Varias historias breves, entre cómicas y trágicas

Por Gustavo Pablos

28 Diciembre 2003
No son pocos los escritores y críticos que ven en la viñeta uno de los géneros más auspiciosos de la literatura. Sea que se trate de pequeñas cápsulas narrativas, de microclimas poéticos o de ensayos contenidos, tanto por su brevedad como por su intensidad (que hacen posible su circulación en diversos medios y soportes), es posible que estos textos produzcan efectos inesperados: llegar a un público masivo -no únicamente al lector avanzado- pero sin dejar de exhibir los diferentes matices de la lengua (tener una expresión para cada sensación), un requisito preciado de la mejor literatura. Con el antecedente de algunas incursiones de Roberto Arlt, como las Aguafuertes porteñas, y también más atrás en Wilde y Mansilla, en los últimos años es posible rastrear este formato (con diferentes registros y modulaciones) en el abanico creado por algunos de los cuentos de Silvina Ocampo hasta otros, más cercanos, como los de Fontanarrosa.
Con algunas novelas y libros de cuentos que le valieron un merecido reconocimiento (con Fuego a discreción y Ni perros ni gatos obtuvo el Segundo Premio Municipal, mientras que con Oscuramente fuerte es la vida el Primer Premio Municipal y el Premio Club de los XIII), y con dos de sus historias llevadas al cine, Antonio Dal Masetto ha construido con tranquilidad, sin demasiadas pompas, un camino que lo consagra como uno de los más atractivos narradores de la literatura argentina. En su nueva colección de relatos, el autor ingresa en esa tradición informal y presenta una serie de viñetas donde conjuga la habilidad del narrador con años de oficio y la mirada y el oído atentos del cronista periodístico que atraviesa la actualidad y extrae los elementos necesarios para un pequeño relato.
El motivo de fondo de la mayoría de los textos es la crisis argentina de los últimos años, y la destreza de su autor es haber trabajado con esa materia para elaborar una suerte de historia entre cómicas y trágicas, de pocas páginas, que describen algún aspecto de la situación. Reuniones en torno de una mesa del café del Gallego, diversos personajes cuentan y oyen historias sencillas, menudas, pequeñas, en algunos casos propias, otras veces ajenas (como si la distancia geográfica y humana ayudara a encontrar una respuesta a lo cercano y, muchas veces, inexplicable), sobre diversas circunstancias de una vida cotidiana marcada por los conflictos políticos y económicos. En estos testimonios desfilan desde anécdotas y personajes que componen un cuadro preciso de la vida argentina, hasta los argumentos y respuestas generados para contrarrestar los efectos de las condiciones adversas. Entre ellos están las familias que deben recluirse en una sola casa, y buscan la manera de desafiar con ingenio la pérdida de intimidad; el amante de los viajes en taxi que encuentra en la narración de historias una singular forma de pago ante un gremio abierto al trueque; el ocurrente que encuentra una interesante solución para la corrupción en la justicia al relacionar la forma de acoplarse de las liebres de mar y la proliferación de pleitos entre los jueces; el que se toma las vacaciones en un supermercado para reducir gastos y termina encontrando una nueva forma de sociabilidad.
Los relatos presentan un diálogo entre dos o más protagonistas, y configuran un fresco con testimonios y versiones encabalgadas, entre ingeniosas y desopilantes, de la crisis. Por todo esto el último libro de Dal Masetto tiene, entre otros, un doble mérito fundamental: se presenta como suspicaz radiografía de una época que agudiza el ingenio, la capacidad para resistir, las soluciones de las mesas de café, etcétera, pero también revela la destreza especial de este narrador (como también de otros) para intervenir creativamente sobre estas situaciones. La capacidad no sólo para recoger las respuestas espontáneas que flotan en el ambiente y a partir de ahí escribir ficción, sino también proponer respuestas y consuelo desde la misma ficción. (c) LA GACETA

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