El GPS, un artefacto que nos informa dónde estamos parados

Por Jorge Estrella

30 Noviembre 2003
El GPS es un pequeño artefacto que permite la ubicación precisa, en nuestro planeta, de quien lo emplea. Digamos que usted está extraviado en las sierras cordilleranas, enciende esta miniatura que captura señales satelitales y una pantalla le entrega, con un margen de error de 15 metros sobre un mapa de la zona, su lugar en la Tierra. La invención es producto militar norteamericano y entregado más tarde para su producción y venta masivas. Montañistas, militares, narcotraficantes, terroristas, cartógrafos, entre tantos otros, lo emplean hoy como Colón a la brújula que le permitió llegar a estas tierras.Propongo este sencillo ejemplo para dar contenido a la vasta fraseología genérica del libro que comento. El autor sostiene que "es de la tecnología de donde proviene hoy uno de los más poderosos impulsos hacia la homogeneización, y es desde la diferencia y pluralidad cultural como la uniformación tecnológica está siendo desenmascarada y enfrentada" (p. 177).
De inspiración salvacionista, el volumen se precia de analizar "los procesos de imposición y dependencia, de dominación, pero también de resistencia, de resemantización y rediseño" (p. 177). El autor lamenta que hasta en nuestras humildes ciudades latinoamericanas "se comienza a sentir una necesidad compulsiva de microcomputadoras y videograbadoras, de videotextos y de telejuegos" (p. 179). Todo ello fruto perverso de la conspiración capitalista, desde luego: "Mi hipótesis es que en América Latina la imposición acelerada de esas tecnologías ahonda el proceso de esquizofrenia entre la máscara de modernización, que la presión de los intereses transnacionales realiza, y las posibilidades reales de apropiación e identificación cultural" (p. 178). Alarma al señor Martín-Barbero que "cualquiera de estas tecnologías-satélites, bancos de datos, redes computarizadas de información, etcétera, rebasa el nivel de lo nacional... porque lo que esta cuestión nos plantea no es la mera actuación de las transnacionales o del omnisciente y ubicuo imperialismo" sino algo mucho peor: se trataría de un "proyecto de nueva sociedad" que procura la "abolición de lo político y su reemplazo por una tecnología social que transforma la organización del poder" (p. 180). En casi 500 páginas (innecesariamente abundantes) se condena este escenario "de la desestructuración de las comunidades y de la fragmentación de la experiencia, de la pérdida de la autonomía de lo cultural y la mezcolanza de las tradiciones..." (p. 208).
Como se notará, el autor recorre el trillado camino de casi todas las llamadas "ciencias sociales": el camino de quienes hace apenas dos décadas propiciaban la globalización de la transnacional del materialismo marxista-leninista como única cultura posible y que, luego de caído el muro de Berlín, dieron una vigorosa voltereta hacia el idealismo "multiculturalista", se convirtieron en las madres Teresa de los derechos humanos (pese a haberlos aplastados juiciosamente cada vez que llegaron al poder) y, atorados usuarios de las nuevas tecnologías, les reprochan su perversidad homogeneizadora.
El atractivo asunto de cómo evolucionan las sociedades actuales confrontadas al adelanto científico-técnico queda intocado desde las ideologías empleadas para interpretarlo. A la mayor parte de los intelectuales dedicados a las "ciencias sociales" bien les vendría contagiarse de la precisión asombrosa con que el GPS informa dónde estamos parados.(c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios