Un académico hizo su carrera en sitios inhóspitos del mundo

El doctor Martino despliega su sapiencia en el Hospital Muñiz, rodeado por jóvenes discípulos

03 Diciembre 2003
El académico Olindo Martino trabajó durante 13 años con las tribus aborígenes del norte argentino en su lucha por llevar un poco de alivio a los más desamparados, y desarrolló su carrera en los lugares más inhóspitos del planeta.
Martino tiene 73 años y el ímpetu de un muchacho de 20, el mismo que lo impulsó durante sus más de 50 años de carrera como médico tropicalista. Tiene la mirada profunda de quien ha visto demasiado y conoce los recovecos del espíritu humano, así como las más aberrantes miserias del hombre.
Durante su infatigable deambular por las regiones más paupérrimas y olvidadas de nuestro país, Martino estuvo expuesto a múltiples enfermedades: cólera, Mal de Chagas, tifus, lupus, viruela..., y la lista sigue.
Por sus cualidades profesionales y humanas, así como por el prestigio que tiene entre sus colegas, se busca a través de las vivencias de este notable profesional, honrar a todos los médicos que hoy celebran su Día. Nuestro entrevistado ha desarrollado su especialización en la misma área que el doctor Carlos Finlay, en cuyo honor se conmemora cada 3 de Diciembre el Día del Médico.

Luchó contra el desamparo
Hoy, al igual que desde hace medio siglo, el profesor Olindo Martino despliega su sapiencia en el Hospital Muñiz de la Capital Federal, rodeado por jóvenes discípulos de los que habla con marcado orgullo. Es, también, miembro de la Academia Nacional de Medicina.
Humanista e idealista a ultranza, sigue viviendo su profesión con la misma pasión de los comienzos, que lo encontraron en el norte argentino luchando por llevar un poco de alivio a los tobas, wichis y guaraníes. "Allí conocí, aprehendí, sufrí y percibí la pobreza. En aquellas regiones desoladas y de difícil acceso, durante 13 años de actividad rural, no tuve otra alternativa que adaptar mis conocimientos médicos a un sinnúmero de situaciones ecológicas, folclóricas y etnoculturales que excedían mi mochila cultural".
"Tuve entonces que asimilar la doctrina vernácula, única manera de ser aceptado por aquellas comunidades aborígenes y lograr así interpretar su histórica y trágica exclusión social, como también comprender aquel ancestral dolor físico y tribal. Fueron años de tarea ardua junto con el grupo humano interdisciplinario que me acompañaba en mis viajes de reconocimiento sanitario en los asentamientos aborígenes de Salta, Jujuy, Formosa, Chaco y Misiones".
"Además de médico había que saber veterinaria, ecología, bioclimopatología, epidemiología, estadística o matemáticas biológicas, parasitología, microbiología, antropología médica...para entender por qué surgía un mal en ese contexto", recuerda.

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