Resonantes y discordantes

Por Carlos Garbison

30 Noviembre 2003
La expresión "inteligencia emocional" fue usada por primera vez en 1990, en artículos publicados en la prensa norteamericana por Peter Salovey y John Mayer, catedráticos de las universidades de Yale y New Hampshire, respectivamente. Estos investigadores la definían como "una forma de inteligencia social que implica la habilidad para dirigir los sentimientos propios y las emociones de los demás, saber discriminar entre ellos y usar esta información para guiar el pensamiento y la propia acción". Pero fue Daniel Goleman, autor del best seller "Inteligencia Emocional", editado algunos años más tarde, el que instaló este término en el vocabulario de decenas de millones de personas en todo el mundo, y quien patentó una serie de polémicas teorías sustentadas sobre el desarrollo conceptual de esta particular variante de inteligencia, que aglutina términos aparentemente contradictorios. Sus tesis sostienen que el coeficiente intelectual, por más alto que sea, no puede ser aprovechado si no es combinado con un buen "coeficiente emocional", que comprende cualidades indispensables para el éxito, como la aptitud social, la confianza, el autocontrol, el optimismo y la perseverancia. Goleman reaparece en este libro, en compañía de otros autores, analizando la aplicación de esta especia de inteligencia al campo de la administración de empresas.
Los diagnósticos y las conclusiones a las que se arriba en este trabajo se apoyan en estudios estadísticos que consignan las características predominantes de un grupo de empresarios exitosos, elaborados en centros de investigación de las universidades norteamericanas de Pensilvania, Case Western Reserve y Rutgert, donde tienen sus cátedras los autores del volumen. Los diversos casos analizados se ilustran en ejemplos y en anécdotas. En una de ellas se narra la forma en que el director de una empresa financiera afrontó la muerte de un importante número de sus empleados en los atentados a las Torres Gemelas. El ejecutivo les exigió a sus dependientes que asistieran a sus oficinas a los pocos días de la tragedia, pero no para trabajar, sino para expresar sus sentimientos de consternación a través de e-mails, informes internos y charlas. Según apuntan los autores, esto consolidó la "cultura organizacional" y se tradujo en una mejora sustancial de la rentabilidad.El "líder resonante", según afirman los autores, es aquel que sabe despertar, de manera natural, su pasión por el trabajo, y transmitirla a su entorno, induciendo a quienes lo rodean a realizar sus tareas en forma eficaz. Su antagonista es el "líder discordante", que es quien genera un mal clima social, la desunión y la desmotivación de sus subordinados.
Este libro es, en definitiva, uno de esos textos híbridos que mezclan la psicología, la autoayuda y el management; y que generan reacciones enfrentadas. Por un lado están los infinitos aspirantes a empresario (una reciente encuesta revela que es la actividad más valorada por los argentinos), que son sus devotos compradores y quienes colocan estos textos en los primeros puestos de las listas de best sellers. Por otro, quienes rechazan a priori estos cruces disciplinarios por considerarlos carentes de toda apoyatura científica. Aquí encontramos a los economistas y a los psicólogos ortodoxos, a los intelectuales y a los científicos en general (probablemente a muchos de los lectores de estas páginas). Creo que es posible buscar una posición intermedia para poder juzgarlos sin tanto apasionamiento. Evidentemente no se trata de tratados científicos que exponen exhaustivamente sus tesis y sus fundamentos (no pretenden serlo por otra parte) ni tampoco compendios de fórmulas mágicas e infalibles para transformarse en millonario. Son libros de divulgación, escritos en un lenguaje llano y con ejemplos con los que el lector común puede identificarse fácilmente. Intentan brindar algunas claves orientativas para trazar un camino potencialmente fructífero para quienes buscan alcanzar arduas metas en el competitivo mundo de las empresas. Hay que reconocer que muchas de las frases recurrentes en este tipo de literatura son claramente efectistas; pero también que muchos de sus consejos son, a pesar de su simplicidad, indudablemente efectivos. (c) LA GACETA

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