Imprescindible historia del teatro en Buenos Aires

Por Juan Antonio Tríbulo

30 Noviembre 2003
En LA GACETA Literaria del 13-10-2002 comentamos, a partir de la publicación del volumen II de esta Historia del Teatro Argentino en Buenos Aires, cuya planificación prevé completarse en VII tomos, que la edición había comenzado en 2001 con el volumen V; e informamos que, si bien conforman un relevamiento histórico global y sistemático cuyo Plan General -que da cuenta de un Modelo de Periodización del Teatro Argentino en Buenos Aires- figura en todos los tomos, cada uno es independiente, pues completa, en sí, una etapa de ese modelo.Osvaldo Pellettieri, autor del Modelo de Periodización, dirige un equipo de investigadores de la UBA que lleva adelante esta ardua y rigurosa tarea, en cuanto al relevamiento de datos, análisis de las puestas en escena y de los textos dramáticos, cronología de estrenos, su recepción, bibliografía, índices onomásticos y redacción de tópicos específicos. Sin embargo, en esta entrega la mayoría de los artículos están firmados por Pellettieri y, en cuanto a esto, es inevitable hacer referencia a la edición de su texto Una historia interrumpida, Teatro Argentino Moderno (1949-1976), (Galerna, 1997), que es "en su base estructural la tesis de doctorado presentada ante la Facultad de Filosofía y Letras defendida en agosto de 1996", ya que allí hace público, por primera vez, ese Modelo de Periodización y marca las grandes líneas a historiar del período 1949-1976, que coincide exactamente con el que desarrolla el presente volumen.
Para quienes hemos vivido esta etapa del teatro en Buenos Aires, muchas veces como espectadores y -en mi caso- otras pocas desde un escenario, es imposible dejar de involucrarnos en su lectura, imprimiéndole a esta un ritmo "voraz", para coincidir o disentir con las apreciaciones, pero de ninguna manera quedar ajenos a lo que se describe, analiza y valora. También será imprescindible para todo estudioso del devenir del teatro, y atractiva para quienes vivieron esa etapa desde el hacer teatral de las provincias, pues los estrenos de textos extranjeros fundamentales (La muerte de un viajante (1950) y Panorama desde el puente (1956), de Arthur Miller; Madre Coraje (1954), de Bertolt Brecht; Esperando a Godot (1956), de Samuel Beckett y Raíces (1964), de Arnold Wesker) y los nacionales que implican puntos de inflexión y progresión en las poéticas de los dramaturgos y los procedimientos en la puesta en escena y la actuación (Soledad para cuatro (1961), de Ricardo Halac; Historias para ser contadas (1956), de Osvaldo Dragún; Nuestro fin de semana (1964), de Roberto Cossa; La fiaca (1967), de Ricardo Talesnik; El campo (1968), de Griselda Gambaro y El señor Galíndez (1973), de Eduardo Pavlovsky), por nombrar algunos de los textos que fueron estrenados luego en Tucumán, por Nuestro Teatro, el Teatro Estable o el Universitario, lo que corrobora la relación estrecha que existe entre los centros de producción teatral del país con lo que sucede en Buenos Aires.
La Segunda Modernidad -siempre según el modelo propuesto por Pellettieri- se subdivide en dos partes. La primera trata sobre la continuidad del microsistema teatral de la Primera Modernidad (1949-1960). Se inicia con un artículo de Laura Mogliani sobre el campo teatral y las instituciones oficiales durante y después del peronismo, que enmarca social y políticamente el período, aportando documentos y datos no demasiados conocidos hasta ahora. Para esta primera parte se han seleccionado y caracterizado, a su vez, tres subsistemas: continuidad del Teatro Independiente, que desarrolla la actividad de este movimiento, iniciado por Leonidas Barletta con su Teatro del Pueblo (1930), deteniéndose en detallar sólo tres de los grupos que en esta etapa se destacan: La Máscara, Nuevo Teatro y Fray Mocho; continuidad del Teatro Profesional Culto, que incluye un estudio sobre las compañías y los actores profesionales -a Luis Sandrini se le dedica un apartado especial-, y sobre el teatro oficial, comprendiendo en este capítulo a la Comedia Nacional y al Teatro Municipal de la Ciudad; y la continuidad del microsistema Premoderno.
La segunda parte se refiere al microsistema de la Segunda Modernidad Teatral Argentina (1960-1976), con sus subfases de Ruptura y Polémica (1960-1967), donde se registra el realismo reflexivo, la neovanguardia del Di Tella, las propuestas absurdistas de Griselda Gambaro y la sonada polémica entre absurdistas y realistas; y de Intercambio entre la neovanguardia y el realismo reflexivo (1967-1976), período en el que, además de los textos del absurdo referencial de Gambaro y Eduardo Pavlovsky, se presentan como emergentes los de Ricardo Monti, considerado un autor singular.
Así como el Modelo de Periodización, las caracterizaciones y las denominaciones de las distintas fases y subfases son propuestas originales de Osvaldo Pellettieri, director de esta Historia, los recortes, inclusiones y exclusiones de textos, autores, actores, directores y maestros de actuación dependen de una rigurosa selección, sustentada en el criterio de historiar lo emergente, lo paradigmático, lo que denota un cambio, modificación o avance en cualquiera de los agentes antes mencionados. Se podrá estar o no de acuerdo con la selección y los recortes, o con las designaciones y caracterizaciones, pero es indudable que las precisiones y normativas son esclarecedoras y didácticas, y que la visión de conjunto que ofrece este volumen (con sus más de 600 páginas, insertado a su vez en el gran compendio de la Historia del Teatro Argentino en Buenos Aires, de la que se esperan nuevas entregas) aporta un valioso e indispensable material para comprender el teatro de nuestro país, sus orígenes, su evolución y su riqueza, en todas sus facetas: textos, puestas en escena y recepción, y enmarcado por su inseparable relación con los hechos políticos y sociales que lo condicionan. (c) LA GACETA

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