07 Diciembre 2003 Seguir en 

Este libro es una autobiografía de José Podestá, "donde no están sólo sus memorias sino también las del Teatro nacional", y a través de las cuales se describe el nacimiento de un sistema teatral que él mismo alumbró.
Desde su nacimiento en Montevideo, el 6 de octubre de 1858, José Podestá hace un recorrido literario por su vida artística, que si bien muestra una versión parcial y subjetiva de los hechos (en algunos momentos haciendo una clara apología de sí mismo), resulta de un importante valor como registro histórico de una época y de los comienzos de nuestro teatro. Efectivamente, si bien a fines del siglo XIX en el Río de la Plata existían representaciones intermitentes, no había teatristas profesionales ni instituciones que se ocuparan de críticas, publicaciones, ni premios, como así tampoco un público constante que permitiera la producción, la circulación y la recepción teatral de manera plena y continua.
Podestá llega por primera vez a Buenos Aires en mayo de 1880 integrando la compañía circense "Rosso-Podestá" que "...comenzó la temporada con buena suerte, pero después de once funciones estalló la revolución y tuvimos que suspender...". Con su circo recorrió gran parte de nuestro país y del Uruguay en carretas, y durante aquellas travesías de artista trashumante soportó temporales, inundaciones y hasta ataques de los indios. En 1893 llega a Tucumán e instala su amplia carpa de lona de 32 metros de diámetro en la calle Muñecas: "...un tal De Paola llegó a la poética ciudad de la caña con una novedad: ?la caja que hablaba? y que no era sino un fonógrafo con cilindros grabados y trompetillas acústicas. De Paola nos invitó para que impresionáramos unos cilindros ante el público... ¡qué sorpresa fue para la multitud vernos cantar ante la caja aquella y comprobar después que, colocándose las trompetillas, volvían a oír lo que antes habíamos cantado! ¡Y pensar que hoy nos aburre soberanamente ese gran invento! ¿No nos pasará lo mismo mañana con la radiotelefonía?...".
Una noche, en una localidad del interior del Uruguay faltó un payaso a la función y "...tuve que hacerlo yo, y combinando un traje adecuado surgió el de ?Pepino el 88?... ¡Quién habría de pensar que con el correr del tiempo sería otro yo, y compañero de tantos triunfos!". El gran Pepino supo conquistar la simpatía del público y al poco tiempo los estribillos de sus canciones se repetían en todas partes.En Podestá pensó Eduardo Gutiérrez cuando buscaba un actor que protagonizara su "Juan Moreira". Los relatos y las anécdotas sobre este personaje y sobre la evolución de la obra desde su estreno como pantomima, hasta llegar a posteriores versiones donde se incorporaban textos, bailes y canciones, constituyen uno de los momentos de mayor interés en estas memorias; puesto que Podestá tiene en cuenta las diferentes estructuras dramáticas que él mismo fue construyendo en el armado del "Texto espectacular" y del que Gutiérrez, autor original del drama, no quiso formar parte. A tal punto llegó el malestar de Gutiérrez para con el teatrista, que no presenció ninguna de las puestas en escenas del "Moreira hablado", tal como Podestá lo define.
"Juan Moreira" marca el fin de la iniciación de la carrera teatral del autor de este libro y el comienzo de su evolución en la gran ciudad. Triunfó en un medio extraño y cuestionador, pero estuvo solo, socialmente apartado. Para los habitantes de la "república de las letras" era un rústico, un ignorante. Lo trataban de "saltimbanqui", "cirquero", "analfabeto".
Podestá nunca renegó de sus orígenes y mucho menos del circo, "...no tener cultura, haber nacido en el circo es mejor porque me ha permitido triunfar sobre las múltiples dificultades, crear algo distinto...".
En el homenaje oficial brindado a José Podestá en 1925, Horacio García Velloso pronunció un elocuente discurso que se reproduce en estas memorias, en el que dice: "...el circo criollo fue la cuna gloriosa donde nació para triunfar la dramática rioplatense. Debía haber sido el circo el continente teatral argentino único. Buscamos, sin embargo, briosamente el perfeccionamiento de nuestro arte escénico en la asimilación de las formas europeas seculares. Si no hubiéramos abominado inconsultamente del circo, si no hubiéramos anhelado la magnificación de nuestra obra cambiando los dos sitios de acción, la pista y el tabladito, por el proscenio tradicional, hoy tendríamos las formas de representaciones dramáticas más originales del mundo...".
Osvaldo Pellettieri, que prologa esta edición de "Medio siglo de farándula", arriesga la idea de que el lector termina teniendo la sensación de que José Podestá es un invento de José Podestá. Hizo "la historia" y la escribió. Es posible que así sea, y que la subjetividad de toda autobiografía esté presente aquí sin disimulos ni eufemismos. Con una pasión desbordante, la misma que lo acompañó toda su vida cuando nuestro teatro era aún muy joven. Y justamente en la aproximación a la juventud de nuestro teatro reside el valor de esta obra.
"...Aquella noche el producido de boletería no alcanzó para pagar el kerosén y las velas del alumbrado... Pero, ¡qué diablos! Bailamos, alegres, riéndonos de la mala suerte y hasta del mal tiempo también.¿Para qué había juventud y vida, entonces...?< ¿Para qué?". (c) LA GACETA
Desde su nacimiento en Montevideo, el 6 de octubre de 1858, José Podestá hace un recorrido literario por su vida artística, que si bien muestra una versión parcial y subjetiva de los hechos (en algunos momentos haciendo una clara apología de sí mismo), resulta de un importante valor como registro histórico de una época y de los comienzos de nuestro teatro. Efectivamente, si bien a fines del siglo XIX en el Río de la Plata existían representaciones intermitentes, no había teatristas profesionales ni instituciones que se ocuparan de críticas, publicaciones, ni premios, como así tampoco un público constante que permitiera la producción, la circulación y la recepción teatral de manera plena y continua.
Podestá llega por primera vez a Buenos Aires en mayo de 1880 integrando la compañía circense "Rosso-Podestá" que "...comenzó la temporada con buena suerte, pero después de once funciones estalló la revolución y tuvimos que suspender...". Con su circo recorrió gran parte de nuestro país y del Uruguay en carretas, y durante aquellas travesías de artista trashumante soportó temporales, inundaciones y hasta ataques de los indios. En 1893 llega a Tucumán e instala su amplia carpa de lona de 32 metros de diámetro en la calle Muñecas: "...un tal De Paola llegó a la poética ciudad de la caña con una novedad: ?la caja que hablaba? y que no era sino un fonógrafo con cilindros grabados y trompetillas acústicas. De Paola nos invitó para que impresionáramos unos cilindros ante el público... ¡qué sorpresa fue para la multitud vernos cantar ante la caja aquella y comprobar después que, colocándose las trompetillas, volvían a oír lo que antes habíamos cantado! ¡Y pensar que hoy nos aburre soberanamente ese gran invento! ¿No nos pasará lo mismo mañana con la radiotelefonía?...".
Una noche, en una localidad del interior del Uruguay faltó un payaso a la función y "...tuve que hacerlo yo, y combinando un traje adecuado surgió el de ?Pepino el 88?... ¡Quién habría de pensar que con el correr del tiempo sería otro yo, y compañero de tantos triunfos!". El gran Pepino supo conquistar la simpatía del público y al poco tiempo los estribillos de sus canciones se repetían en todas partes.En Podestá pensó Eduardo Gutiérrez cuando buscaba un actor que protagonizara su "Juan Moreira". Los relatos y las anécdotas sobre este personaje y sobre la evolución de la obra desde su estreno como pantomima, hasta llegar a posteriores versiones donde se incorporaban textos, bailes y canciones, constituyen uno de los momentos de mayor interés en estas memorias; puesto que Podestá tiene en cuenta las diferentes estructuras dramáticas que él mismo fue construyendo en el armado del "Texto espectacular" y del que Gutiérrez, autor original del drama, no quiso formar parte. A tal punto llegó el malestar de Gutiérrez para con el teatrista, que no presenció ninguna de las puestas en escenas del "Moreira hablado", tal como Podestá lo define.
"Juan Moreira" marca el fin de la iniciación de la carrera teatral del autor de este libro y el comienzo de su evolución en la gran ciudad. Triunfó en un medio extraño y cuestionador, pero estuvo solo, socialmente apartado. Para los habitantes de la "república de las letras" era un rústico, un ignorante. Lo trataban de "saltimbanqui", "cirquero", "analfabeto".
Podestá nunca renegó de sus orígenes y mucho menos del circo, "...no tener cultura, haber nacido en el circo es mejor porque me ha permitido triunfar sobre las múltiples dificultades, crear algo distinto...".
En el homenaje oficial brindado a José Podestá en 1925, Horacio García Velloso pronunció un elocuente discurso que se reproduce en estas memorias, en el que dice: "...el circo criollo fue la cuna gloriosa donde nació para triunfar la dramática rioplatense. Debía haber sido el circo el continente teatral argentino único. Buscamos, sin embargo, briosamente el perfeccionamiento de nuestro arte escénico en la asimilación de las formas europeas seculares. Si no hubiéramos abominado inconsultamente del circo, si no hubiéramos anhelado la magnificación de nuestra obra cambiando los dos sitios de acción, la pista y el tabladito, por el proscenio tradicional, hoy tendríamos las formas de representaciones dramáticas más originales del mundo...".
Osvaldo Pellettieri, que prologa esta edición de "Medio siglo de farándula", arriesga la idea de que el lector termina teniendo la sensación de que José Podestá es un invento de José Podestá. Hizo "la historia" y la escribió. Es posible que así sea, y que la subjetividad de toda autobiografía esté presente aquí sin disimulos ni eufemismos. Con una pasión desbordante, la misma que lo acompañó toda su vida cuando nuestro teatro era aún muy joven. Y justamente en la aproximación a la juventud de nuestro teatro reside el valor de esta obra.
"...Aquella noche el producido de boletería no alcanzó para pagar el kerosén y las velas del alumbrado... Pero, ¡qué diablos! Bailamos, alegres, riéndonos de la mala suerte y hasta del mal tiempo también.¿Para qué había juventud y vida, entonces...?< ¿Para qué?". (c) LA GACETA







