La breve historia de un proyecto de "República"

Por Federico Peltzer

30 Noviembre 2003
El historiador y periodista Carlos Páez de la Torre dirige la colección Nuestros Clásicos, llamada a rescatar obras de interés difícilmente reeditadas por el mercado comercial. Ellas constituyen un aporte para la reconstrucción del pasado, a veces poco o mal conocido.
En el presente se trata de la obra del poeta e historiador Ricardo Jaimes Freyre, nacido en el consulado de Bolivia en Tacna, en 1868. Pasa revista Páez de la Torre a los principales acontecimientos de su vida, ligada durante largos períodos a nuestro país (aquí murió, en 1933). El nombre del poeta autor de Castalia bárbara y Los sueños son vida está indisolublemente unido al modernismo y a figuras como Rubén Darío y Leopoldo Lugones. Con ellos fundó la Revista de América, desde la cual difundieron el movimiento y su estética. Además, Jaimes Freyre dedicó varios libros a la historia de Tucumán, provincia en la que se afincó por años y donde desempeñó importantes funciones públicas y docentes. El libro motivo de este comentario fue editado en 1911, con el sello de Coni. Procede a esta reedición un prólogo muy útil para el lector, no sólo en cuanto ordena y aclara los acontecimientos que serán motivo de la Historia, sino acerca del carácter precursor de la obra, en parte rectificado o completado por investigaciones posteriores.
Jaimes Freyre procura sin duda reivindicar la figura del general Bernabé Aráoz, soldado de la Independencia apreciado por San Martín. No pocos denigraron su figura, mostrándolo como un déspota anárquico y ambicioso, empeñado en reunir bajo su mando, en una república independiente, a las provincias de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca. De hecho tal república llegó a constituirse en 1820, mediante la sanción de un congreso que también redactó una constitución hoy perdida. Comunicó esa decisión a Buenos Aires, presa de la anarquía tras la derrota de Cepeda; pero, como subraya el historiador, el propósito de los congresales y de Aráoz no era la total independencia sino regirse por sus propias normas hasta que un congreso federativo agrupara a las provincias enfrentadas.
El proyecto tuvo breve duración. Desvinculadas Santiago del Estero y Catamarca (aquella en poder de Ibarra), sobrevinieron luchas interminables y múltiples levantamientos que instalaron y depusieron gobiernos. Aráoz gobernó con equidad y con moderación, hasta que en un conflicto con Salta cayó prisionero. Devuelto a las nuevas autoridades tucumanas, fue fusilado en circunstancias nada claras. Se consumó así una injusticia con un militar y un ciudadano que siempre sirvió a su patria y a su provincia.
Lo dicho apenas esboza el interesante contenido de este libro, fiel reflejo de la turbulenta historia de nuestro país, rica tanto en hombres bienintencionados como en díscolos, en armonías propuestas y en sangre derramada. (c) LA GACETA

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