Marcado de pautas para las críticas de espectáculos

Por Federico Türpe

09 Noviembre 2003
La crítica a los críticos es quizás la instancia definitiva en la evolución de las secuencias periodísticas. Es la última palabra, el enjuiciamiento final, y por ello debe ser el análisis más preciso de la cadena informativa.
Es lo que ocurre en este caso, donde se comentan cinco críticas de espectáculos seleccionadas por la Academia Nacional de Periodismo, durante el certamen "Premios a la Creatividad 2002".
Antes de hacer una valoración de contenido acerca de los trabajos ganadores, vale destacar la composición federal de las distribuciones, a sabiendas de las ventajas numéricas de la producción porteña por sobre la de las provincias, aspecto que la misma Academia subraya en esta publicación. Santa Fe, Mar del Plata, Capital Federal, Tucumán y Capital Federal fue el orden de mérito y geográfico con que se distribuyeron las recompensas.
El primer premio le correspondió al periodista santafesino Estanislao Giménez Corte por su trabajo "Un mago de la palabra, sin artificios". Allí se analiza una presentación del multifacético creador uruguayo Leo Maslíah en el Paraninfo universitario de la ciudad de Santa Fe, en una crónica de redacción casi exquisita, enriquecedora en lo cultural y diferente en el planteo al que estamos habituados dentro del subgénero "espectáculo".
Giménez Corte se sirve de Maslíah para cocinar un verdadero manifiesto en favor del arte del trabajo y del talento y en contra del mediocre show business, del humor chabacano y burdo, lamentablemente mucho más difundido en la última década, pero sin abandonar su obligación periodística, que es informar lo importante de lo que ha presenciado. Sin embargo, y a pesar de haber cumplido con su tarea, a tal punto es consciente de su desplazamiento dentro de las pautas típicas de la crónica periodística que al final de su trabajo reconoce sin falsa humildad que "conviene dejar para plumas más brillantes la reconstrucción textual de ciertos hechos y personajes...".
Los jurados Fermín Vévre (presidente), Enriqueta Muñiz, Napoleón Cabrera, Enrique Oliva y Bartolomé de Vedia le concedieron el segundo lugar al marplatense Lucas Rimoldi por su trabajo "Alejandra Pizarnik y un teatro acústico o de puras sonoridades". Se trata de la más clásica de las cinco críticas. Rimoldi realiza un paneo ordenado de la puesta con descripciones técnicas detalladas, y aborda una interpretación psicoanalítica de la investigación escénico-acústica que pretende la directora Rica Cosentino, a partir de los silencios y los sonidos, el tiempo y el espacio y los significantes que se enredan y desenredan entre los poemas de Pizarnik y la interpretación de Cosentino y de los actores.La crítica "Desde el cordel" del porteño Diego Miguel Altabás consiguió el tercer premio de la Academia. La más breve de las crónicas es casi un poema que va dibujando la irrupción de decenas de personajes surrealistas en una calle del tanguero barrio de Barracas. A Altabás le sobra talento descriptivo y sensibilidad para pincelar la magia del teatro callejero, que entre el grotesco y el absurdo y "con una pizca de realismo mágico", colorea una atmósfera maravillosa.
Algo similar ocurre con la primera mención especial, que fue para la tucumana Martina Delacroix; quizás el mayor logro de la autora consiste en haber tejido un relato superlativo sobre la base de una puesta teatral limitada como es "Venecia", de Jorge Accame. Incluso, Delacroix, con su trabajo "Simple como helado de vainilla", le aporta valor agregado a la obra, al realizar una fiel y sabrosa descripción de la fibra más pura del ser tucumano, rasgo que se disfruta en el texto pero no en la acción que dirige Víctor Hugo Cortés.
Otro porteño, Sergio Wolf, se quedó con la segunda mención especial. "Lejos, demasiado cerca", comenta el ciclo de cine "Clásicos Restaurados", que se realizó en el Malba, en Buenos Aires, en algún momento de 2002. La primera virtud de Wolf, tal vez, es el apasionamiento que siente por los filmes y cómo logra transmitirlo. La segunda, imprescindible en un crítico de arte, es que se nota que el autor sabe bastante de lo que escribe, lo que sin duda contenta a cualquier lector, quien se siente respetado cuando le ofrecen información de calidad.
Con su veredicto, la Academia señala dos claros lineamientos periodísticos a los colegas y también, por qué no, a los lectores analíticos. Uno, el que se desprende de la selección temática de los trabajos dentro del subgénero espectáculo. Se eligieron notas, en general, sobre representaciones con cierta profundidad y complejidad, que tienen algo que decir, en franca oposición a la frivolidad pasatista y chata, de ribetes cada vez más televisivos, que empapa muchas publicaciones actuales. Y dos, el de haber seleccionado crónicas con un estilo narrativo enriquecido, descollante, que rozan lo literario, también inusual en las redacciones que hoy se leen, por demás simplistas, pobres y ligeras, que no cultivan ni asombran a los lectores. (c) LA GACETA

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