30 Noviembre 2003 Seguir en 

"Quiero estar en su antología y no pienso ahorrar una sola gota de sangre". Con esta frase, un desquiciado escritor se presenta, mediante una carta, ante el editor de una próxima recopilación de cuentos policiales. José Pablo Feinmann logra con su libro "El cadáver imposible" una vuelta de tuerca humorística y perspicaz a los géneros del horror y del suspenso.
El narrador que Feinmann presenta cumple con su palabra. A lo largo de las páginas se suceden crímenes tremendos a manos de la protagonista, la pequeña Ana. Una niña que tiene la virtud de construir muñecas casi perfectas. El libro comienza con una escena espantosa: la criatura asesina a su madre y a su fugaz amante, al encontrarlos sobre la mesa de la cocina. El deseo del escritor de alcanzar la fama con su relato lo lleva a combinar terribles homicidios con bizarras descripciones de personajes y de escenarios. La ironía con que el narrador se dirige al editor demuestra -según él mismo asegura- que estamos ante la presencia de una mente superior, que está llamada a tener un lugar especial en la historia.
Feinmann, además de escritor, es un especialista en cine (tiene en su haber varios guiones); por eso no sorprende que honre en esta novela a películas como Frankenstein o Carrie. Hasta el final del libro, en el que la realidad y la ficción terminan de cruzarse irremediablemente, la identidad del escritor permanece celosamente oculta.
Feinmann sostiene que lo más meritorio del relato son la locura y las fantasías que van envolviendo al narrador, cuya única intención, afirma, es seducir y deslumbrar al editor para lograr lo que tanto desea. Tanto empeño pone en su obra que ya antes de la mitad considera que en realidad se merece una novela para él sólo, y no ser parte de una simple recopilación. Por supuesto, la obra deberá ser llevada al cine. La mayor parte de la novela transcurre en un reformatorio para menores, donde la pequeña Ana sufre las peores humillaciones, lo mismo que sus compañeras. Desde allí, y ante las circunstancias que le tocan vivir, urde un plan macabro para terminar con quienes le han hecho daño. Y no ahorrará sangre, tal como prometió su creador. Feinmann saltó a la fama en 1991 con "Los últimos días de la víctima", la novela que lo puso a consideración del público. Desde entonces publicó ensayos, guiones, cuentos cortos y novelas.
En "El cadáver imposible", el narrador asegura: "yo le escribo para mentirle". No deja de tener razón el escritor, aunque al final uno no termina de saber si está en presencia de un verdadero mitómano o de un peligroso asesino serial, con aires de literato. (c) LA GACETA
El narrador que Feinmann presenta cumple con su palabra. A lo largo de las páginas se suceden crímenes tremendos a manos de la protagonista, la pequeña Ana. Una niña que tiene la virtud de construir muñecas casi perfectas. El libro comienza con una escena espantosa: la criatura asesina a su madre y a su fugaz amante, al encontrarlos sobre la mesa de la cocina. El deseo del escritor de alcanzar la fama con su relato lo lleva a combinar terribles homicidios con bizarras descripciones de personajes y de escenarios. La ironía con que el narrador se dirige al editor demuestra -según él mismo asegura- que estamos ante la presencia de una mente superior, que está llamada a tener un lugar especial en la historia.
Feinmann, además de escritor, es un especialista en cine (tiene en su haber varios guiones); por eso no sorprende que honre en esta novela a películas como Frankenstein o Carrie. Hasta el final del libro, en el que la realidad y la ficción terminan de cruzarse irremediablemente, la identidad del escritor permanece celosamente oculta.
Feinmann sostiene que lo más meritorio del relato son la locura y las fantasías que van envolviendo al narrador, cuya única intención, afirma, es seducir y deslumbrar al editor para lograr lo que tanto desea. Tanto empeño pone en su obra que ya antes de la mitad considera que en realidad se merece una novela para él sólo, y no ser parte de una simple recopilación. Por supuesto, la obra deberá ser llevada al cine. La mayor parte de la novela transcurre en un reformatorio para menores, donde la pequeña Ana sufre las peores humillaciones, lo mismo que sus compañeras. Desde allí, y ante las circunstancias que le tocan vivir, urde un plan macabro para terminar con quienes le han hecho daño. Y no ahorrará sangre, tal como prometió su creador. Feinmann saltó a la fama en 1991 con "Los últimos días de la víctima", la novela que lo puso a consideración del público. Desde entonces publicó ensayos, guiones, cuentos cortos y novelas.
En "El cadáver imposible", el narrador asegura: "yo le escribo para mentirle". No deja de tener razón el escritor, aunque al final uno no termina de saber si está en presencia de un verdadero mitómano o de un peligroso asesino serial, con aires de literato. (c) LA GACETA







