28 Diciembre 2003 Seguir en 

Alberto Ure, autor, director y docente teatral, buscador incesante de nuevas maneras de hacer y enseñar teatro, vuelca en estos trabajos, seleccionados por María Moreno y prologados por la actriz Cristina Banegas, opiniones sobre diversos aspectos del ámbito teatral porteño.
Para quienes están involucrados en la práctica y la investigación de la actividad escénica esta recopilación de artículos les resultará, como en mi caso, sorprendente, irritante y a la vez apasionante. No descarto que algunos colegas del autor recorran las 388 páginas con permanentes sobresaltos al sentirse descubiertos; y otros, con la euforia que permite la identificación con el discurso que se está leyendo.
Ure propone sacarse la careta, pero, en la mayoría de los casos, quien arranca las máscaras más variadas es él, sin importarle que al desprenderse arrastren pedacitos de piel de quienes las ostentan. Los tonos de su discurso son intensos, desmesurados, corrosivos y hasta revulsivos, ya que se atreve a escribir sin tapujos ni metáforas sobre los entretelones del espectáculo. Al haber sido escritos en distintos momentos de su evolución como artista, que van desde los fechados en 1981 a los de 1997, las opiniones de algunos artículos resultan contradictorias. En el último capítulo, titulado por la editora María Moreno Lo personal, Ure relata hechos de su devenir de teatrista incomparable que van saltando por los años de sus cambios más notables: asistió durante 1966 y 1967 a los cursos de actuación de Carlos Gandolfo; comenzó a dar clases en 1973, año en el que comenzó a trabajar en el proyecto de Casa de muñecas, de Ibsen, que representaron en casas de familia; habla de sus puestas en escena de Atendiendo al Sr. Sloane, de Joe Orton, en 1968, y de Telarañas, de Eduardo Pavlovsky, en 1978; y de su transformación de maestro de teatro en director de psicodrama.
Entremezcla confesiones con agresiones. El mismo reconoce que, a veces, se propuso enseñar lo que no sabía y ataca principios de Stanislavski sin conocerlos en profundidad. Describe sus experiencias de director de vanguardia, ruptura y cambio que intentó desde la puesta más osada, hasta llegar, después de haber rechazado una oferta para dirigir en el Teatro Municipal General San Martín durante el proceso -por ser un teatro del gobierno que destrozó el país-, a dirigir una compañía profesional para una comercial temporada en Mar del Plata.
Algunos capítulos desentrañan, a su feroz manera, aspectos de los actores, autores, críticos, directores y maestros de actuación, mostrando descarnadamente la cocina del teatro, la televisión y otras variantes del espectáculo. Estudios que pueden interesar no sólo a los involucrados sino también a psicólogos, sociólogos, antropólogos y hasta historiadores. Para ejemplificar básteme citar artículos como "Dorrego: en la Comedia Nacional son más crueles que en Navarro", donde ataca la puesta en escena de Poder, apogeo y escándalos del coronel Dorrego, de David Viñas, dirigida por Alejandra Boero; "¿Usted dejaría que su hermana se casara con un brechtiano?"; "Manual de autodefensa para estudiantes de teatro"; "Hay tanta timba en la TV, que resulta abrumadora" y "Si encontrás un método, avisame", cuyos títulos hablan por sí mismos.
El caleidoscópico perfil de Alberto Ure se completa en Anticipación y condena, artículo escrito por María Pía López, fechado en julio de 2003, donde analiza su personalidad y su obra.
Este material de Alberto Ure mereció, hace poco a escasos meses de su publicación, el "Premio Teatro del Mundo 2002-2003 de la Universidad de Buenos Aires al Mejor Libro de Ensayística sobre Teatro". (c) LA GACETA
Para quienes están involucrados en la práctica y la investigación de la actividad escénica esta recopilación de artículos les resultará, como en mi caso, sorprendente, irritante y a la vez apasionante. No descarto que algunos colegas del autor recorran las 388 páginas con permanentes sobresaltos al sentirse descubiertos; y otros, con la euforia que permite la identificación con el discurso que se está leyendo.
Ure propone sacarse la careta, pero, en la mayoría de los casos, quien arranca las máscaras más variadas es él, sin importarle que al desprenderse arrastren pedacitos de piel de quienes las ostentan. Los tonos de su discurso son intensos, desmesurados, corrosivos y hasta revulsivos, ya que se atreve a escribir sin tapujos ni metáforas sobre los entretelones del espectáculo. Al haber sido escritos en distintos momentos de su evolución como artista, que van desde los fechados en 1981 a los de 1997, las opiniones de algunos artículos resultan contradictorias. En el último capítulo, titulado por la editora María Moreno Lo personal, Ure relata hechos de su devenir de teatrista incomparable que van saltando por los años de sus cambios más notables: asistió durante 1966 y 1967 a los cursos de actuación de Carlos Gandolfo; comenzó a dar clases en 1973, año en el que comenzó a trabajar en el proyecto de Casa de muñecas, de Ibsen, que representaron en casas de familia; habla de sus puestas en escena de Atendiendo al Sr. Sloane, de Joe Orton, en 1968, y de Telarañas, de Eduardo Pavlovsky, en 1978; y de su transformación de maestro de teatro en director de psicodrama.
Entremezcla confesiones con agresiones. El mismo reconoce que, a veces, se propuso enseñar lo que no sabía y ataca principios de Stanislavski sin conocerlos en profundidad. Describe sus experiencias de director de vanguardia, ruptura y cambio que intentó desde la puesta más osada, hasta llegar, después de haber rechazado una oferta para dirigir en el Teatro Municipal General San Martín durante el proceso -por ser un teatro del gobierno que destrozó el país-, a dirigir una compañía profesional para una comercial temporada en Mar del Plata.
Algunos capítulos desentrañan, a su feroz manera, aspectos de los actores, autores, críticos, directores y maestros de actuación, mostrando descarnadamente la cocina del teatro, la televisión y otras variantes del espectáculo. Estudios que pueden interesar no sólo a los involucrados sino también a psicólogos, sociólogos, antropólogos y hasta historiadores. Para ejemplificar básteme citar artículos como "Dorrego: en la Comedia Nacional son más crueles que en Navarro", donde ataca la puesta en escena de Poder, apogeo y escándalos del coronel Dorrego, de David Viñas, dirigida por Alejandra Boero; "¿Usted dejaría que su hermana se casara con un brechtiano?"; "Manual de autodefensa para estudiantes de teatro"; "Hay tanta timba en la TV, que resulta abrumadora" y "Si encontrás un método, avisame", cuyos títulos hablan por sí mismos.
El caleidoscópico perfil de Alberto Ure se completa en Anticipación y condena, artículo escrito por María Pía López, fechado en julio de 2003, donde analiza su personalidad y su obra.
Este material de Alberto Ure mereció, hace poco a escasos meses de su publicación, el "Premio Teatro del Mundo 2002-2003 de la Universidad de Buenos Aires al Mejor Libro de Ensayística sobre Teatro". (c) LA GACETA
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