qué fue escrito (finalidad).
El profesor Petrucci enumera las seis categorías de alfabetizados o no que se encuentran en una sociedad. Se ocupa de los intermediarios gráficos, escribas o ejecutores de lo dictado por otros, y puntualiza que el oficio de estos (salvo en Egipto) era considerado opus servile. Estudia la evolución de la escritura desde los primeros tiempos -tallas en piedra, madera u otros materiales- hasta la aparición del libro, primero obra de copistas y, tras la invención de la imprenta, elemento de gran difusión cultural. Señala que, en las sociedades llamadas clásicas, hubo algunas muy lectoras, como la ateniense; otras, refractarias, como la espartana. Subraya asimismo la dificultad de los primeros paleógrafos para descifrar las escrituras antiguas, porque las palabras no estaban separadas por espacios.
Se detiene en los modos y técnicas de escritura, primero a mano y con variados caracteres (como el gótico). En la evolución de los materiales, el paso del pergamino al papel significó un gran progreso, por el abaratamiento y la abundancia de este último. Subraya la labor de algunos humanistas para difundir la escritura: así Petrarca, luego Aldo Manuzio y Pietro Bembo. Destaca la función que durante siglos cumplieron las cartas, sea para comunicar noticias o para concluir negocios, aun entre Estados. Ellas quedan hoy relegadas por el correo electrónico. Además, la computadora ha decretado la muerte del borrador, tan valioso para seguir la evolución de un asunto.
Habla el profesor Petrucci de textos "fuertes" y "débiles". Los primeros han conocido numerosas reproducciones y es seguro que perdurarán; los segundos son aquellos cuya vigencia es ocasional, pero destinados a agotarse en el olvido o la desaparición.
Finaliza con una apreciación pesimista sobre el porvenir de la escritura, por lo menos en forma de libro. Desaparecidos los "memorializadores", "los procesos de transmisión de lo escrito están pasando a manos de mediadores ajenos por naturaleza a los productos de que se ocupan, ante los que son técnicamente analfabetos". Y agrega que, para el mercado informático, en el ámbito específico de la producción y transmisión de lo escrito, el fin no es ya el mensaje sino el rédito. Toda una reflexión para meditar.(c) LA GACETA

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